martes, 26 de mayo de 2015

CORONEL MANUEL OLAZÁBAL Para San Martín: su hijo. Fue un “Heroico Defensor de la Nación”

CORONEL MANUEL OLAZÁBAL Para San Martín: su hijo. 

Fue un “Heroico Defensor de la Nación”
 



Manuel de Olazábal (Buenos Aires, 1800 - íd., 1872) militar argentino que participó en la guerra de independencia y las guerras civiles de su país, llegando al grado de coronel.

Cuando creó el Cuerpo de Granaderos a Caballo, a mediados de 1812, José de San Martín deseaba que los jóvenes de las familias más importantes de Buenos Aires dieran el ejemplo y se alistaran. Así fue que entonces los primeros en incorporarse fueron sus cuñados Manuel Escalada quien tenía 16 años y Mariano con 17 años. Entre los que siguieron el ejemplo, estaba Olazabal, con carácter de guerrero indomable se enroló como cadete el 7 de enero de 1813, una semana después de haber cumplido los 13 años en el Regimiento de Granaderos a Caballo. No formó parte en el combate de San Lorenzo, aún así poco tiempo después de su incorporación, se destacó por su destreza, sumada a las muestras de coraje, algo que sus superiores podían detectar en las prácticas que llevaban a cabo en el cuartel de Retiro. Ya el 4 de diciembre del mismo año, consiguió su primer ascenso a portaestandarte y participó de la campaña a la Banda Oriental, en el que arribó en Buenos Aires, con dos escuadrones de Granaderos a Caballo, bajo el mando del teniente coronel José Matías Zapiola. Desembarcaron en la Colonia, lugar donde el general Alvear marchaba a enfrentarse con el ejército que sitiaba Montevideo. El joven portaestandarte, nombrado por Alvear jefe de 30 granaderos que formaron la escolta con la que marchó hasta la comandancia enemiga, fue enviado para atacar a una fuerza realista de caballería, que a menudo salía a patrullar, operación que ejecutó aquél bajo el fuego de los cañones provenientes de la fortaleza del Cerro, logrando matar a seis soldados y capturando a tres, dando fin a los españoles el 23 de junio de 1814, donde al día siguiente le honraron a Olazábal con el dictado de “Benemérito en Grado Heroico”, también le fue otorgada una medalla con la inscripción: “La Patria a los Libertadores de Montevideo - Junio 24 de 1814”. Un día después, el joven fue nombrado jefe de la escolta de Alvear, por tener acciones destacas como las que mantuvo en Las Piedras contra el caudillo Fernando Otorgués, logrando la captura de 400 prisioneros.

Un mes después se alistó al ejército que comandaba el coronel Dorrego contra los enemigos orientales, donde en el mes de agosto, en la acción del Valle del Iguá, contra el mismo caudillo Otorgués. También en agosto de 1814 estuvo en la toma de la fortaleza de Santa Teresa y persecución realizada contra las fuerzas de Otorgués, hasta obligarlo a internarse en territorio brasileño. En el mes de septiembre marchó con el ejército hasta el Río Negro, desde donde con la fuerza efectiva de 40 soldados lo asignaron para reunir caballadas, en cierta oportunidad tuvo un encuentro con los enemigos, en el cual Olazábal, de sobresaliente acción capturó armamento y carretas con provisiones.

Además participó en la batalla de Guayabos o también llama “batalla de Arerunguá” la cual fue entre las fuerzas federales del oriental José Artigas y las de las Provincias Unidas del Río de la Plata al mando de Manuel Dorrego, el que fue derrotado por los insurrectos. La cuál sucedió a orillas del arroyo Guayabos, afluente del Arerunguá, en enero de 1815, donde Dorrego contaba con 750 hombres contra los 1400 aproximadamente que tenia a su cargo Artigas, cuyas fuerzas eran diligenciadas por Fructuoso Rivera. Al comienzo los soldados del Regimiento de Granaderos a Caballo con Juan Lavalle al frente, lograron una pequeña ventaja sobre los orientales al atacar por el ala derecha, pero mucho no valió ya que varios de los soldados de Dorrego se pasaron al bando a los federales, con lo que estos lograron resistir el flanqueo. La mayor parte de las unidades de Manuel Dorrego comenzaron a huir, quedando solo su escolta y los granaderos. Al cabo de no mucho tiempo, también los de Entrerrianos fueron acabados, por lo que Alvear ordena la retirada del campo de batalla, en la que sufrieron una tenaz persecución que efectuada por los riveristas, durante tal, el compatriota Zapiola rodó y fue capturado por el enemigo, fue allí que sin dudarlo Olazábal y dos hombres se lanzaron de sus caballos para pelear y rescatar con éxito a su comandante. Las fuerzas de Dorrego se llevaron de Montevideo todo el armamento y dinero que pudiesen, como así también su imprenta, dejando a Otorgués entrar en la ciudad libremente. Asimismo los soldados en huida, entre saqueo y aprovisionamiento, lograron volar el polvorín de la capital oriental, trayendo consigo la muerte de varios civiles. Mas tarde, Alvear ofreció a Artigas la independencia de su provincia, que el jefe federal rechazó indignado. La batalla de Guayabos marcó la liberación de la Banda Oriental de la dominación directorial e inició el período de máximo poder de Artigas. Fue el parásito de la independencia de Uruguay, la que luego se concretaría al fin en el año 1828. Pero, al no haber dado un buen fin a la cuestión federal, fue un factor más en las incansables guerras civiles que dividieron a la región del Río de la Plata. 

En febrero de 1815, terminada la campaña, regresó con su Regimiento a Buenos Aires y en donde el 14 de abril fue ascendido al rango de Teniente. Adentrados en el mes de julio los escuadrones de Granaderos a Caballo marcharon rumbo a Mendoza, donde Olazábal tomó importante papel en virtud a la organización del Ejército de los Andes, además San Martín lo nombró jefe de su escolta con tan solo apenas 15 años, estaba a cargo de 40 Granaderos a Caballo. Siendo abril de 1816, Olazábal inició la marcha con un escuadrón de Granaderos bajo el mando del teniente coronel José Melián, hacia el paso del Portillo, en la Cordillera, donde estuvo por el término de dos meses.

El trato entre el San Martín y el subordinado sobrepasara los límites del campamento de El Plumerillo. El jefe trataba a Olazábal como si fuera su hijo, pero era de carácter fuerte. Fue así que un día el joven teniente se desentendió con el capitán José Melián, ya que el superior era muy arrogante, quien tenía buenos conceptos desde la invasión inglesa de 1806. En cuestión, durante la discusión, el capitán insultó a Olazábal, que sin dudarlo y sin sentirse menos lo retó a duelo. Inmediatamente entre despamplones y alaridos de los soldados, San Martín se enteró de lo que estaba por ocurrir y mandó llamar al joven teniente. Póstumamente en su tienda de campaña lo encaró con suma severidad. Trató de inhibirlo preguntándole si sabía cuál era el castigo que recibirían aquellos que se enfrentaran a duelo con un camarada. Olazábal, fuera de ponerse en actitud defensiva, le respondió: “El teniente Olazábal sabrá cumplir la pena que su general le imponga. Pero nadie ha de faltarle al honor de un soldado del General San Martín". El jefe inmediatamente se coloca de pie y ordenó al teniente que se retire, tratando de evitar mostrar la sonrisa que le había provocado la respuesta. Igualmente, días después se produjo el duelo, en cual Melián atinó un sablazo en la rodilla de Olazábal, por lo que este estuvo unos días en cama. Asimismo, en alguna oportunidad, San Martín llegó cabalgando al campamento y vio a Olazábal caminando con una muleta, se bajó del caballo y le cuestionó qué era lo que había sucedido. El joven respondió que apenas había sido una rodada, San Martín lo observó fijamente y como si fuera el padre le aconsejó: "Tenga usted mucho cuidado con las rodadas".
Esa noche, junto con la comida, el convaleciente recibió una onza de oro, sin remitente. Podía ser anónima, sin embargo, todos sabían que la había enviado su orgulloso jefe

A principios de 1817 se fue a Chile, formando parte del cuerpo de Vanguardia, bajo las órdenes del mayor general Miguel Estanislao de Soler. Galardonada y honrosamente se libraba el combate en Putaendo, a cercanías de la Cordillera de los Andes, producido este el 7 de febrero, osadía en la cual el comandante Mariano Necochea con la escolta de San Martín y 25 granaderos, haciendo un total de 66 hombres, venció al enemigo de una fuerza muy superior, ya que eran 400 infantes y 300 jinetes los que contaban además con dos cañones. El juvenil teniente, durante la trastienda librada logró rescatar al sargento Fuensalida, quien era llevado como prisionero por parte de los realistas, acción de armas con esmero y arrojo por el cual fue recomendado por el general Soler, adquiriendo honor y prestigio a tan temprana edad.

Cinco días más tarde, mas precisamente el 12 de febrero de 1817, Olazábal participó en la batalla de Chacabuco, decisiva contienda de la Independencia de Chile, donde al capturar una batería enemiga recibió dos graves balazos, causando heridas una que le atravesaron el brazo izquierdo y su costado. Esto le valió a que fuera recomendado y días después, el 24 de marzo, fue promovido por San Martín al grado de ayudante mayor y así también le otorgaron una medalla conmemorativa con la inscripción: “Chile restaurado por el valor de Chacabuco. La Patria a los vencedores de los Andes, Febrero 12 de 1817”.

En abril de 1817 expedicionó con el coronel Las Heras hacia el sur de Chile, donde al mes siguiente tomó parte en el Combate en el Cerro del Gavilán. Olazábal participó de la arriesgada tarea en el reconocimiento que efectuó sobre las baterías enemigas, la que produjo un fogueo de cañón al comandante Manuel de Escalada. Las Heras había tomado posiciones en este pequeño cerro y teniendo conocimiento de que el enemigo comandado por Ordóñez había pedido refuerzos para efectuar un ataque, inmediatamente solicitó ayuda a O'Higgins. El General Ordóñez, para contrapartida, intentó de coaccionar para que el brigadier Las Heras no adquiera esos refuerzos, motivo que accionó un ataque suicida asaltando las posiciones patriotas. A fin de cuentas logró el ataque, pero de todas formas el combate resultó en una derrota para Ordóñez, el que no tuvo remedio más que retirarse a Talcahuano.
Posteriores meses, ya situados en diciembre de 1817, Olazábal se encontró en el valeroso asalto a la fortaleza de Concepción, efectuado por las fuerzas independientes a las órdenes del general O`Higgins, en dicha ocasión se realizaron varias comisiones, todas bajo el fuego de la artillería proveniente de la fortaleza. Dada la orden de retirada, Olazábal tenía la misión de volar las fortificaciones y cubrir la retaguardia, órdenes que cumplió admirablemente.

El 12 de marzo de 1818, Olazábal se halló en la acción de Quechereguas, efectuada contra el ejército realista. Siete días después se hallaba en la gran batalla de Cancha Rayada, en la cual fueron derrotadas las fuerzas patriotas. En la tarde de ese día, se sostuvo la caballería patriota bajo el mando del general Antonio González Balcarce, contra el ejército real mandado por el brigadier Osorio, pero ya en horas de la noche, el Ejercito Unido se encontraba en dispersión por los agresivos ataques infligidos por los españoles enviados por el general Ordóñez. Fue entonces, que el mismo Olazábal entre desmanes, desbandadas y corridas, consiguió reunir y ordenar a 200 Granaderos a Caballo guiándolos a salvo hasta el arroyo Lircay, donde se puso a las órdenes del teniente coronel José Melián, que luego se fueron replegando hasta San Fernando, Melián informó los sucedido destacando las acciones de Olazábal.
En el quinto día de abril, aconteció la importante y decisiva batalla de Maipú, en el zona de los Cerrillos del Maipo en Chile, hecho donde Ordóñez se llenó de valor atrincherándose en la Hacienda de Espejo, por tal motivo el coronel Zapiola reaccionó con directivas hacia el ayudante Olazábal, con el objetivo de concretar la rendición a una fuerza compuesta de 400 soldados con 12 oficiales, a los que logró desarmar y luego los presentó ante el general San Martín, quien después organizó a su ejército en una posición elevada esperando el ataque español. Asimismo, Olazábal se encontró en un difícil encuentro que mantuvo el teniente coronel José Melián al pie de 180 Granaderos a Caballo y consiguió eliminar a un capitán enemigo, después en honor a lo sucedido exhibió las charreteras de aquel muerto al general San Martín. Por estos dos actos, a fin de homenaje, el general San Martín promovió a Olazábal premiándolo con el grado de capitán, que le fue reconocido el 13 de mayo de 1818, con retroactivo al 15 de abril, además también recibió los cordones de plata. Acto seguido, así ocurrió que Olazábal fue declarado “Heroico Defensor de la Nación” por el Congreso y, continuamente el alto mando chileno, los que lo condecoraron con una medalla de plata, en ella se podía apreciar esta inscripción: “Chile reconocido al valor y constancia” y en su reverso “DE LOS VENCEDORES DE MAIPU, 5 DE ABRIL DE 1818”.

El 24 de diciembre, Olazábal se halló en la toma de la ciudad de Chillán realizada por las fuerzas mandadas por Zapiola, que desalojaron de aquella plaza a los españoles comandados por el precipitado general Sánchez. Par de días siguientes, el general Zapiola destacó a Olazábal, y ordenó a este que con su compañía practicase un reconocimiento sobre los enemigos, surgiendo de este, la lucha contra 150 lanceros, el resultado fue la eliminación de dieciséis hombres y capturó a otros nueve. Finalizada la contienda, su Regimiento se alistó camino al Parral.

El 13 de enero de 1819, Olazábal se desplazó junto con los Granaderos a Caballo al mando del coronel Manuel de Escalada, rumbo a la tercera campaña a Chile, la que estaba comandada por el general Antonio González Balcarce, quien luchaba contra las fuerzas reales bajo las órdenes del general Sánchez. Luego de tres días, el joven capitán con compañía abatió a 150 hombres del enemigo en la zona llamada Santa Fe. Más tarde se le impartió órdenes por parte de Escalada, las cuales eran el deber de lidiar contra la retaguardia enemiga, cumpliendo la misión al pie de la letra, surgieron una serie de guerrillas, que victoriosas de estas liberó a monjas de la ciudad de Concepción, las que se encontraban en carátula de prisioneras. Luego, el 18 de enero, estuvo en la toma de la ciudad de los Angeles, en que los enemigos fueron perseguidos y vencidos, acción por la cual Olazábal obtuvo honores de recomendación. Día después en la gloriosa acción de Bío-Bío, en la que también participó bajo la tutela del coronel Rudecindo Alvarado, esta batalla recalca otra recomendación para el joven, por destaco, conducta y esfuerzo ya que abatió por completo al ejército enemigo del general Sánchez. El 29 de enero atravesaron el río Bío-Bío (separa Araucanía del resto de Chile), al día siguiente combatieron contra un total de 900 araucanos, los que eran enviados por los jefes realistas, encuentro que significó la derrota de los enemigos siendo Olazábal el principal artífice. A dos días de cruzar el río el ejército patriota con Balcarce a la cabeza, tomó la fortaleza de Nacimiento, en Arauco, donde se vuelven a ver las caras con el general Sánchez. Posteriormente el 6 de febrero de 1819 culminó la campaña del Bío-Bío, por lo que Olazábal con los Granaderos se dirigieron hacia a Curimón.

Entonces fue que Olazábal recibió ordenes de sus superiores de regresar a Mendoza, sin vueltas, el 30 de abril de 1819 junto con su Regimiento de Granaderos a Caballo y otros cuerpos atravesó la Cordillera.

Luego el general José de San Martín solicitó personalmente la mano de la patricia Laureana Ferrari en su nombre y fue su padrino de bodas en 1819, así como del primero de sus hijos. Su mujer fue dama patricia quién junto a Remedios de Escalada de San Martín, entre otras, bordó la Bandera de los Andes. Con nuevas impartidas y en virtud a la expedición al Perú, el 30 de septiembre, partió con su regimiento destino a la provincia de San Luis.

En 1821, en el mes de junio fue designado bajo el mando del coronel Buenaventura Quiroga, quien estaba en San Juan y contaba con fuerzas destinadas a contrarrestar al caudillo chileno de José Miguel Carrera, habían sido victoriosas las operaciones que significaron el avance sobre las provincias de Cuyo. El 6 de agosto del mismo año, Olazábal ya designado como jefe de las líneas de avanzada de las fuerzas mendocinas que eran designadas en misión a terminar con el caudillo chileno. A fin de mes, en Punta del Médano, en Mendoza, las tropas de Carrera se enfrentaron con las de Gutiérrez, acción en la que Olazábal, ya con 20 años, comandó la columna derecha mendocina. Por lo accionado, fue promovido a sargento mayor ya que Carrera fue vencido, tomado como prisionero y luego fuera ejecutado el día 4 de septiembre de 1821. Por parte del Gobierno Nacional, en virtud a su conducta, le otorgó a Olazábal una medalla de oro con la inscripción: “Aniquilé la Anarquía. – Agosto 31 de 1821”, por otro lado, el Supremo Director de chileno lo condecoró con la medalla de la Legión del Mérito, la que lleva las siguientes palabras: “Legión de Mérito de Chile. Honor y Premio al Patriotismo”. Por ultimo, el Cabildo de Mendoza le entregó una medalla de plata enviada por el Protector del Perú, haciendo conmemoración de la toma de Lima, debido a que el capitán trato de todas formas salvaguardar la vida de José Miguel Carrera, pero resulto inútil. En 1823, teniendo en conocimiento que San Martín estaba en Mendoza se dirigió a su encuentro.

Llegado el 5 de julio de 1824 era Comandante General de Armas de la Provincia nombrado por el gobierno de Mendoza y el 22 de julio de fue ascendido a Teniente Coronel de Caballería de Línea. Bajo el mando de Aldao, en septiembre de 1825 asistió al combate de las Leñas contra los indígenas hostiles de San Juan. Luego, siendo el año 1827 se dirigió para incorporarse al Regimiento Nº 1 de Caballería, que se hallaba en campaña en operaciones contra el Brasil, quien después con la fuerza efectiva de 150 hombres recibió la desmesurada misión de pasar por detrás del ejército imperial, con el objetivo principal de sustraer ganado para abastecer a su ejército, tarea que completó exitosamente, alcanzando a tomar mas de 15.000 cabezas, pero no consiguió evitar la contienda contra el bando enemiga, momento lamentable en donde Olazábal tuvo bajas como ser seis soldados y un oficial, acciones proyectadas a proximidades Bagé. Subsistido de aquel acto, aconteció destacadamente, la batalla de Ituzaingo o batalla del Paso de Rosario, que fue un duelo entre las tropas aliadas de los sublevados orientales y el Ejército argentino contra las tropas del Imperio del Brasil. La victoria de la alianza hizo surgir la Convención Preliminar de Paz, que luego se firmaría en 1828, donde reconoce como Estado libre, independiente y soberano al Uruguay.

En febrero de 1828, se encontraba en el combate que la caballería del Ejército Republicano mantuvo en la hacienda del Padre Filiberto, a las disposiciones del general Lavalleja, en querella con las fuerzas del General en Jefe brasileño, el Barón de Lecor. Ocasión tal que el 15 de abril se originó el combate de Las Cañas, donde el general Julián Laguna con la caballería republicana, sostuvo la lucha de una fuerte columna enemiga, que derivó en una huida, mero trabajo el de las fuerzas imperiales comandadas en esta oportunidad por el mayor general Braun. Al intervalo de más de un mes, es decir, a fines de marzo del mismo año alcanzó el nombramiento de teniente coronel del Regimiento 1º de Caballería al que ya pertenecía, encabezando así el 3º Escuadrón del antes mencionado cuerpo.

En el mes de mayo del mismo año, el teniente coronel Olazábal en virtud a las mandatarias marchó en dos ocasiones hacia el Cuartel General de los imperiales como parlamentario ante el Comandante en Jefe.

En junio, fue enviado a Buenos Aires para cometer una encomienda de importancia, en dicha ocasión, Olazábal fue hecho prisionero, pero gracias a la negociación de los Generales Guido y Balcarce logró recuperar su libertad.

En julio de 1828, salió en marcha para nuevamente incorporarse al Ejército Republicano, a qui estuvo hasta que se consiguió firmar la paz las fuerzas imperiales. A continuación, en noviembre de 1828 volvió a Buenos Aires. Expresado así la anunciación del general Lavalle, que lo llevó al comandante Olazábal, el 9 de diciembre, al participar del combate de Navarro, en la que proporcionó participación al Escuadrón Escolta y he aquí otra buena actuación por desempeño.

El coronel Manuel de Olazábal, conjuntamente con el sargento mayor Álvarez de Condarco, fueron los únicos argentinos y antiguos oficiales del Ejército de los Andes, que abordaron el “Condesa de Chichester“, en el cual se encontraba el libertador de Chile y del Perú, cuando este concreto su último viaje al Río de la Plata. De tal manera que fue el 6 de febrero de 1829 cuando tuvo estuvieron a bordo del buque, en el puerto de Buenos Aires. Encuentro del general San Martín con sus dos fieles subordinados. En virtud a este acto de honradez al más magno le los argentinos, bien merecidos tendrían Olazábal y Álvarez de Condarco que se los recordara como eternos patriotas.

Partiendo hacia Chascomús, en febrero de 1829, en la cual trasladaba caudales para el ejército del general Lavalle. Al mes consecutivo, se unió al ejército de Lavalle, para cometer las operaciones contra el gobernador de Santa Fe, el general Estanislao López. Fue mismamente que el 26 de abril, se hallaba en la batalla del Puente de Márquez, donde tristemente fue vencido. Tras el derrumbamiento de Lavalle, Olazábal fue anexado a la Subinspección de Campaña el 1º de diciembre de 1829.

El 24 de junio de 1829, recibió los honores con una nueva promoción al grado de Coronel Graduado. Así fue que por dictamen del Ministro de la Guerra impartió camino rumbo a la República Oriental y se instaló en la villa de Cerro Largo, con el objetivo de brindar ayuda al general Lavalleja, que de todas formas, Olazábal al mando de su división sorteo la derrota en manos del general Rivera, esta primera oleada de ayuda que se hizo en inicios de 1833, en territorio de el Yaguarón, zona de los orientales. En octubre, el coronel Olazábal, con la de edad de 32 años, fue designado por su gobierno, como Comandante en Jefe de todas las fuerzas de caballería que sostuvieron los Poderes Públicos en la lucha contra la insurrección. De esta manera el día 20 de octubre, en la Recoleta, sometió al filo de cuchillos a una división de 600 hombres enviados por el comandante Martín Hidalgo. Semana posterior, en el arroyo Maldonado, derrotó al mismísimo Hidalgo, quien recibió refuerzos de 800 soldados. Por tal labor, Olazábal fue declarado merecedor del bien de la Patria. Consecuentemente el gobierno le concedió una lanza en honradez por su deslumbrante desempeño. Con ello obtuvo licencia y se marchó a la ciudad de Corrientes, pero el gobierno de turno lo citó inmediatamente para formar filas con las tropas, aún así en enero de 1834, fue escogido Presidente de la Academia Militar de Jefes y Oficiales. Sabiendo que siendo ya octubre de 1834 todavía gozaba de licencia la que le fuere prorrogada por el término de 5 meses. Continuamente en noviembre, fue designado Comandante General de Armas de la Capital de Corrientes. Pero con el mandato de Rosas, el 16 de abril de 1835, se decretó la baja de varios jefes y oficiales del Ejercito Nacional, entre ellos la del coronel Olazábal.

De todas formas, en febrero de 1839 lo escogieron como Mayor General del primer Ejército Libertador que constituyó la provincia de Corrientes, comandadas por el general Genaro Berón de Astrada, la que sufrió la sangrienta y desastrosa batalla de Pago Largo, siendo derrotado y íntegramente destruido el ejercito correntino. Dictaminada la derrota, Olazábal se fue camino a San Roque, donde envío comunicado a Juan Felipe Gramajo, dando a conocer la muerte de Berón de Astrada. Más tarde, Olazábal ya en el Estado Oriental fue designado como primer edecán del presidente Rivera. Cuando la República vecina fue invadida, el coronel escoltó a Rivera en toda la operación, presenciando así en diciembre de 1839, la batalla de Cagancha, en la que el gobernador de Entre Ríos fue derrotado, por o que obligadamente tuvo que renunciar al territorio oriental. Año siguiente, en julio de 1840, Olazábal fue escogido Comandante General de la Campaña al Río Negro. En esta desempeñó la comprometida comisión de desplazarse a la retaguardia del enemigo, logrando establecerse en campamento en Cagancha, con la conclusión de componer una división para atacar al contrincante, encargo que había sido cometido completando una fuerza de aproximadamente 400 hombres, con los que, en Tacuarembó, acabó consiguiendo la victoria contra las desventaja de 600 enemigos.

En 1841, lo designan segundo Jefe del Estado Mayor General del Ejército. A principios del año siguiente, enero de 1842, fue comisionado por el gobierno oriental para erigir una División Argentina de Caballería. División con la que luego en la provincia de Entre Ríos, se reunió con el Ejército de Reserva al mando del general José María Paz, Mas tarde Olazábal sería nombrado Jefe del Estado Mayor del Ejército de Reserva.

En marzo de 1844 se indujo a Montevideo, desde donde pasó a Corrientes para ofrecer servicios en el ejército del general Juan Madariaga, donde cumplió el rol de comandante en jefe de la división santafecina, con la que marchó hasta la costa del río Paraná, lugar donde permaneció hasta fin de año.

El 15 de noviembre de 1850, Rosas lo reincorpora al Ejército de la Provincia de Buenos Aires, otorgándole el grado de coronel de caballería.

Dos años después fue Vocal de la Comisión Administrativa del cuerpo de Inválidos. Comenzado junio de 1853. En septiembre de 1853, el gobierno lo nombró comandante en jefe de los batallones de guardias Nacionales. Así también en el mes de octubre, fue designado a cumplimentar como comandante militar de la isla de Martín García y con la guarnición de la misma.

Desde los años 1858, Olazábal comenzó a propagar por escrito sus memorias, las que pueden llegar a analizarse como una auténtica crónica de la independencia, estas mismas fueron publicadas en el diario “La Democracia” residente de la ciudad de Buenos Aires, que a su vez la Editorial Comercio se encargaba de la impresión. Fue esta misma editorial que después editó el libro, con el título de “Episodios de la Guerra de la Independencia” la que cuenta con detalles parte de aquella épica campaña donde se destaca la figura de San Martín, a quien considera su padre.

Siendo el 22 de agosto de 1859, Olazábal fue elegido como Presidente de la República, Contador y además, Tesorero del Ejército Nacional el cual estaba a sus inmediatas disposiciones. El 23 de octubre participó en la batalla de Cepeda, en la que terminaron victoriosos. A continuación en 1860 fue reasignado como primer edecán del Dr. Santiago Derqui, quien fuera entonces segundo Presidente Constitucional de la República. Para septiembre de los años 1861 tuvo nombramiento como Presidente del Consejo de Guerra permanente de Oficiales Generales.

En 1863, Olazábal comenzó a publicar sus memorias tituladas “Episodios de la Guerra de la Independencia”, que es un hermoso legado para la posteridad.

Triste y finalmente, el 6 de septiembre de 1870, fallece su esposa, Acto seguido, un 19 de julio de 1872, fallece el heroico soldado de los Andes en Buenos Aires.
Está enterrado en el Cementerio de la Recoleta.


Material Bibliográfico:

Fragmentos del “El Ostracismo de los Carreras”, por el Coronel Manuel de Olazábal, Gualegaychu, 1858, Imprenta del Comercio.
Manuel De Olazábal, Del Ejercito de los Andes a las Guerras Civiles, Autor: Pereyra de Olazábal Gonzalo, Editorial: DUNKEN.

Paginas Web: http://www.lanacion.com.ar/1607461-olaz ... san-martin
http://www.revisionistas.com.ar/?p=5808
http://jorgepelfort.blogspot.com.ar/200 ... ayabo.html
http://logiapanamerica.com.ar/?p=510
http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-692.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Gavil%C3%A1n
http://www.crucedelosandes.com.ar/el_renunciamiento.asp
http://www.granaderos.com.ar/efemerides ... 3-1818.htm

viernes, 22 de mayo de 2015

CORONEL JOSÉ SUPERÍ OFICIAL DE BELGRANO, HÉROE DE LA BATALLA DE SALTA

CORONEL JOSÉ SUPERÍ OFICIAL DE BELGRANO, HÉROE DE LA BATALLA DE SALTA



José Superí (n. Buenos Aires, Virreinato del Río de la Plata, 11 de junio de 1790 – † Ayohúma, Alto Perú, 1813), militar argentino que participó en la guerra de independencia de su país.

Siendo un niño ingresó como cadete en el Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires. Combatió contra las Invasiones Inglesas como sargento del Batallón de Naturales, Pardos y Morenos, y fue ascendido al grado de teniente.

Participó en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810.

Se incorporó al sitio de Montevideo en 1811; cuando éste fue levantado, fue enviado a incorporarse al Ejército del Norte, que buscaba recomponerse después de la derrota en la batalla de Huaqui.

Colaboró en el Éxodo Jujeño y combatió como mayor del regimiento de castas en el combate de Las Piedras y en la batalla de Tucumán, durante la cual fue tomado prisionero por el ejército realista.

Recuperó la libertad a los pocos días, como resultado de un canje de prisioneros.

En la batalla de Salta fue uno de los más destacados jefes de la infantería, y su regimiento fue el primero en entrar en la ciudad de Salta. Su poncho color celeste, izado en la torre de la Catedral, sirvió para avisar al general Manuel Belgrano que el centro de la ciudad había caído en manos patriotas.

Fue ascendido al grado de coronel y comandó el regimiento de infantería número 4 en la segunda expedición auxiliadora al Alto Perú. Tuvo una actuación brillante en la batalla de Vilcapugio, y su regimiento fue de los más activos en la retirada del ejército derrotado.

Al comenzar la batalla de Ayohúma, en noviembre de 1813, fue muerto por una bala de cañón y su regimiento se dispersó, lo cual hizo inevitable la derrota patriota en esa batalla.

Una calle de la ciudad de Buenos Aires recuerda a este oficial de la guerra de independencia.


http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Super%C3%AD

jueves, 21 de mayo de 2015

MARTIN JORGE GUISSE

MARTIN JORGE GUISSE



Nació el 12 de Marzo de 1780 en Gloucestershire, Inglaterra. Hijo legítimo de John Guisse y de Elizabeth Wright.
Casi niño entró a servir en la Real Armada británica, participó en la guerra contra Francia y España y luego fue trasladado con el grado de Teniente a la flota del Caribe.
En 1813 perdió su destino al establecerse la paz en Europa después de la batalla de Waterloo y con permiso del Almirantazgo compró y equipó un barco con dinero de su propio peculio y se dirigió a Buenos Aires, intervino en varias acciones y en 1818 siguió por el estrecho de Magallanes a Chile, uniéndose a la Armada de Lord Thomas Alexander Cochrane.
En la comandancia de la "Lautaro" tomó parte en las dos expediciones de Cochrane hacia aguas peruanas y en la de San Martín de Pisco. Posteriormente bloqueó las costas del Perú cundo se retiró Cochrane y activamente intervino en la expedición a Intermedios que dirigió el Mariscal San Cruz.
Al asumir la presidencia del Perú el Mariscal José de la Riva Agüero fue nombrado el 6 de Marzo de 1823 Vicealmirante y Jefe de la escuadra. Después se produjo el rompimiento político de Riva Agüero con el Congreso y Guisse le siguió apoyando.
En Septiembre pasó a Guayaquil conduciendo a los Diputados José Sánchez Carrión y José Joaquín de Olmedo que iban a solicitar el apoyo de Bolívar. En 1824 aún estaba en Guayaquil y al enterarse que Riva Agüero viajaba expatriado a Europa, lo liberó en un rasgo de generosidad.
Ese año sostuvo el gobierno de Bolívar y ayudó a bloquear las costas del Callao durante el asedio a esa plaza fortificada.
En 1825 contrajo matrimonio en Lima, tuvo dos hijas. En 1828 estalló la guerra con Colombia, asumió la comandancia de la escuadra peruana y con la fragata Prueba, la corbeta Libertad, una goleta y tres o cuatro lanchas cañoneras penetró en la ría de Guayaquil protegido por la grande marea y por una fuerte brisa, sorprendió e incendió la batería de las Cruces el 22 de Noviembre y rompió la cadena que protegía la entrada. El resto de la tarde cañoneó la ciudad a la distancia.
Al día siguiente 23 de Noviembre permaneció tranquilo hasta las cuatro de la tarde en que con la brisa y la marea se puso al frente de Malecón, pero cometió el mismo error de Brown en 1816, encalló en un bajo y quedó inmovilizado, pero aún así arrojó millares de proyectiles y las casas sufrieron múltiples daños.
Por la noche intentó apoderarse de una de las lanchas que estaban acoderadas al muelle pero fueron rechazadas sus cañoneras. Mientras tanto los colombianos habían montado una pieza de grueso calibre y al amanecer del 24 rompieron fuego sobre la fragata "Prueba". Guisse fue mortalmente herido y los peruanos sólo pudieron retirarse una hora después, a eso de las once, cuando flotaron con la alta marea, a dos o tres leguas y casi frente al Fortín falleció Guisse esa noche, mientras la ciudad quedaba con graves destrozos.
Tenía solamente 48 años de edad y fue reemplazado en el Comando de la flota por el Teniente Primero José Boterín Becerra, Jefe de la corbeta "Libertad”. Su cadáver, siguiendo la costumbre de la época, fue arrojado a las aguas (1).
El tiro que causó su muerte fue disparado por el cañón montado por el Capitán de Navío Juan Ignacio Pareja y quien mandaba esa batería era el Cabo Trinidad Moran, soldado de color de nuestras guerras de la independencia.


(1) Su nieta María Roca Dartnell Guiese fue madre del Capitán Jorga Chávez Dartnell, célebre aviador peruano, al primero en atravesar los Alpes en 1910; paro, cuando ataba a solo diez metros da altura sobre el aeropuerto de Domodossola cerca da Milán, sufrió u aeronave un golpe de aire y cayo al suelo, quedando aprisionado debajo del motor con al fémur de la pierna derecha fracturado y graves lesiones internas. Con muchos dolores fue trasladado al hospital más cercano y murió a loa dos días al 28 de Septiembre, de sólo 23 años de edad. El aeropuerto internacional de Lima lleva su nombre en memoria de la inmortal hazaña.



domingo, 17 de mayo de 2015

BRIGADIER GENERAL CIRILO CORREA SOLDADO DE LA INDEPENDENCIA, COMBATIÓ A LOS INGLESES, JUNTO A BELGRANO Y A SAN MARTIN

BRIGADIER GENERAL CIRILO CORREA

SOLDADO DE LA INDEPENDENCIA, COMBATIÓ A LOS INGLESES, JUNTO A BELGRANO Y A SAN MARTIN



Cirilo Correa (n. Montevideo, Virreinato del Río de la Plata, 1795 – † Lima,Perú, 1827), militar argentino, que participó en la guerra de independencia de su país, desde las primeras acciones hasta la campaña libertadora del Perú.

En su infancia se mudó con su familia a Buenos Aires, donde recibió alguna educación.

En 1807 se unió como soldado al Regimiento de Patricios, con el que luchó contra las Invasiones Inglesas.

En 1810 se incorporó al Ejército del Norte, en cuyas filas combatió en las tres Expediciones Auxiliadoras al Alto Perú, combatiendo en las batallas de Cotagaita, Suipacha, Huaqui, Tucumán, Salta, Vilcapugio, Ayohuma, Venta y Media y Sipe Sipe. Toda esta carrera la hizo como suboficial del Ejército.

En 1816 pasó a Mendoza y se unió al Ejército de los Andes, siendo ascendido al grado de teniente coronel por el general José de San Martín, y fue el segundo jefe del Batallón 7.º de Infantería; su jefe era el coronel Pedro Conde. Luchó en Chacabuco, Gavilán, Talcahuano, Cancha Rayada y Maipú.

Participó en la Expedición Libertadora del Perú, al frente del Batallón 7.º. De los Andes, luchando en la batalla de Cerro de Pasco y en la toma del Callao, ascendiendo al grado de coronel.

Al retirarse San Martín en 1823, el presidente Marqués de Torre Tagle lo nombró jefe de estado mayor de la ciudad de Lima.

Participó en la Campaña de los Puertos Intermedios, en la que fueron derrotados en tres batallas en cuatro días.

Regresó a Lima, donde fue ascendido al grado de general; había comenzado su carrera como soldado raso 13 años antes, y llegó a general a los 28 años.

Participó como oficial de estado mayor en la campaña que culminó con las batallas de Junín y Ayacucho. En 1824 Correa reemplazó a Enrique Martínez en la jefatura de los restos de la División de los Andes, de la cual se dispuso el regreso a la Argentina.

Al hacerse cargo de la terminación de la guerra en el Perú, Simón Bolívar se mostró contrario a respetar las posiciones ganadas por los oficiales que habían llegado con San Martín, actitud que fue interpretada por éstos como favoritismo por los venezolanos y colombianos. Varios oficiales argentinos abandonaron el Perú, mientras otros se enfrentaban al Libertador.

En 1826, el general Correa fue acusado de conspirar contra Bolívar y fue arrestado, lo que le causó una seria depresión. Aunque más tarde fue absuelto, se suicidó en Lima a mediados de 1827.

Bibliografía
Canido Borges, Jorge Oscar, Buenos Aires, esa desconocida; sus calles, plazas y monumentos, Ed. Corregidor, Bs. As., 2003. ISBN 950-05-1493-1
Cutolo, Vicente, Nuevo diccionario biográfico argentino, 7 volúmenes, Ed. Elche, Bs. As., 1968-1985.


viernes, 15 de mayo de 2015

EUSTOQUIO DÍAZ VÉLEZ

EUSTOQUIO DÍAZ VÉLEZ


Eustoquio Antonio Díaz Vélez (Buenos Aires, 2 de noviembre de 1782 - ibídem, 1 de abril de 1856) fue un militar argentino que luchó en las Invasiones Inglesas, participó en la Revolución de Mayo y peleó en la guerra de independencia y en las guerras civiles argentinas.

Su nombre era Eustoquio («Eustochio Antonio», según consta en su partida de bautismo) pero se lo cita habitualmente, de manera incorrecta, como Eustaquio.

Sus padres fueron Francisco José Díaz Vélez, acaudalado comerciante nacido en Huelva, España — quien fuera capitular del Cabildo de Buenos Aires — y María Petrona Aráoz, oriunda del Tucumán, de una importante familia colonial. Fue el séptimo hijo de un total de doce.

Se incorporó joven al ejército, en el regimiento de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires. Combinó estas actividades con el comercio, reuniendo alguna fortuna.

Colaboró con Santiago de Liniers en la lucha contra las Invasiones Inglesas y fue dado de alta en el Regimiento de Patricios, el 8 de octubre de 1806, como ayudante segundo graduado de teniente, participando en la Reconquista de Buenos Aires.

Al año siguiente, durante la Segunda Invasión Inglesa, se distinguió en la Defensa de Buenos Aires, bajo las órdenes de Cornelio Saavedra, al rendir a los ingleses en la "Casa de la Virreyna Viuda", entre los días 2 y 7 de julio. Fue promovido al grado de capitán.

Durante la asonada de Álzaga del 1 de enero de 1809, luchó del lado de los leales a Liniers y fue herido. Esa acción le valió el ascenso a teniente coronel graduado. Tenía buenas relaciones con los conspiradores que, antes de 1810, pretendían lograr la independencia de su país.

Apoyó la Revolución de Mayo, participando en las reuniones que resolvieron la destitución del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, asistiendo a la del 19 de mayo convocada por Nicolas Rodriguez Peña.

 En ocasión del Cabido Abierto del 22 de mayo el Coronel Cornelio Saavedra lo designó como jefe de las guardias de Patricios que posibilitó la reunión de esa asamblea que expresó la voluntad del pueblo.

Surgida la Primera Junta de Gobierno, ésta le encomendó como primera misión militar ocupar la plaza de Colonia del Sacramento, cuya población simpatizaba con los patriotas revolucionarios, venciendo a su guarnición y llevando para Buenos Aires gran cantidad de municiones. Por esta victoria la Primera Junta lo nombró teniente coronel, con carácter efectivo.

Formó parte del Ejército del Norte y participó en la derrota de Cotagaita. Semanas más tarde, el día 7 de noviembre de 1810, luchó en la batalla de Suipacha, primer triunfo de las armas revolucionarias rioplatenses, que permitió el levantamiento revolucionario de las ciudades de Potosí, Chuquisaca y La Paz, abriendo a los patriotas el Alto Perú. Por orden del representante de la Junta, Juan José Castelli, ejecutó en Potosí a los jefes realistas Nieto, Córdova y Sanz. Fue ascendido al grado de Coronel. Castelli firmó un armisticio con el jefe español José Manuel de Goyeneche, que probablemente ninguno de los dos pensaba cumplir. Díaz Vélez y Juan José Viamonte, al frente de sus batallones, fueron enviados como avanzada en dirección a la frontera. Al producirse el ataque realista en la batalla de Huaqui, el 19 de junio de 1811, estos dos regimientos fueron destrozados sin poder recibir ayuda ni ayudar al resto del ejército. La huida fue un verdadero desastre y, faltos de todo apoyo, los grupos de soldados cruzaron el Altiplano como pudieron, huyendo hacia Humahuaca.

Antonio gonzalez Balcarce fue reemplazado por Juan Martín de Pueyrredón al frente del Ejército. En su retirada, las fuerzas de Díaz Vélez fueron derrotadas dos veces, en Nazareno y en Cobos. Participó en la organización del Éxodo Jujeño, bajo el mando del General Manuel Belgrano.

Creó un cuerpo de caballería denominado los "Patriotas Decididos", y tuvo a su cargo la retaguardia del éxodo. Cuando los patriotas fueron alcanzados y comenzaron a ser derrotados, Díaz Vélez reaccionó rápidamente y contraatacó en la batalla de las Piedras, del 3 de septiembre de 1812, logrando una victoria que logró revertir la desmoralización de las tropas. En parte por esta victoria, Belgrano se atrevió a dar la batalla de Tucumán, el 24 de septiembre de 1812, la que resultó la victoria más importante de la guerra de la independencia argentina. Díaz Vélez ofició de mayor general o segundo jefe del ejército. Tomó el parque del general realista Pío Tristán, con treinta y nueve carretas cargadas de armas, municiones, parte de los cañones y prisioneros. Luego se hizo fuerte en la ciudad de San Miguel de Tucumán, en donde — frente a la intimación de rendición que le efectuara el jefe realista bajo amenaza de incendiarla — le respondió que, en tal caso, degollaría a los prisioneros, entre los que se encontraban cuatro coroneles. Tristán no se atrevió a cumplir con su amenaza. A los pocos días fue enviado a tomar Salta, antes de que llegara hasta allí el ejército enemigo. Liberó de la cárcel al Coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales, junto al cual logró ocupar la ciudad. Pero debió evacuarla a principios de octubre. El día 13 de febrero de 1813 el Ejército del Norte prestó juramento de obediencia a la soberanía de la Asamblea General del Año XIII y fue Díaz Vélez, como mayor general, quien, además de conducir la bandera nacional reconocida por la Asamblea, tomó juramento de fidelidad a la misma al General Belgrano, quien después hizo lo propio con Díaz Vélez y el resto del ejército. Pocos días después, en la batalla de Salta el 20 de febrero de 1813, Díaz Vélez dirigió un ala de la caballería argentina y fue gravemente herido.

Belgrano aprovechó esa circunstancia para nombrarlo gobernador militar de la provincia de Salta, cargo que ocupó entre el 13 de marzo y el 13 de septiembre de ese mismo año. Los triunfos de Tucumán y Salta permitieron la recuperación del Alto Perú por los revolucionarios.

Díaz Vélez, como jefe de la avanzada del ejército vencedor en la segunda campaña al Alto Perú, entró triunfante en la ciudad de Potosí, el 7 de mayo de 1813. Dirigió la caballería en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma, dos terribles derrotas. Durante la retirada, por orden de Belgrano, y para cubrir sus espaldas, intentó volar el edificio de la Casa de la Moneda de Potosí; pero el aviso de un oficial a la población lo evitó.

 Volvió a Buenos Aires donde contrajo matrimonio con Carmen Guerrero y Obarrio, el 18 de marzo de 1814. Con ella tuvo tres hijos: Carmen, Manuela y Eustoquio.

Fue ascendido a general. Inmediatamente fue enviado por el Directorio de las Provincias Unidas como Teniente Gobernador de Santa Fe, con el claro objetivo de impedir su secesión y que aumentase la influencia de José Artigas. Asumió el 31 de marzo de 1814 y ocupó la ciudad militarmente. Se dedicó a enviar todo lo que pudo, por las buenas o por las malas, al Ejército del Norte. Su gobierno no contaba con las simpatías del pueblo, principalmente por no ser santafesino pero también por no respetar al cabildo local.

El 24 de marzo de 1815, una gran cantidad de gente se reunió frente a la casa de gobierno y exigió la entrega del mando al Cabildo. Al mismo tiempo, cruzaba el río Paraná una flota de canoas comandada por el entrerriano Eusebio Hereñú y una partida de artiguistas, que exigió cumplir lo que pedía el pueblo. Díaz Vélez renunció y en su lugar fue electo Francisco Candioti. Díaz Vélez retornó a Buenos Aires y permaneció inactivo por unos meses. Al año siguiente participó de la expedición hacia Santa Fe, a órdenes de Viamonte, como jefe militar de Rosario. El fracaso de Viamonte y la designación de Mariano Vera como gobernador de Santa Fe lo obligaron a retirarse en marzo de 1816. En abril de ese mismo año fue enviado en un tercer ataque hacia Santa Fe. Pero, buscando evitar una guerra civil y con la finalidad que los pueblos de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental enviaran diputados al Congreso de Tucumán, firmó -el día 9- con el comandante de las fuerzas de mar de Santa Fe el pacto de Santo Tomé, por el cual el Ejército de Observación depuso al director interino Ignacio Alvarez Thomas, traspasó su jefatura a Díaz Vélez, en reemplazo de Belgrano, y acordó que la paz definitiva debía ratificarse entre ambos gobiernos y ser también aceptada por Artigas. La negativa de Artigas de firmar un acuerdo de paz definitivo provocó la no participación de representantes santafesinos en la declaración de la Independencia en el Congreso de Tucumán. Pocos días después de desconocido el pacto, el gobernador Vera atacó la ciudad de Santa Fe y logró reconquistarla viéndose obligado Díaz Vélez a abandonarla ya que tampoco tuvieron éxito los esfuerzos de los comisionados (Comisión de Bienes Extraños) -jurisconsultos Dr. Castex y Dr Villegas, junto al contador Pósiga- ante el gobierno de la Provincia de Santa Fe para acordar los términos de un cese de hostilidades: "autorizado para estipular con el jefe de ese territorio la transacción de las diferencias que desgraciadamente existen entre ambos territorios". Dejó el suelo santafesino el 31 de agosto de 1816.

Retornó a Buenos Aires, donde formó en la Logia dirigida por el director supremo Pueyrredón y por su ministro Gregorio Garcia de Tagle. En 1817 fue designado Comandante Ayudante General del Estado Mayor y el 13 de diciembre de 1818 fue nombrado Gobernador Intendente interino de Buenos Aires, reemplazando a Juan Ramón Balcarce, quien se encontraba enfermo. En enero de 1819 dispuso la supresión de las corridas de toros en El Retiro por encontrarse el circo en estado ruinoso y evitar males que pudieran sobrevenir al público. Revistó asimismo en la Plana Mayor del Estado Mayor hasta finales del año 1821. En marzo de 1819 solicitó la separación del cargo de Gobernador conservando únicamente las funciones de Intendente General de Policía hasta que se produjo la batalla de Cepeda, después de la cual se exilió en Montevideo. Las principales reformas policiales que efectuó fueron: la creación de un comando único para su funcionamiento, la implantación del "boleto de seguridad" o registro de identidad de las personas, el traspaso de la administración del juego de lotería que se encontraba en manos de particulares y la puesta en práctica de la abolición total de la pena de azotes a los que eran sometidos los niños en las escuelas.

 A su regreso, en octubre de 1821, se presentó al servicio activo, quedando comprendido en las disposiciones de la Ley de Reforma, por lo que pasó a retiro el 26 de febrero de 1822 con sueldo completo. Aprovechó entonces la ley de enfiteusis del ministro Bernardo Rivadavia y compró gran cantidad de terrenos. Fundó varias estancias, y se convirtió en el mayor propietario individual de campos en la Provincia de Buenos Aires. Las más conocidas fueron: "El Carmen", "Campos de Díaz Vélez" y "Médanos Blancos".

No participó en las guerras civiles o externas de los años que siguieron, hasta 1839. Ese año apoyó la revolución llamada de los “Libres del Sur” contra el Juan Manuel de Rosas desde su estancia de Tandil. Si bien el Fuerte Independencia se rindió sin luchar a los revolucionarios — el 10 de noviembre de 1839 — la derrota de los revolucionarios en la batalla de Chascomús, ocurrida unos días antes, ya había signado el fracaso de la revolución. Vinculado con la toma de Tandil, Díaz Vélez fue arrestado. Su casa de la actual Avenida Belgrano 230 fue saqueada por la Mazorca y confiscada, al igual que todos sus bienes y hacienda. Preso e incomunicado con su familia por un período de nueve meses, fue puesto en libertad y se le permitió pasar a Montevideo. A raíz de la Guerra Grande, que enfrentaba en el Uruguay al partido colorado de Fructuoso Rivera al partido blanco, liderado por el aliado de Rosas, Manuel Oribe se produjo en 1843 el Sitio Grande de Montevideo. Para contribuir a la defensa de la ciudad, el general Díaz Vélez formó ese mismo año la Legión Argentina, compuesta por más de quinientos voluntarios argentinos, cuyos oficiales eran exiliados por causas políticas. Se identificaban por la escarapela celeste y blanca que llevaban en sus sombreros. Posteriormente fue reemplazado por el comandante Juan Andres Gelly y Obes.

Regresó a Buenos Aires después de la batalla de Caseros. "Cargado de años y de gloria", como "benemérito general de la República", se negó a participar en política. Fue Presidente de la Comisión de Hacendados de la provincia de Buenos Aires y recuperó todos sus campos y gran parte de su hacienda antes de morir en Buenos Aires, en 1856. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta en la bóveda familiar, declarada monumento histórico nacional, por decreto nro. 3.039 del EUSTOQUIO DÍAZ VÉLEZ


Eustoquio Antonio Díaz Vélez (Buenos Aires, 2 de noviembre de 1782 - ibídem, 1 de abril de 1856) fue un militar argentino que luchó en las Invasiones Inglesas, participó en la Revolución de Mayo y peleó en la guerra de independencia y en las guerras civiles argentinas.

Su nombre era Eustoquio («Eustochio Antonio», según consta en su partida de bautismo) pero se lo cita habitualmente, de manera incorrecta, como Eustaquio.

Sus padres fueron Francisco José Díaz Vélez, acaudalado comerciante nacido en Huelva, España — quien fuera capitular del Cabildo de Buenos Aires — y María Petrona Aráoz, oriunda del Tucumán, de una importante familia colonial. Fue el séptimo hijo de un total de doce.

Se incorporó joven al ejército, en el regimiento de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires. Combinó estas actividades con el comercio, reuniendo alguna fortuna.

Colaboró con Santiago de Liniers en la lucha contra las Invasiones Inglesas y fue dado de alta en el Regimiento de Patricios, el 8 de octubre de 1806, como ayudante segundo graduado de teniente, participando en la Reconquista de Buenos Aires.

Al año siguiente, durante la Segunda Invasión Inglesa, se distinguió en la Defensa de Buenos Aires, bajo las órdenes de Cornelio Saavedra, al rendir a los ingleses en la "Casa de la Virreyna Viuda", entre los días 2 y 7 de julio. Fue promovido al grado de capitán.

Durante la asonada de Álzaga del 1 de enero de 1809, luchó del lado de los leales a Liniers y fue herido. Esa acción le valió el ascenso a teniente coronel graduado. Tenía buenas relaciones con los conspiradores que, antes de 1810, pretendían lograr la independencia de su país.

Apoyó la Revolución de Mayo, participando en las reuniones que resolvieron la destitución del Virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, asistiendo a la del 19 de mayo convocada por Nicolas Rodriguez Peña.

 En ocasión del Cabido Abierto del 22 de mayo el Coronel Cornelio Saavedra lo designó como jefe de las guardias de Patricios que posibilitó la reunión de esa asamblea que expresó la voluntad del pueblo.

Surgida la Primera Junta de Gobierno, ésta le encomendó como primera misión militar ocupar la plaza de Colonia del Sacramento, cuya población simpatizaba con los patriotas revolucionarios, venciendo a su guarnición y llevando para Buenos Aires gran cantidad de municiones. Por esta victoria la Primera Junta lo nombró teniente coronel, con carácter efectivo.

Formó parte del Ejército del Norte y participó en la derrota de Cotagaita. Semanas más tarde, el día 7 de noviembre de 1810, luchó en la batalla de Suipacha, primer triunfo de las armas revolucionarias rioplatenses, que permitió el levantamiento revolucionario de las ciudades de Potosí, Chuquisaca y La Paz, abriendo a los patriotas el Alto Perú. Por orden del representante de la Junta, Juan José Castelli, ejecutó en Potosí a los jefes realistas Nieto, Córdova y Sanz. Fue ascendido al grado de Coronel. Castelli firmó un armisticio con el jefe español José Manuel de Goyeneche, que probablemente ninguno de los dos pensaba cumplir. Díaz Vélez y Juan José Viamonte, al frente de sus batallones, fueron enviados como avanzada en dirección a la frontera. Al producirse el ataque realista en la batalla de Huaqui, el 19 de junio de 1811, estos dos regimientos fueron destrozados sin poder recibir ayuda ni ayudar al resto del ejército. La huida fue un verdadero desastre y, faltos de todo apoyo, los grupos de soldados cruzaron el Altiplano como pudieron, huyendo hacia Humahuaca.

Antonio gonzalez Balcarce fue reemplazado por Juan Martín de Pueyrredón al frente del Ejército. En su retirada, las fuerzas de Díaz Vélez fueron derrotadas dos veces, en Nazareno y en Cobos. Participó en la organización del Éxodo Jujeño, bajo el mando del General Manuel Belgrano.

Creó un cuerpo de caballería denominado los "Patriotas Decididos", y tuvo a su cargo la retaguardia del éxodo. Cuando los patriotas fueron alcanzados y comenzaron a ser derrotados, Díaz Vélez reaccionó rápidamente y contraatacó en la batalla de las Piedras, del 3 de septiembre de 1812, logrando una victoria que logró revertir la desmoralización de las tropas. En parte por esta victoria, Belgrano se atrevió a dar la batalla de Tucumán, el 24 de septiembre de 1812, la que resultó la victoria más importante de la guerra de la independencia argentina. Díaz Vélez ofició de mayor general o segundo jefe del ejército. Tomó el parque del general realista Pío Tristán, con treinta y nueve carretas cargadas de armas, municiones, parte de los cañones y prisioneros. Luego se hizo fuerte en la ciudad de San Miguel de Tucumán, en donde — frente a la intimación de rendición que le efectuara el jefe realista bajo amenaza de incendiarla — le respondió que, en tal caso, degollaría a los prisioneros, entre los que se encontraban cuatro coroneles. Tristán no se atrevió a cumplir con su amenaza. A los pocos días fue enviado a tomar Salta, antes de que llegara hasta allí el ejército enemigo. Liberó de la cárcel al Coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales, junto al cual logró ocupar la ciudad. Pero debió evacuarla a principios de octubre. El día 13 de febrero de 1813 el Ejército del Norte prestó juramento de obediencia a la soberanía de la Asamblea General del Año XIII y fue Díaz Vélez, como mayor general, quien, además de conducir la bandera nacional reconocida por la Asamblea, tomó juramento de fidelidad a la misma al General Belgrano, quien después hizo lo propio con Díaz Vélez y el resto del ejército. Pocos días después, en la batalla de Salta el 20 de febrero de 1813, Díaz Vélez dirigió un ala de la caballería argentina y fue gravemente herido.

Belgrano aprovechó esa circunstancia para nombrarlo gobernador militar de la provincia de Salta, cargo que ocupó entre el 13 de marzo y el 13 de septiembre de ese mismo año. Los triunfos de Tucumán y Salta permitieron la recuperación del Alto Perú por los revolucionarios.

Díaz Vélez, como jefe de la avanzada del ejército vencedor en la segunda campaña al Alto Perú, entró triunfante en la ciudad de Potosí, el 7 de mayo de 1813. Dirigió la caballería en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma, dos terribles derrotas. Durante la retirada, por orden de Belgrano, y para cubrir sus espaldas, intentó volar el edificio de la Casa de la Moneda de Potosí; pero el aviso de un oficial a la población lo evitó.

 Volvió a Buenos Aires donde contrajo matrimonio con Carmen Guerrero y Obarrio, el 18 de marzo de 1814. Con ella tuvo tres hijos: Carmen, Manuela y Eustoquio.

Fue ascendido a general. Inmediatamente fue enviado por el Directorio de las Provincias Unidas como Teniente Gobernador de Santa Fe, con el claro objetivo de impedir su secesión y que aumentase la influencia de José Artigas. Asumió el 31 de marzo de 1814 y ocupó la ciudad militarmente. Se dedicó a enviar todo lo que pudo, por las buenas o por las malas, al Ejército del Norte. Su gobierno no contaba con las simpatías del pueblo, principalmente por no ser santafesino pero también por no respetar al cabildo local.

El 24 de marzo de 1815, una gran cantidad de gente se reunió frente a la casa de gobierno y exigió la entrega del mando al Cabildo. Al mismo tiempo, cruzaba el río Paraná una flota de canoas comandada por el entrerriano Eusebio Hereñú y una partida de artiguistas, que exigió cumplir lo que pedía el pueblo. Díaz Vélez renunció y en su lugar fue electo Francisco Candioti. Díaz Vélez retornó a Buenos Aires y permaneció inactivo por unos meses. Al año siguiente participó de la expedición hacia Santa Fe, a órdenes de Viamonte, como jefe militar de Rosario. El fracaso de Viamonte y la designación de Mariano Vera como gobernador de Santa Fe lo obligaron a retirarse en marzo de 1816. En abril de ese mismo año fue enviado en un tercer ataque hacia Santa Fe. Pero, buscando evitar una guerra civil y con la finalidad que los pueblos de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental enviaran diputados al Congreso de Tucumán, firmó -el día 9- con el comandante de las fuerzas de mar de Santa Fe el pacto de Santo Tomé, por el cual el Ejército de Observación depuso al director interino Ignacio Alvarez Thomas, traspasó su jefatura a Díaz Vélez, en reemplazo de Belgrano, y acordó que la paz definitiva debía ratificarse entre ambos gobiernos y ser también aceptada por Artigas. La negativa de Artigas de firmar un acuerdo de paz definitivo provocó la no participación de representantes santafesinos en la declaración de la Independencia en el Congreso de Tucumán. Pocos días después de desconocido el pacto, el gobernador Vera atacó la ciudad de Santa Fe y logró reconquistarla viéndose obligado Díaz Vélez a abandonarla ya que tampoco tuvieron éxito los esfuerzos de los comisionados (Comisión de Bienes Extraños) -jurisconsultos Dr. Castex y Dr Villegas, junto al contador Pósiga- ante el gobierno de la Provincia de Santa Fe para acordar los términos de un cese de hostilidades: "autorizado para estipular con el jefe de ese territorio la transacción de las diferencias que desgraciadamente existen entre ambos territorios". Dejó el suelo santafesino el 31 de agosto de 1816.

Retornó a Buenos Aires, donde formó en la Logia dirigida por el director supremo Pueyrredón y por su ministro Gregorio Garcia de Tagle. En 1817 fue designado Comandante Ayudante General del Estado Mayor y el 13 de diciembre de 1818 fue nombrado Gobernador Intendente interino de Buenos Aires, reemplazando a Juan Ramón Balcarce, quien se encontraba enfermo. En enero de 1819 dispuso la supresión de las corridas de toros en El Retiro por encontrarse el circo en estado ruinoso y evitar males que pudieran sobrevenir al público. Revistó asimismo en la Plana Mayor del Estado Mayor hasta finales del año 1821. En marzo de 1819 solicitó la separación del cargo de Gobernador conservando únicamente las funciones de Intendente General de Policía hasta que se produjo la batalla de Cepeda, después de la cual se exilió en Montevideo. Las principales reformas policiales que efectuó fueron: la creación de un comando único para su funcionamiento, la implantación del "boleto de seguridad" o registro de identidad de las personas, el traspaso de la administración del juego de lotería que se encontraba en manos de particulares y la puesta en práctica de la abolición total de la pena de azotes a los que eran sometidos los niños en las escuelas.

 A su regreso, en octubre de 1821, se presentó al servicio activo, quedando comprendido en las disposiciones de la Ley de Reforma, por lo que pasó a retiro el 26 de febrero de 1822 con sueldo completo. Aprovechó entonces la ley de enfiteusis del ministro Bernardo Rivadavia y compró gran cantidad de terrenos. Fundó varias estancias, y se convirtió en el mayor propietario individual de campos en la Provincia de Buenos Aires. Las más conocidas fueron: "El Carmen", "Campos de Díaz Vélez" y "Médanos Blancos".

No participó en las guerras civiles o externas de los años que siguieron, hasta 1839. Ese año apoyó la revolución llamada de los “Libres del Sur” contra el Juan Manuel de Rosas desde su estancia de Tandil. Si bien el Fuerte Independencia se rindió sin luchar a los revolucionarios — el 10 de noviembre de 1839 — la derrota de los revolucionarios en la batalla de Chascomús, ocurrida unos días antes, ya había signado el fracaso de la revolución. Vinculado con la toma de Tandil, Díaz Vélez fue arrestado. Su casa de la actual Avenida Belgrano 230 fue saqueada por la Mazorca y confiscada, al igual que todos sus bienes y hacienda. Preso e incomunicado con su familia por un período de nueve meses, fue puesto en libertad y se le permitió pasar a Montevideo. A raíz de la Guerra Grande, que enfrentaba en el Uruguay al partido colorado de Fructuoso Rivera al partido blanco, liderado por el aliado de Rosas, Manuel Oribe se produjo en 1843 el Sitio Grande de Montevideo. Para contribuir a la defensa de la ciudad, el general Díaz Vélez formó ese mismo año la Legión Argentina, compuesta por más de quinientos voluntarios argentinos, cuyos oficiales eran exiliados por causas políticas. Se identificaban por la escarapela celeste y blanca que llevaban en sus sombreros. Posteriormente fue reemplazado por el comandante Juan Andres Gelly y Obes.

Regresó a Buenos Aires después de la batalla de Caseros. "Cargado de años y de gloria", como "benemérito general de la República", se negó a participar en política. Fue Presidente de la Comisión de Hacendados de la provincia de Buenos Aires y recuperó todos sus campos y gran parte de su hacienda antes de morir en Buenos Aires, en 1856. Sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta en la bóveda familiar, declarada monumento histórico nacional, por decreto nro. 3.039 del año 1946 del Poder Ejecutivo Nacional.

Fuente: Rodríguez Bosch, Raúl, Eustoquio Díaz Vélez. Soldado de la Independencia y la Organización Nacional, Ed. Selene, Bs. As., 1986. / Giberti, Hugo A., Buenos Aires. Calles conocidas, soldados olvidados, Ed. Edivérn, Bs. As., 2001 / Cutolo, Vicente, Nuevo diccionario biográfico argentino, Ed. Elche, Bs. As., 1968-1985. / Canido Borges, Jorge Oscar, Buenos Aires, esa desconocida; sus calles, plazas y monumentos, Ed. Corregidor, Bs. As., 2003 / Camogli, Pablo, Batallas por la libertad, Ed. Aguilar, Bs. As., 2005./ Ruiz Moreno, Isidoro J., Campañas militares argentinas, Tomo I, Ed. Emecé, Bs. As., 2004 / Bidondo, Emilio, La guerra de la independencia en el Alto Perú, Ed. Círculo Militar, Bs. As., 1979. / Mitre, Bartolomé, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Ed. Estrada, Bs. As., 1947. / Gianello, Leoncio, Historia de Santa Fe, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1986. / Zinny, Antonio, Historia de los gobernadores de las Provincias Argentinas, Ed, Hyspamérica, 1987 / Tarragó, Griselda B. y Barriera, Darío G., Nueva historia de Santa Fe, tomo 4, Ed. Prohistoria, Rosario, 2006.

http://es.wikipedia.org/wiki/Eustoquio_D%C3%ADaz_V%C3%A9lezaño 1946 del Poder Ejecutivo Nacional.

Fuente: Rodríguez Bosch, Raúl, Eustoquio Díaz Vélez. Soldado de la Independencia y la Organización Nacional, Ed. Selene, Bs. As., 1986. / Giberti, Hugo A., Buenos Aires. Calles conocidas, soldados olvidados, Ed. Edivérn, Bs. As., 2001 / Cutolo, Vicente, Nuevo diccionario biográfico argentino, Ed. Elche, Bs. As., 1968-1985. / Canido Borges, Jorge Oscar, Buenos Aires, esa desconocida; sus calles, plazas y monumentos, Ed. Corregidor, Bs. As., 2003 / Camogli, Pablo, Batallas por la libertad, Ed. Aguilar, Bs. As., 2005./ Ruiz Moreno, Isidoro J., Campañas militares argentinas, Tomo I, Ed. Emecé, Bs. As., 2004 / Bidondo, Emilio, La guerra de la independencia en el Alto Perú, Ed. Círculo Militar, Bs. As., 1979. / Mitre, Bartolomé, Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina. Ed. Estrada, Bs. As., 1947. / Gianello, Leoncio, Historia de Santa Fe, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1986. / Zinny, Antonio, Historia de los gobernadores de las Provincias Argentinas, Ed, Hyspamérica, 1987 / Tarragó, Griselda B. y Barriera, Darío G., Nueva historia de Santa Fe, tomo 4, Ed. Prohistoria, Rosario, 2006.

http://es.wikipedia.org/wiki/Eustoquio_D%C3%ADaz_V%C3%A9lez

miércoles, 13 de mayo de 2015

FEDERICO LACROZE

FEDERICO LACROZE



Nació en Buenos Aires el 4 de noviembre de 1835, siendo sus padres Juan Alejandro Lacroze Durán, oriundo de Castillon, Francia y Mercedes la Santísima Trinidad Cernadas, porteña. Cursó sus estudios en Buenos Aires, y una vez finalizados se dedicó al comercio, siendo hasta los 20 años de edad empleado de la Casa Mallmann y Cía., representante de un grupo de banqueros de Londres, Amberes y París. Posteriormente se radicó en Chivilcoy dedicándose a la agricultura y al comercio, logrando obtener una posición sólida que le permitió ser un exitoso banquero local.
 No necesitó del título de europeo, ni siquiera de la recomendación de haber estudiado en Europa para, a los veinticinco años de edad concebir la idea de la posible realización de un tranvía en Buenos Aires, y conseguir, tras larga vía crucis de contrariedades la autorización gubernativa en 1868 y llevarla a la práctica en 1870 venciendo toda clase de inconvenientes, desde la escasez de capitales hasta la oposición terca y sistemática de los vecinos mejor conceptuados y propietarios de lo edificado en las calles de la ciudad, que había de recorrer la nueva locomoción.
 Sin más capital que 750.000 pesos de la antigua moneda, producto de sus economías como comerciante y después banquero, de los cuales una parte era de su hermano Julio, se lanzó a la gran empresa, después de haber vencido la oposición sostenida ante el Poder Ejecutivo por firmas nacionales como: Anchorena, Basualdo, Estrada, Achával, Barra, Moreno, Mallo Muñiz, Lozano, Ezcurra, Leguía, Escalada y Terrero, y extranjeros como Larroque, Schmidt, Capelli, Sommer, Kramer García, Ruiz, Marcó, Burnichón Cañas, Roverano, Bell Fourcade, Perissée, Zamboni y otros propietarios de la casas de Rivadavia, Suipacha y Tacuarí, en 1870, que creían que el tranvía era una amenaza pasando por calles tan transitadas en que por fuerza debía originar muchas desgracias.
 Fue, por esto, por lo que el Gobierno, después de mandar archivar estos memoriales, ordenó que los coches llevaran, de avanzada a veinte pasos más o menos, a guisa de heraldos, un jinete sin otra misión que la de advertir con toques de corneta, en cada bocacalle la aproximación del temible vehículo.
 En la primera línea que se inauguró, recorría las calles de Cangallo, Callao y Piedad, desde Ecuador a Talcahuano, un convoy compuesto de dos coches, con bandera francesa el uno e inglesa el otro, yendo como cuarteador y trompetero, Juan Lapegua, guerrero del Paraguay; y cocheros Pedro Picarel y Francisco López, españoles, y mayorales Hilario Rodríguez y Baldomero Rodríguez, criollos, uno de los cuales, Baldomero, murió en el Parque, en la revolución del 90. Estos individuos son los decanos de esa inmensa colectividad que tantos y tan varios disgustos ocasionó diariamente a los que transitaban del modo más primitivo o tenían necesidad de sus servicios.
 Como pasaje se usaba una moneda de metal blanco de cuatro gramos de peso.
Más adelante, el 12 de abril del mismo año 1870, se puso en servicio el primer coche especial para pasajeros de la estación del Once, y fue el capitán del 4º de Línea, en la guerra del Paraguay, Francisco Mayo, el mayoral o guarda que lo condujo.
 Entonces, con el nuevo tráfico se instauró como estación, en el Centro, la puerta de la confitería de Godet, en Cangallo, poco más o menos donde estuvo luego la Chocolatería Seminario, y como se aumentaran los viajeros, en los días festivos venía a cuartear y anunciar un segundo convoy, con su trompeta y su caballo particular, el capitán Jara también de la guerra del Paraguay, y perteneciente luego al Cuerpo de Inválidos.
Esta primera línea, que se llamó Central muy aumentada y mejorada, fue vendida a la compañía Anglo Argentina.
 Enseguida, el activo señor Lacroze, cuyo lema era. “el tiempo es oro”, fundó el Tramway Rural, a vapor, que llegó a recorrer más de 200 kilómetros de terrenos de la provincia de Buenos Aires, beneficiando a los hacendados y chacareros, con precios de transporte más ventajosos que los ferrocarriles.
 Estaba casado con María Etchevetz, y de dicho matrimonio nacieron tres hijos: Federico, Carlos y Teófilo. Fallecida su esposa, contrajo segundas nupcias el 27 de agosto de 1887 con la irlandesa Ana Browne Kirk.
 Fue miembro de la masonería, iniciándose el 13 de agosto de 1857 en la Logia Regeneración Nº 5.
 Falleció en Belgrano el 16 de febrero de 1899, víctima de una enfermedad que no pudo dominarle nunca, sino en la última hora. Sus restos se hallan en el Cementerio de la Recoleta.
Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
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