sábado, 26 de septiembre de 2015

GABINO EZEIZA

GABINO EZEIZA


Hay seres que parecen nacer para dar pábulo a la leyenda, para alimentar la llama inextinguible del Mito. Gabino Ezeiza, el famoso payador negro, fue uno de ellos. Ya en vida su figura había adquirido perfiles legendarios, que el tiempo transcurrido desde su desaparición ha ido acrecentando, al punto que sólo una precisa y nítida investigación podrá distinguir, en su biografía, lo real de lo imaginario.
Corría el verano de 1858, Buenos Aires separada de la Confederación vivía en constante pie de guerra con las provincias federales. Gobernaba Valentín Alsina y la idea de Bartolomé Mitre de crear “La República del Plata”, propuesta años antes, bullía en el caletre de muchos de sus miembros.
Los negros, concentrados mayoritariamente en las parroquias de Balvanera, Montserrat, San Telmo, Catedral y La Concepción, constituían un núcleo importante en la población de Buenos Aires y a pesar de los años transcurridos desde la abolición de la esclavitud, muchos hombres y mujeres continuaban sirviendo a sus antiguos amos. (1) El resto que prefirió ser libre vivía en la extrema pobreza, sin tener los hombres otro medio de subsistencia que vender por las calles de la ciudad, pasteles, mazamorra, pan casero o escobas, productos todos que elaboraban con paciencia y dedicación. Las mujeres, por su parte, no poseían otra alternativa que ofrecerse como lavanderas, cocineras o amas de cría. Tantas estrecheces y obstáculos, aparte de la marginación clasista que padecían, terminaron por extinguirlos como grupo étnico y aunque los factores determinantes fueron muchos y diversos, consideramos que, la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), la epidemia de cólera (1868) y la fiebre amarilla (1871), amén de las luchas intestinas en diferentes períodos , fueron los más importantes.
No obstante, a los seis años de su derrocamiento, “la morenada” permanecía siendo fiel a Don Juan Manuel de Rosas y ese pensamiento, más íntimo que político, no era bien visto por las autoridades del puerto de Buenos Aires que aún no habían superado el odio acumulado en tanto tiempo de antagonismo.  En este estado de cosas el 19 de febrero había nacido el niño Gabino Jacinto Ezeiza en la modesta vivienda de la calle Chacabuco 242 de Buenos Aires. Su bautismo se realizó el 6 de abril del mismo año en la Parroquia de la Concepción. Hijo de Joaquín Ezeiza, quien había servido a la familia Ezeiza, de ahí su apellido, y descendía por su abuelo de un trompa de Rosas. Su madre fue Joaquina García. Don Joaquín fue dado de alta en el ejército con el grado de subteniente 2º, en el 2º Batallón del 3º Regimiento, 1ª División Buenos Aires y destinado a la guerra con el Paraguay. Comenzó su campaña el 1º de julio de de 1865 en Ayuí Chico y finalizó en Tuyutí, donde falleció el 18 de mayo de 1867. El gobierno argentino declara la guerra al Paraguay el 5 de mayo de 1865 y a menos de dos meses de producida, Joaquín Ezeiza está en el frente con el grado de subteniente 2º, lo que hace sospechar que no tenía actividad militar anterior y que su graduación es producto de un “enganche” voluntario en el cuerpo de Guardias Nacionales.
Según Héctor P. Blomberg “el negrito Gabino no faltaba nunca a las payadas que se realizaban con frecuencia en su barrio. Escuchaba, conmovido y absorto, los torrentes de coplas que surgían de labios criollos, bajo el alero de los patios coloniales, sobre las vihuelas melodiosas, y sentía despertarse en su corazón infantil el amor a todo aquello”.
Quien primero puso una guitarra en sus manos fue un pardo muy viejo, que tenía una pulpería en el bajo de San Telmo. Se llamaba Pancho Luna, y fue payador cuando joven, en los tiempos de Rivadavia. Al cumplir quince años le compraron a Gabino una hermosa guitarra española. Por ese entonces, 1873, y según relato del propio Gabino, hacía varios años que había quedado huérfano de padre y madre, ya que ésta murió con anterioridad a la muerte del padre en 1867.
A comienzos de 1876 Gabino era un “morenito” delgado, de simpática planta, ojos vivaces, labios gruesos y protuberantes, frente despejada y pelo mota, que vestía con pulcritud y buen gusto, dedicándose con entusiasmo a dar vuelo a sus inquietudes literarias y ocupando parte de su tiempo en la buena lectura. El sábado 1º de enero de 1876 salió el primer número de La Juventud, semanario que al parecer estaba dedicado al bello sexo. Allí encontramos la primera colaboración de Gabino Ezeiza. Son versos y ¡qué versos! Defectuosos de forma, con errores en el metro silábico, faltos de unidad en lo narrativo y de un pretendido estilo romántico como ingenuo. A pesar de las incorrecciones apuntadas, revelan las buenas intenciones de un principiante.
A orillas del Plata
Bogaba un marino
del Plata a la orilla,
en una barquilla
con increíble afán.
Cortando las olas
que al verse vencidas,
van y embravecidas
en las toscas dan.
Mas llega la barca
de la tosca al lado,
feliz ha llegado
y en tierra saltó
alegre el marino
risueño el semblante
y luego al instante
la barca amarró.
Con paso seguro
casi a la carrera,
cruza la reguera
luego se paró,
en una casita
de pobre apariencia,
luego con las manos
las palmas batió.
Se abrió una ventana
y apareció ella,
una joven bella
-¿quién va? – preguntó,
-¿ya no me conoces?-
contestó el marino,
-¡Soy yo, prenda amada!-
y la puerta se abrió
A partir de su segundo número el periódico comenzó a aparecer los domingos y en esa edición obsequiaba a sus lectoras un cuento por entrega titulado El Ramo de Flores, con el subtítulo de Leyendas de Costumbres y firmado por Liberato, seudónimo de Gabino. El joven estaba a punto de cumplir dieciocho años y sus pensamientos eran de ensoñación y romanticismo. Había logrado en parte materializar su confesada inclinación por las letras, dirigía la sección literaria del periódico en que colaboraba y era el niño mimado de aquella sociedad. Se presume que Ezeiza se consagró entero al canto en años posteriores a esta etapa de su vida, bien pudiera ser desde su alejamiento del periódico a mediados de 1878 o en las proximidades de 1880. Para mediados de 1879, tenía fijado su domicilio en la calle Defensa 343, dentro de los límites de la Parroquia de San Telmo y su oficio declarado era el de jornalero.(2)
Revolución del ochenta
Corría el mes de mayo de 1880. En Buenos Aires la agitación política que se vivía en aquellos días, era el presagio de la inevitable lucha fratricida que se desencadenaría poco tiempo después. El enfrentamiento entre el Dr. Carlos Tejedor, Gobernador de la Provincia y candidato presidencial del Partido Autonomista y el general Julio A. Roca, ex Ministro de la Guerra y candidato del Partido Nacionalista, había llegado al máximo de intolerancia; cada uno exigía la renuncia del otro como prenda de paz, pero la posición intransigente de ambos hacía imposible cualquier tipo de negociación. La lucha estalló y finalmente, con la renuncia del Dr. Tejedor, el 30 de junio se concertó la paz sobre la base de la Ley de Federalización, que tras largos debates se sancionó el 21 de setiembre. En ella se declaraba capital de la República y asiento del gobierno nacional al municipio de la ciudad de Buenos Aires. Gabino Ezeiza en el tiempo de estos sucesos tenía 22 años y según sus biógrafos participó en forma activa de los mismos. La revista “Lo que canta el pueblo” expresa: “Concurrió al combate del 21 de junio con el batallón 15 de Febrero, a las órdenes del comandante Elliot y el entonces mayor Vico, donde se comportó bizarramente recitando algunas estrofas en el momento de la lucha”.
Que Gabino ya cantaba en ese entonces es cosa cierta, así lo indica al menos un comentario hecho por el diario “La Razón”, en el año 1909, donde decía: “Terminada la revolución del ochenta, surgió de los últimos campamentos la afición al canto criollo de contrapunto y se destacó en esa época con el título de payador, un morenito vivo, locuaz, satírico e intencionado, que en hermosas y valientes improvisaciones, arrastraba, como orador fogoso, masa del pueblo que le seguían a todas partes para escucharle sus estilos camperos y milongas orilleras. Ese cantor era Gabino Ezeiza, todavía vive y por ahí anda con su guitarra y sus lamentos”.
Por entonces ya lo envuelve en su círculo amistoso, en el seno de la colectividad morena de Buenos Aires, una aureola de prestigio. Pardos y morenos forman mundo numeroso y aparte, allá por la década del ochenta. Tienen sus asociaciones particulares, organizan pintorescas comparsas para Navidad y Carnaval, crean sociedades propias de socorros mutuos, discuten con vehemencia sus problemas en sus periódicos y fuera de ellos, y hasta piensan en establecer escuelas para la educación del hombre de color. Llevan, en fin, una intensa e interesante vida de sociedad. De ahí que el juvenil Gabino asista con frecuencia a tertulias familiares, participe en bailes y fiestas, y entretenga en la amable compañía de amigos y muchachas buena parte de sus horas.
Sus primeras actuaciones
Recién se tiene noticias fehacientes de sus actuaciones en los primeros días de 1882, a través del semanario “La Broma”, una hoja periodística perteneciente a la comunidad morena. La nota publicada, comienza diciendo: “El lector se recordará de Gabino Ezeiza. Gabino era uno de los colaboradores de “La Juventud”, periódico que vivió más de lo que viven otros (…) Bien, Gabino se ha dedicado a la paya y para el efecto se ha hecho un excelente payador”.
El camino del payador, aunque en corto trecho, se estaba trazando. En ese mismo año aparece el nombre de Nemesio Trejo como cantor oficial del caudillo boquense José “Pepe” Fernández. Trejo fue quien acompañó a Ezeiza en sus primeros triunfos en Buenos Aires.
En 1884 Gabino alcanzó su consagración. En él obtuvo sus más resonantes éxitos, recibió elogios de altas personalidades, vivió días de gloria, logró el título de máximo improvisador, fue agasajado como un triunfador y lo más importante, impuso como arte y para siempre, el canto del payador en el Río de la Plata, donde puso de relieve su propia condición de artista.
No se sabe si enterado que en la vecina orilla había un payador con fama de invencible, llamado Juan de Nava, cruzó el charco para ponerse a prueba o sí a instancias de amigos comunes hubo un convenio previo, la cuestión es que Ezeiza en compañía de José María Silva, joven payador discípulo suyo y los guitarristas Gómez y Rodríguez, arribaron al puerto de Montevideo entre el 20 y 21 de julio.
Nava era cantor oficial y protegido del dictador Máximo Santos. El miércoles 23 hubo una tenida entre él y Gabino Ezeiza en la cancha de pelota de la calle San José entre Ibicuí y Quareim, propiedad del Sr. Jorge Díaz. El recinto estaba colmado con más de 300 personas. Aquella fue una jornada de gloria para el payador argentino y la prensa uruguaya no tuvo reparos en reconocer sus méritos: “… declaramos con toda sinceridad, que Gabino le lleva grandes ventajas a Nava, es un verdadero poeta, de inspiración levantada y que improvisa con pasmosa facilidad, midiendo acabadamente los versos, cosa rara entre la mayor parte de los que pasan por payadores”. (3)
En los días siguientes fue colmado de agasajos, visitas, invitaciones y obsequios, todos querían demostrarle su admiración. El viernes 25 por la mañana, respondiendo a una invitación del Presidente de la República, el general Máximo Santos, se presentó en el cuartel de la escolta presidencial, donde fue recibido por el primer mandatario. Hechas las presentaciones, pulsó la guitarra y saludó en florida improvisación al jefe de estado y a otras autoridades de gobierno, por lo cual fue objeto, aparte de las felicitaciones, de diferentes obsequios.
Luego de otras memorables actuaciones se convirtió en el personaje de aquellos días, no solamente en los corrillos populares, sino en los sectores privilegiados de la sociedad uruguaya. Quizás el mayor logro de Ezeiza haya sido conquistar la consideración de la intelectualidad montevideana, quien gratamente sorprendida por su inspiración ingénita, le brindó su protección espontánea, en muestras de simpatía y en palabras de encomio.
Aquella consagración de Ezeiza, debe ser tomada como el punto de partida del payador rentado. Fue la revelación del canto criollo, puesto que, no solo proyectó a su intérprete en artista, sino que permitió a la sociedad en conjunto, sin diferencias de clases, reencontrarse con sus raíces culturales a través de la expresión criollista, exaltando la evocación del gaucho, en su vida sus usos y costumbres.
El miércoles 20 de agosto regresó a Buenos Aires a bordo del vapor Apolo., compartiendo la travesía con varias personalidades, quienes reunidos en el salón de la nave comentaban sus recientes éxitos en Montevideo. En retribución a tantos halagos, Gabino pulsó la guitarra y entretuvo a los viajeros con chispeantes y ocurrentes improvisaciones, mencionando a unos o señalando algún suceso imprevisto. Entre los presentes se hallaba el doctor Rafael Calzada, reconocido periodista y hombre de letras, quien asombrado ante tanta prodigalidad, se puso de pie y alzando su copa en señal de brindis, improvisó:
De mi entusiasmo al calor
de tu estro la grandeza
y tu numen creador,
a tu salud payador
bebo un vaso de cerveza.
La respuesta de Gabino fue instantánea:
Ese verso improvisado
fue con tanta exactitud,
que doctor, me veo obligado
en beber a su salud.
A partir de 1884 otros nombres se suman a la cruzada iniciada por Gabino. Ellos son José María Silva, Nemesio Trejo y Pablo José Vázquez, todos muchachos veinteañeros formados a su lado. Las enseñanzas y renovaciones promovidas por Ezeiza hicieron escuela.
El 21 de agosto de 1884 estaba nuevamente en su ciudad natal, donde un grupo reducido de amigos le tributó una calurosa recepción, excepto el periodismo que no ofreció ninguna información sobre su regreso.
Ese mismo año, en Buenos Aires, payó dos veces con Nemesio Trejo. Una de las payadas fue organizada a beneficio de las víctimas de una gran inundación ocurrida por esos días, debido al desborde del Riachuelo. Se llevó a cabo en “Cancha Belgrano” (Belgrano 222). Durante el transcurso de la misma de pronto se escuchó un fuerte crujido, ocasionado al ceder las bases de la gradería alta, a un costado de la puerta de entrada, por la excesiva cantidad de personas que la habían ocupado, rompiéndose en la caída tablas y tablones. (4) Pasado el susto volvió a sonar la guitarra y tras un aire de milonga, Gabino improvisó:
Cuatro tablas que se han roto
ya cuanto menos no es tanto,
guarden silencio señores
que va a continuar el canto
La otra payada con Trejo se efectuó el 10 de noviembre en el teatro “La Alegría”, el argumento que cantaron fue la muerte del malogrado Benigno Baldomero Lugones (periodista y escritor) y la fiesta que para socorrer a su familia se había organizado, salpicando sus cantos con estrofas alusivas a los incidentes ocurridos tanto en los asaltos de sable, florete y palo que allí se efectuaron esa misma noche como en la propia payada.
Gabino no se daba pausa en su trajinar por los pueblos. Empezaba a convertirse en aquel payador errante que solo y con un circo –propio o ajeno- recorrió prácticamente toda la República.  En los primeros meses de 1885 Ezeiza inició su gira por el litoral uruguayo junto a José Maria Silva, realizando exitosas actuaciones en Mercedes, Villa de Dolores, Paysandú, Salto, Concordia (Argentina) y Montevideo.
Poco se ha tenido en cuenta las virtudes cívicas de Gabino Ezeiza, sobre todo cuando se recuerda su militancia radical, en relación a la cual, algunos faltos de información o mal intencionados le aplicaron el despectivo mote de “cantor de comité”. Gabino desde joven tuvo preocupaciones cívicas y su ejemplo más notorio ha sido su activa participación en la revolución del ochenta, en defensa de una causa que consideraba justa.
El año 1891 lo encuentra de nuevo en la capital oriental incorporado a la compañía Podestá-Scotti. Su debut se produce el 14 de abril en el picadero del “Politeama”, causando una verdadera sensación. Luego de permanecer unos días más en Montevideo, regresó a Buenos Aires donde actuó en el Jardín Florida el jueves 30 de abril, con la representación de Juan Moreira, tomando parte Ezeiza en la escena de la fiesta. Las desventuras del cuchillero de Navarro trasladadas al teatro fueron un éxito. El jueves 5 de mayo presenció la misma función el Presidente de la República, doctor Carlos Pellegrini, a quien Gabino le ofreció lo mejor de su inspiración.
Ese mismo año desafió a Pedro Vázquez, quien aceptó la confrontación, fijándose la payada para el martes 23 de junio en el teatro Politeama. Ese día el teatro estaba colmado en su capacidad. Dos órganos de prensa de la capital hicieron la crónica de la tenida coincidiendo ambos en el veredicto dado por el público y en el dictamen de cada uno de ellos. Uno de ellos (El Correo Español) decía:“Se verificó anoche la payada de contrapunto entre Gabino Ezeiza y Pablo Vázquez. Contra lo que se esperaba, el hasta ahora invencible Gabino, fue derrotado por su contrincante. No hubo jueces que lo declarasen así, pero el inmenso público que asistió, dio el lauro de la victoria a Vázquez, y se lo dio porque se lo merecía”. Fue una mala noche para Gabino.
La misma payada se reiteró el 1º de julio en el mismo escenario que la anterior. La crónica del “Sud América” manifestó: “Con numerosa concurrencia tuvo lugar anoche la segunda payada entre Ezeiza y Vázquez. Como en la primera quedó triunfante Vázquez”.
En 1893 Gabino se independiza de Podestá-Scotti e instala su propio circo. Una de las primeras actuaciones se produce en el mes de abril en la ciudad de Rosario, donde ofrecía ejercicios ecuestres y gimnásticos a cargo de la familia Holmer, dramas criollos y su propia actuación. El picadero se llamaba “Circo Gabino Ezeiza”.
Meses después, la revolución radical en Santa Fe, acaecida el 30 de julio, estaba en plena efervescencia. El jefe político de la misma, doctor Mariano Candioti, que asumiera el 3 de agosto la gobernación de la provincia en nombre de la junta revolucionaria, tuvo que renunciar el día 24, haciéndose cargo de la misma el interventor Baldomero Llerena. Si bien en los primeros momentos parecieran haberse aquietado las aguas, con el correr de los días el clima político se fue enrareciendo nuevamente y ante el peligroso cariz que tomaban los acontecimientos el gobierno nacional envió como nuevo interventor al general Liborio Bernal, quien asumió el 23 de setiembre. A partir de aquí todo se precipitó y al día siguiente estalló nuevamente la revolución y la lucha armada fue un hecho en diversos lugares de la ciudad y en otros departamentos de la provincia. Ezeiza, quien según algunos habría llegado a la capital de la provincia unos días antes con el santo y seña de la revolución, instaló su circo en la calle San Jerónimo entre Tucumán y Rioja. Producida la revuelta, Gabino, con varios componentes de su compañía improvisó un cantón en esa misma esquina, volcando un tranvía a caballo.(5) Se cuenta que sofocada la sedición y presos los integrantes de la trouppe circense, éstos en su mayoría extranjeros, se defendieron diciendo que Ezeiza los había obligado a pelear contra su voluntad. El día 25 y a medida que las fuerzas gubernamentales ganaban posiciones, la lucha se hizo más cruenta, viéndose obligados los revolucionarios a buscar posiciones de resguardo. Gabino, quien se hallaba luchando al lado de un “batallón suizo”, buscó junto a éstos refugio en la estación del ex Ferrocarril Provincial, salvando la vida en forma providencial.
En las primeras horas de la mañana del día 26, la intentona revolucionaria había sido derrotada. Gabino fue detenido en Rosario el 18 de noviembre, después de cincuenta y tres días de estar fugitivo. El doctor David Peña, director del diario oficialista “Nueva Época”, comentaba, días más tarde de ocurridos estos sucesos, en un artículo que tituló: “Un payador metido a revolucionario”: Gabino Ezeiza había trocado su guitarra por el fusil radical. Ya no es un misterio que entre los cachivaches de su circo vinieron armas para los revolucionarios de Santa Fe y que los anuncios de su llegada y estreno fueron una contraseña revolucionaria”.(6)
Se desconoce en qué fecha fue puesto en libertad, pero sí se sabe que para fines de marzo de 1884 estaba en San Nicolás, desde donde le escribe una carta al payador Honorio Fernández. Es muy probable que esta estada en San Nicolás haya sido con su circo, el que según tradición oral, estuvo instalado en la calle Francia entre Lavalle y León Guruciaga. Se sospecha que por ese entonces Gabino conoce a Petrona Peñaloza(7), moza quinceañera entonces y que años más tarde haría su esposa. Según Santiago G. Chervo, era bisnieta del caudillo riojano Angel Vicente Peñaloza, “El Chacho”.
Entretanto en octubre de 1894 llega el momento de la gran payada con Pablo J. Vázquez en Pergamino, uno de los sucesos capitales, por así decir, en la biografía del negro cantor y en la misma historia payadoresca, donde aquella justa sigue resonando con acentos poco menos que legendarios, por la calidad de sus contendientes y por su duración, que fue de dos noches, el 13 y el 14 de octubre en el teatro Florida de Pergamino. El jurado que actuó en esa oportunidad dictaminó que debía reputarse como vencedor a Gabino, según acta suscripta el 28 de noviembre de ese año.
Gabino que por ese tiempo era aún un hombre joven, pues contaba con 36 años, había pasado por las más severas pruebas de su arte, desde aquellas trenzadas en la trastienda bolichera, donde habrá aprendido el consejo del viejo Vizcacha, a “no pelear sin puyones”,hasta las topadas con Trejo, Nava y Silva, donde siempre salió airoso.
Vázquez en cambio fue la contraparte de Ezeiza, ya que no le conocemos experiencias de ese tipo, sospechando que su oficio de payador fue producto de una vocación temprana, abonada con inquietudes literarias y buena lectura, publicando para 1885 su primer folleto de versos, donde se anunciaba como payador argentino, contando a la sazón 21 años.
Estas distintas escuelas quedaron evidenciadas en los versos improvisados de uno y otro, mientras los de Gabino eran toscos y sin ningún pulimento, alguien los tituló “gauchescos”, los de Vázquez en cambio tenían color a poesía y eran expresados en un lenguaje correcto, no exentos de delicadeza.
El corresponsal de La Prensa, Joaquín V. González(8) manifestó: “…en cuanto a su manera de payar o luchar cantando de contrapunto, pueden compararse en principio a dos oradores, de los cuales uno fuese claro, correcto, nítido y sin rodeos y el otro, con el mismo talento, fuese inclinado a las argucias, a las intrigas del raciocinio, a los ardides y a los recursos parlamentarios. Así, Vázquez expone en estrofas redondeadas y más o menos concluyentes y Ezeiza se estira, se difunde, divaga, gira y revolotea en el mismo tono, ensartando palabras, palabras y más palabras buscando el final, hasta que lo encuentra a su gusto y entonces cambia de pronto la tonada y con un impulso nuevo y vigoroso, termina el período arrancando siempre al auditorio un estrepitoso aplauso. Todo esto, cuando no se le ocurre descubrir algún estilo reservado para las grandes ocasiones y sorprendiendo hasta sus más íntimos, deja oír las más conmovedoras armonías, en las que, la voz flexible y dócil se pone a llorar en compañía de la bordona y entonces, el concurso compuesto de criollos de corazones nacidos de la tierra se estremece como sacudido por una corriente eléctrica y las exclamaciones de ese instante son de verdadera gloria para el payador”. En julio de 1895 Ezeiza inició una gira por el litoral uruguayo en compañía del payador oriental José M. Madariaga y el prestidigitador español Alberto M. Acuña, anunciando su debut en el Teatro Progreso de Paysandú, para el sábado 27 de julio. Luego actuó en Concordia (Argentina), continuando por Salto
El Saludo a Paysandú
Heroico Paysandú, yo te saludo,
Hermano de la patria en que nací.
Tus hechos y tus glorias esplendentes
Se cantan en mi patria como aquí.
Aquí es necesario hacer un paréntesis, para referirnos a un hecho trascendente en la trayectoria artística de Gabino, el Saludo a Paysandú, el más célebre de sus compuestos y tratar de determinar en qué momento y dónde fue cantado.
Después de escuchar una decena de versiones, a cual más antojadiza sobre dónde se cantó el “Saludo” por primera vez, hemos hallado la del historiador “sanducero” Carlos Estefanell (9), quien tras paciente como prolija investigación, sostiene que bien pudo ser en una de las tres presentaciones en el Teatro El Progreso, entre julio y agosto de 1895, donde en el programa figuraba –Un saludo- y argumenta: “Y si era tradicional en Gabino saludar al pueblo sanducero antes de sus actuaciones, ¿No sería factible que en uno de esos saludos haya surgido el canto inmortal?”. Cabe agregar que bien pudiera ser el verso de despedida de la última noche, mencionado en la nota periodística: “Se despide de Paysandú con unos versos muy sentidos que le merecieron grandes aplausos”.(10) Esta es la única versión con fecha y lugar precisos y este es el hecho más importante, el cual descalifica las mistificaciones habidas en su torno; por otra parte, sospechamos que Ezeiza nunca lo interpretó con anterioridad a 1895, ya que en nuestro archivo no lo encontramos incorporado a su repertorio antes de ese año.
Pero sobre este asunto hay mucho para decir. Una de las versiones más difundidas dice, que hostilizado por un grupo de personas llegó hasta el barco atracado en el muelle y desde la barandilla cantó el famoso saludo. La única vez que Ezeiza tuvo algún problema en el Uruguay, fue en su primera visita a Paysandú en abril de 1885, por lo tanto se supone que el hecho sucedió en esa ciudad y en ese año. Ahora bien, en aquel entonces el muelle aludido no existía y los vapores de la empresa Mihanovich, que hacían el recorrido por el río Uruguay, anclaban en medio de éste, desde donde los pasajeros eran transportados en bote hasta la orilla. Resultan pues inverosímiles los fundamentos de la citada versión.
Después de tres largos años de ausencia de Buenos Aires, el año 1896 marca el regreso definitivo de Gabino Ezeiza a su ciudad natal, donde lo acompañará el éxito y mucha actividad.
Para el sábado 15 de mayo de 1897 se concertó una payada de contrapunto entre Ezeiza y su rival por excelencia, Pedro Vázquez, quien estaba padeciendo las etapas finales de una cruel enfermedad. Luego de esta tenida, realizada en Lomas de Zamora, Vázquez no regresó más a los escenarios. Enterado Gabino de la gravedad del estado de su colega y su difícil situación económica le hace llegar una carta en la que dice: “Gabino ofrece, dejando a un lado antiguos resentimientos, un beneficio a favor del enfermo, con elementos propios, en este pueblo o en Tandil, donde actualmente se halla”.(11) Este gesto de Ezeiza fue publicado en el diario local, bajo el título “Sentimientos generosos” y es realmente un acto de solidaridad y filantropía el ofrecimiento del moreno, que lamentablemente no fue interpretada del mismo modo: “Conocida esta carta por Vázquez, contestó rechazando dignamente la oferta, pero sin altivez, agradeciéndola y diciendo: -que si bien es cierto que su posición no es muy desahogada, no carece felizmente de recursos propios para atender su enfermedad”. Vázquez falleció el 26 de junio, cuando contaba treinta y tres años de edad.
En 1902 sostuvo otra payada memoriosa en San Antonio de Areco. Esta vez su contrincante fue Luis García, a quien no pudo vencer.
En 1912 intervino con éxito en un torneo internacional payadoresco efectuado en un teatro de Buenos Aires en el que los cuatro primeros premios fueron adjudicados a Ezeiza, Curlando, Vieytes y Caggiano. Gabino también realizó, entre otras, una payada memorable, en las esquinas de Yerbal y Nazca, junto a Martín Castro, payador de Ciudadela y autor de “El huérfano”. Dentro de los límites de la Capital Federal solía concurrir al café Oviedo, de avenida Chicago (actual avenida de Los Corrales) y San Fernando (actual Lisandro de la Torre) frente al Mercado de Hacienda de Liniers.
Llegamos al año 1914 y la primera actuación se la hallamos el sábado 7 de febrero en el escenario del Teatro Roma, ubicado en la calle Sarmiento 112, de la ciudad de Avellaneda, donde se presentó en una función a beneficio del actor aficionado Santos Mezzano. Para ese entonces Gabino estaba dedicado de cuerpo y alma a hacer proselitismo a favor del partido radical y para ello no mezquinaba esfuerzos ni sacrificios, ya sea colaborando con su canto en reuniones partidistas o sirviendo de enlace entre personajes influyentes de la misma causa.
Tras su agitada vida de cantor trashumante y como muestra inequívoca de cansancio es que Gabino centra su actividad en bares y cafés de Buenos Aires. En ese entonces tenía 56 años, 8 hijos que mantener (la menor Eugenia Juana, apenas de dos años y aún vendrían dos más).
A pesar de sus múltiples actuaciones, lo que ganaba sólo alcanzaba para lo más indispensable y si bien no padecía un estado de indigencia total, la pobreza que lo cercaba le mostraba el duro rostro de la realidad. La calidad de vida que en otra época disfrutó, había cesado.
Su última actuación se verificó el sábado 30 de setiembre en el Teatro La Perla, de la calle Domínguez 659, de la localidad de Piñeyro, partido de Avellaneda.
Falleció de endocarditis el día 12 de octubre de 1916, a las 4.25 de la tarde, en su domicilio de Azul 92, del barrio de Flores. Esa misma tarde asumía la presidencia de la nación el doctor Hipólito Irigoyen, candidato del partido radical, ideario político al que el moreno payador le dedicó lo mejor de sus horas. Se cuenta que al enterarse de la muerte de Ezeiza, el Dr. Irigoyen dijo: “¡Pobre negro, el sirvió!”. En esta expresión de pesar quedó resumido todo el esfuerzo de su convicción política, de la que no claudicó un solo instante.
Una placa colocada en Azul 92, en el barrio de Flores, recuerda al negro Gabino Ezeiza. Allí, a los 58 años murió en su humilde casa, pobre como todos los juglares del pueblo.
La leyenda de Gabino se despierta cada 12 de octubre, cuando sus seguidores se reúnen en la tumba del cementerio de Flores, para brindarle homenaje a este personaje tan recordado y querido.
Buenos Aires de mi amor, ¡oh, ciudad donde he nacido! No me arrojes al olvido yo, que he sido tu cantor. De mi guitarra el rumor recogió en sus melodías, el recuerdo de otros días que jamás han de volver, los viejos cantos de ayer que fueron las glorias mías.
Referencias
1) Natale, Oscar – Buenos Aires Negros y Tangos – Buenos Aires (1984).
2) Registro Cívico Nacional. Año 1879.
3) El Indiscreto, Semanario – Montevideo, domingo 27 de julio de 1884.
4) La Patria Argentina, Buenos Aires, martes 21 de octubre de 1884.
5) López Rosas, Rafael – Historia de las Instituciones de la Provincia de Santa Fe, en El Teatro en la Provincia, Pág. 246.
6) Vigo, José M. – Todo es Historia, N 39, julio de 1970.
7) Chervo, Santiago G. – Radiografía de San Nicolás de los Arroyos – San Nicolás (1978).
8)González Arrilli, Bernardo – Buenos Aires 1900 – Página 45
9) Estefanelli, Carlos – Homenaje a Gabino Ezeiza – El Telégrafo, Paysandú, Uruguay, 8 de setiembre de 1978.
10)El Paysandú – Paysandú, Uruguay, 2 de agosto de 1895.
11) La Unión – Lomas de Zamora, Buenos Aires, 19 de junio de 1897.
Fuente
Blomberg, Héctor Pedro – El adiós de Gabino Ezeiza.
Cristoforetti, Marita y Brichetto, Alberto – El payador de Flores.
Di Santo, Victor – Gabino Ezeiza, Precursor del arte payadoril rioplatense – Buenos Aires (2005).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Portal www.revisionistas.com.ar
Turone, Oscar A.. – Gabino Ezeiza, El último payador.
Soler Cañas, Luis – Gabino Ezeiza, verdad y leyenda.
Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Marcos Paz

Marcos Paz



Nació en Tucumán el 7 de octubre de 1811, siendo sus padres, el Dr. Juan Bautista Paz, célebre ministro del gobernador Alejandro Heredia y varias veces delegado en el mando de la Provincia, y Plácida Mariño Lobera Castro, ambos tucumanos.  Se educó en Buenos Aires, graduándose de abogado en 1835, en la Universidad de esta Capital.  Recién recibido de abogado se trasladó a Tucumán, donde el gobernador general Alejandro Heredia lo designó su secretario, acompañándolo en la campaña emprendida en agosto de aquel mismo año (1835) contra las fuerzas catamarqueñas del general Felipe Figueroa, al que derrotó en 13 de setiembre en el Chiflón, provincia de Catamarca.
Heredia otorgó grados militares al joven abogado, el cual se incorporó en 1837 al ejército confederado que operó a las órdenes del general de referencia, contra el dictador de Bolivia, mariscal Santa Cruz.  El Dr. Marcos Paz formó parte de las fuerzas de vanguardia bajo el mando del general Gregorio Paz, en el carácter de sargento mayor, y cuando en mayo de 1838, Marcos Paz entraba con la extrema vanguardia de las fuerzas argentinas en el pueblo de San Diego, al sur de Tarija, a fines de aquel mes, el gobernador boliviano Dorado, de aquella provincia, se puso en vergonzosa fuga.  Paz estuvo en el combate de Cuyambuyo, el 24 de junio.  El 2 de abril de 1839 fue incorporado a la Plana Mayor Activa del Ejército de la Provincia de Buenos Aires como teniente coronel de Caballería “por haber tomado parte en la guerra contra Santa Cruz”, figurando en las listas de la mencionada P. M. correspondientes al mes de enero de 1852, con la nota “En la División del Centro”.
Continuó prestando servicios a la causa federal y después de Caseros (1) se incorporó a las filas de Urquiza cuando sitió la ciudad de Buenos Aires en 1853, actuando en calidad de secretario del general Hilario Lagos durante el asedio.  El 12 de junio de aquel año fue elegido diputado por la 9ª Sección de la Provincia, a la Convención encargada de estudiar la Constitución de Buenos Aires, que no cumplió su cometido por el levantamiento del sitio.
El 11 de noviembre de 1853 fue designado para formar parte de la Comisión encargada de gestionar en varias provincias que cesare el estado de guerra en que se hallaban.  En 1855 fue elegido senador por la provincia de su nacimiento al Congreso Federal de Paraná, cargo que ejerció hasta el año 1858, en que renunció.
Se hallaba en Buenos Aires cuando fue designado el 15 de marzo de 1858 gobernador de Tucumán, pero no se recibió del cargo hasta el 16 de mayo, ejerciéndolo hasta el 15 de marzo de 1860, en que fue reemplazado por el Dr. Salustiano Zavalía.  Compartió con el gobernador Paz las tareas administrativas el Dr. Prudencio José Gramajo, primeramente, desde mayo a setiembre de 1858, por hallarse ausente el Dr. Próspero García que las ejerció hasta el término del período de gobierno del Dr. Paz y al que sustituyó tres veces por ausentarse el titular para recorrer la sede de su mando.
Cuando el Dr. Paz llegó a Tucumán y tomó a su cargo los negocios públicos, el Erario de la provincia se hallaba en completa bancarrota; pues a más del déficit del presupuesto, una parte considerable de las rentas habían sido invertidas en el sostenimiento del orden público, continuamente amenazado.  El primer paso del nuevo gobernador fue levantar un empréstito voluntario para atender los gastos que demandara la conservación del orden amenazado por Isidoro López y se realizó con una facilidad inesperada, en vista de la crisis momentaria porque hacía tiempo estaba pasando la provincia de Tucumán.  Todas las obras públicas que se habían emprendido en la administración de su antecesor, el Dr. Agustín Justo de la Vega, y se suspendieron por razones poderosas, quedaron terminadas o por terminarse.
En los altos del Cabildo quedó listo el departamento destinado a casa de gobierno.  Quedó igualmente listo el amplio salón destinado a sesiones del cuerpo legislativo, con un local conveniente para la ubicación del público durante las sesiones; una sala bien cómoda para el tribunal común a las provincias del Norte: Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Jujuy; una oficina para el juez de alzada y otra para el de primera instancia.  Se instalaron en la parte baja del mismo Cabildo, cómodamente las escribanías.
Al gobernador Marcos Paz debe Tucumán la fundación e instalación de la Sociedad de Beneficencia, el 23 de junio de 1858, la que estaba compuesta por 21 distinguidas matronas de la sociedad.  Echó, igualmente, los cimientos para la biblioteca pública, para cuyo fomento se levantaron suscripciones, además de los fondos destinados por el gobierno.  La obra del Colegio de San Martín quedó también terminada.
Fue también durante la progresista administración del Dr. Paz que el ciudadano Emidio Salvigny, antiguo oficial del ejército de Belgrano, hizo reparar, bajo su dirección y pagando de su peculio, la pirámide erigida en La Ciudadela por el vencedor de Tucumán y Salta, patriótica demostración que el gobernador Paz aceptó por decreto del 13 de junio de 1858.  En este asunto tuvo participación entusiasta, el entonces Jefe de Policía, coronel Juan Estanislao de Elías, veterano del Ejército Libertador.
También fue una medida de este gobierno ejemplar, el levantamiento de un censo en la capital y provincia, en el mismo año 1858, comisionando para su arreglo a su cuñado, el coronel José Segundo Roca, que reemplazó al coronel Elías, por renuncia de éste, en el cargo de Jefe de Policía, el 27 de octubre de aquel año.  Tal censo arrojó un total de 90.000 habitantes en toda la provincia.  Durante su administración murió en Tucumán, el presbítero Dr. José Eusebio Colombres, congresal de la declaratoria de la Independencia de las Provincias Unidas, infausto suceso que tuvo lugar el 11 de febrero de 1859, rindiéndole el Gobierno honores militares que estuvieron a cargo del precitado coronel Elías.
La instrucción pública mereció especial atención de este gobernante.  Cuando debieron tener lugar las elecciones para elegir su sucesor, el Dr. Paz tomó (enero de 1860) las más amplias medidas para impedir el fraude electoral tan común entonces y ahora en este país, y que el acto se cumplimentara de acuerdo a las disposiciones de la ley de la materia en aquella provincia, de fecha 19 de mayo de 1826, sancionada bajo el gobierno del general Aráoz de Lamadrid.  Las mesas eran presididas por el juez de 1ª instancia en lo civil y por el comercio en la ciudad, y por los jueces de distrito en la campaña.
A los dos años de una administración digna de imitarse, el coronel Dr. Marcos Paz entregó el mando a su sucesor, Dr. Zavalía.  Por los importantes servicios prestados a la provincia, la Legislatura acordó un voto de gracias a su ex-gobernador; y los residentes extranjeros le hicieron una demostración al día siguiente de entregar el mando, en la que se evidenció la alta simpatía con que se había visto su obra realmente patriótica.  El gobernador Paz supo reunir dos cosas en el ejercicio de su cargo: la justicia y la fuerza, la energía en la moderación, la generosidad para con todos y el desinterés por sí solo.
Poco después fue designado convencional para la reforma de la Constitución del 53, en conformidad con el tratado ajustado entre la Confederación y Buenos Aires, el 11 de noviembre de 1959.  En 1860, el Dr. Paz obtuvo 49 votos en los colegios electorales de la República para vice-presidente de la Confederación.  Fue nuevamente elegido senador hasta 1861.
Se hallaba el Dr. Derqui, Presidente de la Confederación, al mando de la provincia de Córdoba, cuando el 17 de junio de 1861 fue tomado preso por el comandante Pedro Rapela, el senador nacional al Congreso Federal de Paraná, coronel Dr. Marcos Paz, que atravesaba clandestinamente los campos del sur de la provincia de Córdoba, con escolta de fuerzas porteñas, el cual marchaba con una misión subversiva, de la cual tenía conocimiento el Dr. Derqui, el cual sabía la fecha y hora de su partida de Buenos Aires, las instrucciones que le había impartido el general Mitre y los propósitos que debía poner en ejecución.  Acompañaban al coronel Dr. Paz varios oficiales porteños destinados a mandar y organizar cuerpo en Córdoba y Santiago del Estero (2).  El 19 de junio, Paz llegó a Córdoba bien asegurado y a pesar de la representación de más de 50 señoras de las principales familias de Córdoba, el 9 de julio, ante el general José María Francia, pidiendo por el preso, que se hallaba con grillos y en un calabozo húmedo y helado, lo único que se logró fue el traslado de Paz a la ciudad de Paraná, a donde fue conducido por el teniente coronel Mariano Cordero.
Puesto en libertad a consecuencia de la batalla de Pavón y del derrumbe de la Confederación por orden expresa del general Urquiza, se trasladó a Rosario.  El coronel Paz fue elegido gobernador provisorio de la provincia de Córdoba el 16 de diciembre de 1861 hasta el 28 de enero del año siguiente, en el que Mitre le encomendó una comisión ante los gobiernos de las provincias del Norte: Catamarca, Santiago del Estero, Tucumán y Salta.  En el cumplimiento de esta misión, Paz se comportó en forma satisfactoria, no obstante haberse enfermado en el viaje, aunque no de gravedad.  De regreso de la misma, pasó por Córdoba el 8 de mayo del mismo año, prosiguiendo su viaje a Buenos Aires.
En esta misión que tenía por  objeto tratar de aunar opiniones políticas en las provincias mencionadas, el coronel Marcos Paz llevó en calidad de secretario al Dr. Saturnino M. Laspiur, el 3 de marzo de 1862 arregló el conflicto existente en la provincia de Catamarca, donde dimitió el gobernador Francisco R. Galíndez, sucediéndole José Luis Lobo, de acuerdo con lo arreglado con el comisionado Paz.
En el mismo año 1862 fue elegido senador nacional, pero poco después su nombre figuraba integrando la fórmula presidencial encabezada por Mitre, la que resultó triunfante.  Ocupó la vicepresidencia el 12 de octubre de 1862 y al estallar la guerra del Paraguay, Mitre delegó en Paz el mando supremo el 17 de junio de 1865. 
Con motivo de la epidemia de cólera reinante en Buenos Aires, el Dr. Paz se trasladó a San José de Flores, donde falleció víctima del flagelo el 2 de enero de 1868, siendo sepultados sus restos en el cementerio de la Recoleta.
El coronel Dr. Marcos Paz había formado su hogar con Micaela Cascallares; hija de Francisco Cascallares Chávez y de Carmen Chávez Casas; matrimonio que se realizó en Buenos Aires el 21 de octubre de 1841.
Referencias
(1) En la campaña de Caseros, el Dr. Marcos Paz actuó como ayudante mayor del general Angel Pacheco.  En julio y agosto de 1852 figura en Navarro como coronel del Regimiento Nº 8 de Guardias Nacionales.
(2) Iba escoltando al Dr. Paz el capitán Juan Bautista Escobar, con 8 hombres del Regimiento del coronel Benito Villar; el que también quedó prisionero junto con el Dr. Paz.
Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
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Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).
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Cosme Argerich

Cosme Argerich




Cosme Mariano Argerich nació en Buenos Aires el 26 de setiembre de 1758, siendo sus padres el coronel Francisco Argerich Batallas, natural de Sistero, obispado de Nigel, provincia de Cataluña; y María Josefa del Castillo Burgués.  De muy corta edad fue enviado a España, siguiendo la carrera de medicina en Barcelona, obteniendo en 1783 el título de Medicina del Gremio y Claustro de la Real y Pontificia Universidad de Cervera (Barcelona), después de seguir los cursos con brillo.  De regreso a Buenos Aires, perteneció a la hermandad de caridad, en 1795, al hospital de mujeres y casa de huérfanas, siendo nombrado en 1800 por el gobierno peninsular para dirigir la cátedra de medicina en Buenos Aires, inaugurando sus cursos el 1º de marzo de 1802, en que empezó a funcionar la Escuela de Medicina que Argerich regenteó con sabiduría y dignidad; enseñó igualmente, química, física y botánica.  “El doctor Argerich –dice un biógrafo-, cuyos talentos y saber hicieron en su tiempo el panegírico de los literatos y la instrucción de sus profesores, concibió y ejecutó casi por sí solo el avanzado proyecto de establecer en esta ciudad una escuela de medicina.  En efecto, inflamado de este celo honroso que las profesiones científicas saben inspirar a los que las ejercen, con dignidad y sabiduría, libró a sus propias fuerzas un trabajo, que en todas partes ha necesitado la cooperación de muchos profesores”.  El primer curso dictado por el doctor Argerich terminó en 1806, “produciendo los profesores que en la Guerra de la Independencia han ocupado nuestros ejércitos y llenado con gloria y honor los diferentes destinos de la medicina militar”.
En 1806 y 1807 prestó servicios profesionales en las rudas jornadas que tuvieron por teatro la ciudad de Buenos Aires y por su intervención en la Reconquista, el 12 de noviembre de 1806, fue nombrado cirujano del 2º Escuadrón de Húsares.  Tuvo participación activa en los trabajos preparatorios de la revolución de mayo figurando entre los concurrentes a la asamblea del día 22 de aquel mes glorioso, en la que se depuso el virrey Cisneros, y en la cual seguramente influyó mucho su consejo sabio y escuchado por todos.  En aquel Cabildo Abierto sostuvo que habiendo caducado la suprema autoridad, debía ésta reasumirse en el pueblo y por consecuencia, interinamente en el Cabildo, hasta tanto se organizase el gobierno local por medio de los diputados nombrados por votación popular, Gobierno que el 25 de mayo tomaba el nombre de Junta.
En junio de 1811 fue designado para desempeñar el cargo de conjuez en el Tribunal del Proto-medicato.  Al producirse el combate de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813, tan pronto tuvo conocimiento el Gobierno de este suceso, despachó por la posta al doctor Francisco Cosme Argerich, con un botiquín, para ir a atender a los heridos, siendo quien practicó la operación al capitán Bermúdez, que falleció el 14.
El 10 de diciembre de aquel año, el doctor Argerich era designado por el Gobierno, cirujano del Ejército Auxiliar del Alto Perú, haciendo toda la campaña a las órdenes de San Martín primero, y de Rondeau después, asistiendo a los combates de Puesto del Marqués el 17 de abril de 1815, y de Venta y Media el 20 de octubre del mismo año; no encontrándose en Sipe-Sipe por haberse retirado a Cochabamba enfermo, donde se reunió al sargento mayor José María Paz que había sido herido de bala en el codo derecho en el combate de Venta y Media.
En septiembre de 1816 el doctor Cosme Argerich, junto con Diego Paroissien (nombrado Cirujano Mayor del Ejército de los Andes) tuvo a su cargo la organización del departamento de Hospitales del Ejército, el mismo estaba constituído por 3 profesores, 5 betlemitas y 7 civiles asistentes de cirujanos en cumplimiento del mandato del Instituto Médico Militar.  El mismo ordenaba el mejor servicio de los Ejércitos de la Patria, y proveyeron a San Martín los insumos médicos y sanitarios para la campaña libertadora de Chile.  Entre todos lograron formar un verdadero hospital de sangre que auxilió al ejército en el cruce de los Andes.
Posteriormente el doctor Argerich abandonó las filas del ejército siendo nombrado jefe y director del Instituto Médico creado en reemplazo de la primera Escuela de Medicina que él fundara y, desempeñando este puesto, la muerte lo sorprendió en medio de sus tareas profesionales el 14 de febrero de 1820.  Sus restos fueron depositados en el templo de San Francisco, de donde fueron exhumados tres años después para ser trasladados al cementerio de la Recoleta, siendo conducidos a pulso hasta este enterratorio, el 24 de febrero e 1823.  El doctor Pedro Rojas, uno de sus discípulos, pronunció un elocuente discurso en este acto y por él se sabe que el doctor Argerich era de un carácter dulce y de un espíritu vehemente, benévolo, bondadoso y desinteresado; de una erudición vasta y profunda, aunque dotado de un extremado amor propio.
El doctor Cosme Argerich se casó en primeras nupcias con Margarita Martí el 18 de mayo de 1786.  Habiendo enviudado, contrajo segundo matrimonio con Juana López Camelo Cheves, y al fallecer ésta se casó por tercera vez con Juana Chávez.  Tuvo cinco hijos con su primera esposa (Francisco Cosme, Juan Antonio, Petrona Josefa, Luis José y Josefa) y 11 con la segunda (Ramón, Gregoria, Ana María, Manuel José, Manuela, Ignacia, Dolores, Mercedes, Justo, Benito y Petrona Ignacia).
El Hospital Militar Central de Buenos Aires lleva su nombre.  También honra su memoria el Hospital Municipal “Dr. Cosme Argerich”, situado en la calle Almirante Brown 240, de la misma ciudad de Buenos Aires.
Su hijo, el Dr. Francisco Cosme Argerich, fue quien exhumó en el pueblo de Navarro los restos del coronel Manuel Dorrego, luego de producido su fusilamiento el 13 de diciembre de 1828.  El Dr. Miguel de Villegas, que asistió al reconocimiento por ser el camarista más antiguo, acompañado por el Escribano Mayor de Gobierno, José Ramón de Basavilbaso, expresó: “Se encuentra el cadáver entero, a excepción de la cabeza que estaba separada del cuerpo en parte, y dividida en varios pedazos, con un golpe de fusil al parecer, en el costado izquierdo del pecho…”.  El día 14, Manuel Dorrego fue enterrado en el Cementerio de Navarro, que entonces estaba junto a la Iglesia.
Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Litvachkes, Roberto – Historia del Hospital Argerich
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Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).

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martes, 22 de septiembre de 2015

Juan Vucetich

Juan Vucetich




Nació en Lésina, ciudad de la antigua Dalmacia, el 20 de julio de 1858.  Fueron sus padres Victor Vucetich y Vicenta Koracevich.  Llegó al país en 1882, y se desempeñó como empleado en Obras Sanitarias de la Nación hasta 1888, fecha en que ingresó en la Policía de la provincia de Buenos Aires, como meritorio.  En 1890 fue designado jefe de la Oficina de Estadística, de ese organismo policial a cargo del capitán de navío Guillermo J. Nuñez.
Había conocido, y de ahí parte su investigación, un trabajo de H. de Varigny publicado en Francia sobre las investigaciones de Francis Galton, a propósito de los relieves digitales.  Este último destacaba el valor de aquellos para la identidad individual.  Comparó tales estudios con el sistema de antropometría de Alphonse Bertillon, que por entonces constituía el recurso en uso para la identificación de los delincuentes.
Vucetich estaba bien interiorizado de este sistema, y dio gran difusión a láminas que él mismo preparó y otras indicaciones que en esa época podían observarse en todas las comisarías de policía, a la vista del público; pero comprobó que era muy deficiente e inseguro y se pronunció por las impresiones digitales.
Después de pacientes estudios sobre los trabajos de Galton, y los 40 tipos de relieves digitales que éste había definido, Vucetich llegó a aumentarlos a 101, y creó un sistema que él denominó “Icnofalangometría”, poniéndolo en aplicación el 1º de setiembre de 1891.  Esa fecha se recuerda anualmente como la de implantación del sistema de identificación dactiloscópica que, con su perfeccionamiento posterior, realizado por su creador, lleva su nombre.  Por primera vez se tomaron aquel día las impresiones digitales de los diez dedos a 23 procesados por distintos delitos, según consta en el archivo que el propio Vucetich inició.
El sistema quedó así implantado, estimada la perennidad e inmutabilidad de los relieves digitales, cuyos caracteres individuales acompañan a la persona en todo el curso de su vida, y que se manifiestan a través de infinitas variedades específicas.  No pocas dificultades, propias de toda investigación creadora, debió vencer Vucetich para imponer su sistema, primero en su propia elaboración, y también por los derivados de toda innovación en otros medios que, por entonces sólo se referían a la lucha contra la delincuencia.  Además debían obtenerse comprobaciones prácticas.
Fue un paso decisivo el caso ocurrido con motivo de la muerte violenta de dos niños de corta edad en Necochea en 1892.  La madre de las víctimas denunció como autor del hecho a un vecino, pero el hallazgo de impresiones digitales en una puerta de la habitación permitió establecer, por la aplicación primera del procedimiento dirigido por Vucetich, que, lejos de pertenecer al acusado, los rastros eran de la propia madre, con lo cual se comprobó en forma fehaciente que era ella la autora del crimen.  Esto trascendió como demostración de la validez científica del sistema dactiloscópico, con lo cual el método fue incorporado a la labor investigadora de la Policía y se instalaron las primeras oficinas de identificación en las cárceles y en las comisarías.
Entretanto su creador continuaba sus investigaciones, y poco tiempo después, lograba reducir los 101 tipos digitales de sus primeros ensayos a cuatro fundamentales, que clasificó así: arco, presilla inferior, presilla exterior y verticilo.  Ese conjunto sistematizado, es lo que denominó Sistema Dactiloscópico Argentino.
La ficha creada según su sistema fue la que luego se adoptó universalmente, y es la que rige en la actualidad en todo el mundo, junto con los elementos de aplicación ideados por Vucetich que se mantienen sin variantes.
El creador no quedó satisfecho, sin embargo, y siempre con abnegación y sacrificio, cubriendo de su magro peculio gastos que los poderes públicos no podían afrontar en la medida que la importancia del asunto requería, perfeccionó aún el sistema, consiguiendo corregir insuficiencias tales como la difícil visibilidad de ciertos tipos digitales, y creó una clave de subclasificaciones que recogió el doctor Luis Reyna Almandos en su trabajo “Clave de subtipos de Vucetich para subclasificaciones”, basado en los cuatro tipos fundamentales.
En 1893, escribió ya un tratado sobre el procedimiento de filiación en Buenos Aires, y luego el gobernador Julio Costa anunciaba en su mensaje a la Legislatura la incorporación del sistema Vucetich al gabinete antropométrico de la policía local.  En esa época se escribe con César Lombroso y con Rafael Garófalo, y en los días de la gobernación del Dr. Guillermo A. Udaondo, restablecida la oficina de identificación que fuera suprimida, se le confía la dirección de la misma.
Poco después se declaraba texto oficial de la Policía de la provincia su libro aludido, mientras su sistema adquiría mayor difusión.  El descubrimiento de algunos crímenes por su procedimiento, afirmaron cada día su seguridad, por lo que publicó otro libro titulado “Registro de Existencia”.  Poco después se expedían las primeras cédulas de identidad, y en 1901, asistió Vucetich al II Congreso Científico Latinoamericano, de Montevideo.  Dio entonces su primera conferencia pública acerca del sistema de su creación.  En Río de Janeiro comenzó desde entonces la adopción del sistema dactiloscópico argentino, y ya su incorporación a la vida de otras naciones fue sólo cuestión de tiempo. 
En 1904, apareció la obra capital de Vucetich, “Dactiloscopia comparada”, que recibió premios y menciones.  La Policía de Roma implantó su sistema, y creció la confianza en la bondad de su invento.  La Academia de Ciencias de París sancionó el sistema, se difundió en toda América y se extendió al resto del mundo.
Se estableció el canje universal de fichas de identificación, por medio de convenios, y en 1906, el Código de Procedimientos Penales de la provincia de Buenos Aires sancionó el principio dactiloscópico de la identidad humana.
El gobierno bonaerense lo designó perito identificador, y su discípulo y amigo, el Dr. Reyna Almandos publicó otro trabajo de mérito sobre “La dactiloscopia argentina”.
Brasil había ya impuesto el sistema en la marina, y entre nosotros llegó a ser realidad un sueño del investigador: la creación del Registro Nacional de Identificación, que con algunas variantes se organizó por medio de una ley.  Vucetich fue su director.  El Congreso de la Nación le acordó una pensión por 10 años.
La incansable labor de Vucetich, hasta el día de su muerte, alternó con polémicas, viajes de estudio y propaganda por el mundo –llegó hasta la China y la India en busca de comprobaciones sobre utilización de impresiones digitales, en tiempos inmemoriales-, publicaciones, instrucciones, congresos científicos, conferencias, que llevaron a todos los ámbitos el conocimiento de los métodos hallados y que terminaron por imponerse en todas partes.
No omitió sacrificio personal en su afán altruista.  El viaje mundial que realizó en 1912 fue costeado por él, cuando acababa de jubilarse en la Policía –se habían frustrado iniciativas generosas en la Legislatura para premiar su labor- y para la impresión de su obra “La dactiloscopia y su aplicación internacional”, enajenó su biblioteca.
Poco antes de morir donó su museo particular a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de La Plata, donde el doctor Alfredo L. Palacios, entonces decano, instaló el Museo Vucetich, el 11 de octubre de 1924, en un acto al que asistió el creador de la dactiloscopia, ya gravemente enfermo.
Vucetich falleció en Dolores, el 25 de enero de 1925.  Se casó con María Etcheverry, y en segundas nupcias con María Cristina Flores.  Sus restos descansaron en el cementerio local hasta el 27 de agosto de 1941, en que fueron trasladados al Panteón de la Policía de La Plata, ciudad en la que residió desde su ingreso a la institución, donde se mantiene vivo el culto a su memoria, con su nombre al frente de la Escuela Superior de la misma.
La personalidad de Vucetich adquiere a medida que transcurre el tiempo, un perfil cada vez más esclarecido y noble, justificándose los homenajes que se le tributaron a su existencia laboriosa y contraída, expuesta en la síntesis cabal que contiene la frase de su amigo el eminente penalista italiano Enrico Ferri: “Suo Nome restará nella storia della civiltá umana”.
Fuente
Cutolo, Vicente Osvaldo – Nuevo diccionario biográfico argentino – Buenos Aires (1985)
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
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Juan Bautista Thorne

Juan Bautista Thorne



Arreciaba el combate de la Vuelta de Obligado donde fuerzas argentinas enfrentaron con valentía la agresión anglo francesa. Por orden del gobernador de Buenos Aires  y encargado de las Relaciones exteriores de la Confederación don Juan Manuel de Rosas, el general Lucio Mansilla había fortificado las costas del Paraná, cerrándolo en ese punto mediante botes atados con cadena.  Sobre el parapeto de la batería Manuelita, el teniente coronel Juan Bautista Thorne arengaba a sus artilleros y solo descendía de su atalaya para rectificar el blanco de los cañones.
En esa batalla el retumbar de las piezas dañó irremediablemente su oído, aunque no frustro su voluntad de seguir disparando, cuando los buques enemigos lograron forzar el paso y seguir remontado el río hacia el norte, el general Mansilla ordeno dos veces a Thorne que suspendiera el fuego y se retirara recibiendo como respuesta “que sus cañones le imponían hacer fuego hasta vencer o morir” como consecuencia de estos hechos la historia lo recordó para siempre como el  “Sordo de Obligado”.
Su desobediencia le sirvió para marchar arrestado al convento de San Lorenzo y allí permaneció hasta que el mismo Mansilla transformo la medida disciplinaria en el nombramiento de comandante en jefe de las costas del Paraná. En ese carácter  mando las baterías del Quebracho, en la que fue herido en el hombro.
Thorne no nació en nuestra tierra como muchos de nuestros primeros marinos, pero avaló su ciudadanía adoptiva con una foja de servicios impecable. Nació en Nueva York el 8 de marzo de 1807, su padre era un marino que había participado en la guerra de la Independencia de EEUU, a los once años su padre lo puso a bordo de una escuadra que tocó los puertos del Atlántico y del Pacífico entonces tuvo su primera oportunidad de conocer el puerto de Buenos Aires, de regreso a su hogar, su padre lo envió a Francia para que se formara en la escuela de marinería de Tolón. Allí conoció al oficial francés Le Blanc, quien muchos años después sería su enemigo. Sin embargo su espíritu  aventurero se cansó de  la vida de guarnición y se embarcó en un barco corsario dirigido por un pariente suyo,  el  barco corsario fue hundido en alta mar  por un navío inglés, y Thorne salvó su vida, asido con fuerza a un trozo del palo mayor del barco.
Luego recorrió los márgenes de Africa, hasta que un barco pirata lo condujo a las costas del Perú.
Hacia 1822 llego nuevamente a Buenos Aires, donde encontró un amigo el oficial de marina José María Pinedo,  sin embargo luego se alejó hacia el Oriente donde recorrió los puertos de China y Japón, finalmente regresó a la Argentina en 1825 y su  personalidad llamó la atención del gobierno interesado en formar la escuadra que debía combatir contra el imperio de Brasil, a las órdenes de Fournier formo parte de la oficialidad del Congreso. Poco tiempo después a principios de 1827, fue designado al bergantín Chacabuco que bajo el mando de Santiago Bynon se iba a destacar en lo que se denominó Gesta de Patagones, en dicha batalla ocupó un lugar destacado, al abordar el buque brasileño “Itaparica” donde arreó la bandera imperial brasileña e izó la bandera argentina.
La acción le mereció alcanzar el mando del bergantín Patagones, luego mostró su valentía en distintas acciones hasta que cayó prisionero y fue llevado hasta Río de Janeiro. Regreso al celebrase la paz y paso a comandar el Balcarce que había  sido buque insignia del almirante Brown.
En 1833 emprendió la campaña del Río Colorado al mando del bergantín Patagones con el fin de ayudar la expedición al Desierto de Rosas. Designado comandante de la goleta Sarandí, tuvo la misión de auxiliar la defensa de la isla Martín García, donde mandó la artillería de tierra de dicha isla, donde el 12 de octubre de 1838, las fuerzas argentinas mandadas por Jerónimo Costa lucharon heroicamente contra la escuadra francesa bloqueadora.
Destinado al servicio hizo la campaña de Entre Ríos con Pascual Echague en 1839 y cuando el 15 de abril de 1841, con el grado de teniente coronel, regresa a ponerse bajo los órdenes de Brown, debió anotarse en su foja de servicios, haber participado en las acciones de guerra de Cagancha, Pago Largo, Don Cristóbal, Caaguazú, Yerúa, Sauce Grande y Punta Diamante.
Sirvió más tarde a las órdenes del Almirante Brown, como comandante del  bergantín General Belgrano, empeñado en luchar contra Garibaldi  y siguió combatiendo a las dos más grandes potencias de la tierra.
Reconocida la soberanía argentina y desagraviado el pabellón, Thorne volvió a su hogar donde permaneció hasta que después de Caseros se enroló al lado del General Hilario Lagos, como integrante de la escuadra de la Confederación Argentina.
En esos días se produjo la traición del jefe de la escuadra de la Confederación Argentina John Halstead Coe, quien  por una bolsa de monedas de oro, entregó a Buenos Aires que estaba separada del resto del país la escuadra nacional, se pretendió también comprar a Thorne a través de su hermana quien fue a bordo del Enigma acompañada de la esposa del ex rosista Lorenzo Torres. Ante esta situación el  marino arrebatado por su indignación, puso sobre sus rodillas a su imprudente hermana y le propino una soberana paliza por haber abusado de la relación familiar.
Posteriormente fue borrado de la lista militar de Buenos Aires, por lo tanto debió realizar por razones de trabajo varios viajes a la India, además actuó como perito naval. Solo en 1868 fue reincorporado a la Armada, en la lista de guerreros de la Independencia  y del Brasil.
Vivió con modestia de los recursos que le proporcionaba su pensión militar hasta la fecha de su fallecimiento que ocurrió el 1° de agosto de 1885, a los setenta y ocho años de edad.  Sus restos mortales fueron inhumados en el cementerio de disidentes.  Actualmente descansan en el Cementerio Británico de Buenos Aires. Su azarosa existencia fue resumida por el propio Thorne en breves y precisas palabras “llevo en mi cuerpo la severa impresión del plomo del Imperio, de Gran Bretaña, de Francia  y de la guerra civil de mi patria de adopción”.
Las naves rojas de la Federación
(Héctor Pedro Blomberg)
Rojos son las mesanas y los trinquetes,
Las cureñas, las bandas; rojas, sangrantes,
Las camisas que llevan los tripulantes,
Desde los condestables a los grumetes,
Y usan galones rojos los comandantes,
Allá van por las aguas del patrio río,
Clavados en el mástil los pabellones:
En el puente de cada rojo navío
Se oye la voz de un “cielo” ronco y bravío,
Junto a la negra boca de los cañones.
Son las goletas rojas de Costa Brava,
Son las que respondieron en Obligado
Al clamor iracundo que las llamaba
Para batir la flota que navegaba
El Paraná invadido y ensangrentado.
¡Bergantines de Thorne! La voz del viento
Dice en la arboladura la copla errante
Que recuerda en su recio y extraño acento
Aquellas que en el viejo puente sangriento
Se oían en los tiempos del Almirante.
Con sus rojas banderas en la mesana,
Allá van sus bravías tripulaciones:
“Federación o Muerte”, se oye, lejana,
La canción que cantaban en la mañana
Junto a la negra boca de los cañones.
Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Gosa, Dr. Juan Santiago – Juan Bautista Thorne,  “El Sordo de Obligado”.
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Encarnación Ezcurra

Encarnación Ezcurra





La vuelta de Juan Manuel de Rosas a la gobernación de la provincia de Buenos Aires en 1835, acaso la etapa más significativa e importante de su extensa carrera política, no hubiese sido posible sin la decidida intervención de su señora esposa, doña Encarnación Ezcurra, cuya vida no ha sido estudiada en profundidad. Veamos quién fue esta extraordinaria mujer de carácter que secundó a su ilustre marido para salvaguardar los destinos de la patria amenazada.
María de la Encarnación Ezcurra y Arguibel nació en Buenos Aires el 25 de marzo de 1795, siendo sus padres Juan Ignacio Ezcurra, español, y doña Teodora Arguibel, que era argentina hija de franceses. El bisabuelo paterno de Encarnación, Domingo de Ezcurra, había nacido en el valle de Larraun, Pamplona Navarra, España.
En los primeros años de su vida, Juan Manuel de Rosas vivía en la campaña y cada tanto solía frecuentar Buenos Aires, urbe a la que no le tuvo mucha estima por ese entonces. El bullicio verbal, el clima revolucionario posterior a Mayo de 1810 y las intrigas que se palpitaban en la ciudad portuaria le mortificaban. De todas maneras, allí conocerá a Encarnación Ezcurra, su futura cónyuge. Pero Agustina López de Osornio, la madre de Rosas, se opuso de entrada a este noviazgo de su hijo. Cuando Juan Manuel y Encarnación ya habían decidido contraer nupcias, Agustina López de Osornio, pretextando la poca edad de ambos, rehusó consentir el casamiento, sin embargo poco pudo hacer contra la astucia de los jóvenes novios. Encarnación Ezcurra, por instigación de Juan Manuel, le escribe una carta a éste, donde le manda decir que estaba embarazada y que por tal motivo debían casarse. La carta engañosa fue dejada por Rosas en un lugar visible de la casa de su madre, a la espera de que ésta la leyera. Cuando Agustina López de Osornio encuentra y lee la carta, se dirige con desesperación a la casa de Teodora Arguibel, la madre de Encarnación Ezcurra, para darle la novedad. Las dos señoras resolvieron allí mismo que, ante el bochorno que una situación semejante pudiera ocasionar en los círculos sociales, apuraran el casamiento entre Encarnación Ezcurra y Juan Manuel de Rosas.
En efecto, Ezcurra contrajo matrimonio con el futuro Restaurador de las Leyes el martes 16 de marzo de 1813, en una ceremonia dirigida por el presbítero José María Terrero. Estaban como testigos don León Ortiz de Rozas (padre de Rosas) y doña Teodora Arguibel. Un dato curioso refiere que el mismo día que Encarnación Ezcurra se casaba con Rosas, por las calles de Buenos Aires corrían las noticias del triunfo de las armas argentinas en la batalla de Salta.
En la vida familiar
Los primeros tiempos de la pareja no fueron de prosperidad económica. Rosas entregó a sus padres la estancia “El Rincón de López”, la cual administraba en el partido de Magdalena. Quería trabajar por su cuenta como hacendado, sin tener que pedir favores a nadie. En una correspondencia mandada desde el exilio inglés a su amiga Josefa Gómez, Rosas dirá que “[estaba] sin más capital que mi crédito e industria; Encarnación estaba en el mismo caso; nada tenía, ni de sus padres, ni recibió jamás herencia alguna”.
Encarnación y Juan Manuel tuvieron 3 hijos: María de la Encarnación, nacida el 26 de marzo de 1816, y que apenas sobrevivió un día; Manuela Robustiana, que nació el 24 de mayo de 1817, y Juan Bautista Pedro, nacido el 30 de junio de 1814.
Ella acompañará a su esposo en todos los emprendimientos que tuvo, sea como administrador de Los Cerrillos o como de la estancia San Martín. Y, desde luego, también en las vicisitudes de la política, siendo Encarnación una devota entusiasta del fervor federal que abrazó Juan Manuel de Rosas a lo largo de su vida.
En cuanto a la conducta reportada por Encarnación Ezcurra en su rol de mujer casada, hay quienes advierten que se trató de una esposa que veía a su amado en las raras ocasiones en que éste se instalaba en Buenos Aires o cuando los dos pasaban algunas temporadas en el campo. La soledad, al contrario de lo que muchos podrían suponer, cimentó en ella una mayor admiración por Juan Manuel de Rosas. Las idas y venidas de la ciudad al campo, robustecieron en ella su adaptación a las condiciones de vida semisalvaje de la campaña.
Ezcurra era de carácter severo cuando las circunstancias así lo imponían, aunque no pocos la retrataron como una mujer que carecía de ternura. En el seno de la familia Rosas, la parte dulce correspondía a Manuelita Robustiana, la hija predilecta del Restaurador de las Leyes, la misma que con el tiempo será proclamada “Princesa de la Federación”.
La alta sociedad porteña no le perdonaba a Encarnación Ezcurra el trato cordial que mantenía con pardos, mulatos, gauchos, indios, comisarios y soldados, todos ellos considerados entonces como representantes de las capas sociales más bajas. Es que tampoco lo entendían. Aparte de granjearse amistades tan grotescas para la época, pues, recordemos, su familia era de las más pudientes de Buenos Aires, doña Encarnación sabía que al ganarse el cariño de los estamentos más populares, esto le acarrearía a Rosas un caudal muy grande de seguidores, votantes y soldados para sus campañas, y también espías y matones para las arduas campañas políticas de los federales.
En este sentido, es notable una carta que Encarnación le manda a Rosas, que hacía la Campaña al Desierto, en noviembre de 1833, donde le dice: “Ya has visto lo que vale la amistad de los pobres y por ello cuánto importa el sostenerla para atraer y cultivar sus voluntades. No cortes, pues, sus correspondencias. Escríbeles con frecuencia, mándales cualquier regalo sin que te duela gastar en eso. Digo lo mismo respecto de las madres y mujeres de los pardos y morenos que son fieles. No repares, repito, en visitar a las que lo merezcan y llevarlas a tus distracciones rurales, como también en socorrerlas con lo que puedas en sus desgracias. A los amigos fieles que te hayan servido déjalos que jueguen al billar en casa y obséquialos con lo que puedas”.
Su rol en la Revolución de los Restauradores
Tanta firmeza y decisión la ubicó, entre 1833 y 1834, como operadora política de excelencia cuando todo parecía indicar el debilitamiento de la influencia de Juan Manuel de Rosas en la provincia de Buenos Aires.
Antes de hablar sobre la Revolución de los Restauradores, es menester retrotraernos a la alternancia de administraciones unitarias y federales que se dieron en Buenos Aires desde 1827 y hasta 1832. Caído el presidente Bernardino Rivadavia en julio de 1827 tras intentar, sin éxito, la aplicación de una constitución de neto corte unitario que recibió las quejas naturales de los caudillos federales del interior, y donde, además, había cedido la soberanía de la Banda Oriental al Imperio del Brasil, al cual nuestras fuerzas venían derrotando en la guerra desde 1825, le sucede un breve interregno de Vicente López y Planes. El Congreso Nacional se disuelve y la provincia de Buenos Aires recupera su autonomía, y entonces es elegido como gobernador bonaerense el coronel Manuel Dorrego, de tendencia federal.
Dorrego celebró diversos tratados con las provincias de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Córdoba con el fin de organizar la nación. Sin embargo, los antiguos funcionarios y simpatizantes unitarios de Rivadavia intentaron desestabilizar al gobierno federal que ahora estaba en el poder. Una logia compuesta por, entre otros, José Valentín Gómez, Salvador María del Carril, Juan Cruz Varela, Carlos de Alvear y Julián Segundo Agüero, aprovecha el regreso de las tropas argentinas de la campaña del Brasil para armar una revuelta militar contra Dorrego. El general unitario Juan Lavalle fue elegido como jefe de esta empresa ilegal. Así, con total impunidad, el 13 de diciembre de 1828 es fusilado Manuel Dorrego en Navarro por orden de Lavalle, quien accede a la gobernación de la provincia de Buenos Aires.
Sin embargo, el partido unitario era antipopular en la campaña, por eso durante la primera mitad del año 1829 se llevará a cabo un operativo tendiente a eliminar a los federales que apoyaban a Juan Manuel de Rosas, quien en la administración de Dorrego llegó a ser Comandante General de Campaña. Sucesivas derrotas militares de los unitarios hicieron que Lavalle fugue hacia Montevideo, Uruguay, mientras que en Buenos Aires se conformaba un gobierno provisional en cuya cabeza se ubicó a Juan José Viamonte. Finalmente, el 6 de diciembre de 1829 asume Juan Manuel de Rosas como gobernador de la provincia de Buenos Aires.
La primera administración rosista se extenderá hasta el 17 de diciembre de 1832, fecha en la que renuncia porque la legislatura no le quiso otorgar facultades extraordinarias. Rosas siempre creyó indispensable gobernar con plenos poderes, más aún en el estado de anarquía constante que se vivía por aquellos años de breves e inestables administraciones públicas. Pero el Restaurador de las Leyes, además, hacía tiempo que quería emprender una campaña por los desiertos del sur para luchar contra las tribus aborígenes que saqueaban los campos y pueblos fronterizos nacionales.
Le sucedió a Rosas un gobernador llamado Juan Ramón González Balcarce, federal tibio que muy pronto se dejó dominar por los enemigos de su antecesor, si bien el nuevo gobierno tenía un gabinete compuesto por federales netos o apostólicos (seguidores de Rosas) y federales cismáticos (federales liberales que recibían influencias de los unitarios emigrados). Como había que elegir nuevos diputados, el 28 de abril de 1833 se realizan elecciones fraudulentas en las que vencen los federales cismáticos. Por todo ello, los seguidores de Rosas, que ya había iniciado la Campaña al Desierto, protestan y los pocos que habían ganado una banca, renuncian a las mismas. El 20 de mayo de ese mismo año, se legaliza el triunfo irregular de los cismáticos. Y el 16 de junio vuelven a haber elecciones complementarias para cubrir las vacantes de los diputados rosistas renunciantes. Aquí empieza a jugar un rol fundamental Encarnación Ezcurra.
En las calles de Buenos Aires hay atentados todos los días, lo mismo que asesinatos. Se oyen gritos, amenazas y peleas con armas que parecen no tener fin. El gobernador González Balcarce decide entonces expulsar o dejar cesantes a todos aquellos federales considerados partidarios de Rosas. Tampoco les mandan partidas de dinero a los soldados que fueron con Rosas a luchar contra el salvaje, ni raciones de alimentos para los boroganos y los pampas de Azul, Tapalqué y Tandil, que eran tribus amigas de don Juan Manuel.
Mientras tanto, el Restaurador de las Leyes se entera de todos estos acontecimientos en el sur, por lo que decide encarar una estrategia para no perder influencia en el poder y para que no disminuya su prestigio popular. Promediando agosto de 1833, Encarnación Ezcurra es elegida por su esposo como operadora política de él en Buenos Aires, mientras que el general Facundo Quiroga lo será en el interior del país.
En carta del 1° de septiembre de 1833, Encarnación le escribe a Rosas: “Tus amigos, la mayoría de casaca [cismáticos o lomos negros], a quienes oigo y gradúo según lo que valen, tienen miedo”. Y en otra del 14 de septiembre, le dice: “Las masas están cada día más dispuestas y, lo estarán mejor, si tu círculo no fuese tan callado, pues hay quien tiene más miedo que vergüenza”. Esa era la decisión y el coraje en la hora suprema de la anarquía que demostraba doña Encarnación Ezcurra.
Ella, en su rol de operadora política rosista, manejará y movilizará a las capas populares y a los viejos colaboradores de Juan Manuel de Rosas en el alzamiento del 11 de octubre de 1833, más conocido como la Revolución de los Restauradores. Se dice que su hogar, en ese tiempo, parecía un comité por la cantidad de gente que lo frecuentaba. Desde los generales Ángel Pacheco y Agustín de Pinedo, pasando por los comisarios Ciriaco Cuitiño y Andrés Parra, y comandantes y milicianos de escuadrones procedentes de Lobos, Monte, Cañuelas y Matanza.
Juan Ramón González Balcarce, totalmente debilitado por esta acción de los Restauradores o federales apostólicos, presenta la renuncia el 4 de noviembre de 1833. Unas semanas antes, el 17 de octubre, la “Heroína de la Federación” (Encarnación Ezcurra) le manda decir a Justo Villegas, jefe de los escuadrones de Lobos y Monte, que “todo va bien. Estos hombres malvados, en medio de su despecho, temen. La pronunciación del pueblo es unísona. Toda la población detesta a su opresor y no piensa sino irse a incorporar a los restauradores”.
Gobierno de Viamonte y alianzas extranjeras
En noviembre de 1833 asume el gobierno de la provincia de Buenos Aires Juan José Viamonte.  Atenta como siempre, Encarnación Ezcurra presiente que aquí también se está en presencia de un hombre que favorece los designios del bando unitario exiliado en Montevideo. Un documento excepcional, que bien refleja su participación activa en los meses de ausencia de Rosas en Buenos Aires, es la carta que le hace llegar con fecha 4 de diciembre de 1833, donde describe puntillosa y magistralmente a cada uno de los federales de casaca (cismáticos) que se ubicaron alrededor del nuevo gobernador.
En dicha misiva le avisa a su esposo que Manuel José García, antiguo funcionario de Rivadavia y hasta entonces supuesto federal apostólico, era el padrino de los federales cismáticos o lomos negros. Que Luis Dorrego (el hermano del ex gobernador Manuel Dorrego) era cismático puro, y que su hermano Prudencio Ortiz de Rozas andaba frecuentando al gobernador Viamonte.
El clima tenso volvía a reaparecer sobre Buenos Aires en los últimos meses de 1833 y los primeros de 1834. Además, hay alianzas oscuras entre unitarios salvajes y gobiernos extranjeros que salen a la luz. Por ejemplo, el mariscal Andrés Santa Cruz, presidente de la Confederación Perú-Boliviana, andaba fogoneando la separación de Salta y Jujuy con la intención de anexarse a esta última a su país. Esta mutilación de nuestro territorio estaba siendo fomentada por los unitarios locales. Recuérdese que el gran aliado de Rosas, Juan Facundo Quiroga, muere asesinado en febrero de 1835 mientras se dirigía al norte del país en misión de paz, al darse a conocer una suerte de guerra civil desencadenada entre jujeños, salteños y tucumanos producto de aquella misma situación.
En el mismo sentido, se supo que desde enero de 1834 empezaron a haber maquinaciones europeas en conferencias de alto nivel, las cuales contaron con la asistencia del unitario Bernardino Rivadavia, una en París y otra en Madrid. Allí se hablaba de colocar un rey en Argentina, Uruguay, Chile y Bolivia. Rivadavia estaba tras de estos fines desde 1830. No por nada, a principios de 1834 se anunciaba la llegada a Buenos Aires de Rivadavia.
Este plan era una carta que jugaban los unitarios para eliminar al partido federal de escena. Manuel Moreno, hermano del revolucionario Mariano y funcionario argentino en Londres, revela al gobierno de Viamonte los contactos oficiales habidos en Europa por medio del coordinador Bernardino Rivadavia. Manuel Moreno advierte que el plan comenzaría por ganarse la voluntad del caudillo federal Estanislao López (gobernador de Santa Fe) para que se tire contra Juan Manuel de Rosas y Facundo Quiroga. A su vez, se liberaría la navegación del Río Uruguay, y luego, una vez utilizados sus servicios, se asesinarían a López y, de no haberse hecho antes, a Rosas y Quiroga.
Rivadavia desembarca en Buenos Aires el 28 de abril de 1834, pero el gobernador Juan José Viamonte lo expulsa del país. El pueblo de la campaña lo repudiaba porque fue uno de los mentores del fusilamiento de Manuel Dorrego por Lavalle (diciembre de 1828).
¿Ideóloga de la Sociedad Popular Restauradora?
¿Y qué hay de doña Encarnación Ezcurra en todo esto? Ella tiene un aceitado sistema de espionaje e inteligencia en la ciudad portuaria, y está al tanto de todo lo que va sucediendo. Manda informes periódicos a su esposo, quien está próximo a volver de la Campaña al Desierto, y él le indica los pasos a seguir.
La debilidad del gobierno de Viamonte es notoria, pues no se decide a enfrentar con decisión a los unitarios que complotaban contra la patria y que se hallaban en cordial alianza con los poderes extranacionales. El unitarismo creía, asimismo, que era posible destruir la figura de Rosas si aprovechaban la falta de gobiernos fuertes, la debilidad en que se encontraban las autoridades y la indecisión de los federales para tomar cartas en el asunto.
Juan Manuel de Rosas termina la campaña al desierto el 25 de marzo de 1834, pero retrasa su arribo a Buenos Aires. Entonces, Encarnación Ezcurra le escribe el 14 de mayo de 1834: “A tus amigos les digo que deben trabajar con energía, destruyendo todo lo que parezca manejos de la logia o entronizamiento de unitarios…pues el país se debe salvar a toda costa… Tu posición es terrible: si tomas injerencia en la política es malo; si no, sucumbe el país por las infinitas aspiraciones que hay, y los poquísimos capaces de dar dirección a la nave de gobierno”. Es probable que el tenor de esta exigencia haya sido la que promovió la creación de la Sociedad Popular Restauradora, cuya fuerza de choque era la Mazorca.
Para 1834, la entidad nombrada era una realidad. La Sociedad Popular Restauradora estaba integrada por apellidos del patriciado argentino: Unzué, Goyena, Sáenz Valiente, Iraola, Argerich, Santa Coloma, Quirno, Victorica, etc., etc. En cambio, la Mazorca se componía de bolicheros, matanceros y quinteros, y tenían el propósito de ayudar al gobernador Viamonte en el cuidado del orden público.
Viamonte, no obstante, estaba agobiado por no poder frenar el accionar de la Sociedad Popular Restauradora y los mazorqueros. Incluso, llegó a juzgar que se estaba socavando y faltando el respeto a su autoridad. El 27 de junio de 1834 presenta la renuncia indeclinable. Lo sucede Manuel Vicente Maza; este gobernador bonaerense era un federal “de casaca” que tampoco pudo resolver la anarquía cada vez más acentuada en el país. El crimen del brigadier general Juan Facundo Quiroga, ocurrido el 16 de febrero de 1835, hizo que Maza renuncie a su cargo y le cediera el mando a Juan Manuel de Rosas, esta vez con el otorgamiento, mediante un plebiscito, de las facultades extraordinarias para gobernar de modo firme, decidido y viril.
Últimos tiempos de Encarnación Ezcurra
Poco se sabe de los últimos años de Encarnación Ezcurra. El retorno de su esposo al poder, acaso el objetivo anhelado desde finales de 1832, ya se había concretado, y ella se sabía merecedora de un respeto inexpugnable entre los federales netos. El renunciante Maza le escribe a Juan Manuel de Rosas: “Tu esposa es la heroína del siglo: disposición, valor, tesón y energía desplegadas en todos casos y en todas ocasiones; su ejemplo era bastante para electrizar y decidirse; mas si entonces tuvo una marcha expuesta, de hoy en adelante debe ser más circunspecta, esto es menos franca y familiar”. “A mi ver –sigue sugiriéndole Manuel Vicente Maza al Restaurador de las Leyes- sería conveniente que saliese de la ciudad por algún tiempo. Esto le traería los bienes de evadirse de compromisos, que si en unas circunstancias convenía cultivar, variadas éstas es mejor no perderlas, pero sí alejarlas”. A lo mejor era el momento adecuado para llamarse a silencio.
Solamente hay una pista firme que indica que desde noviembre de 1833 y hasta diciembre de 1834 Encarnación Ezcurra fue, al tiempo que, como expusimos, operadora política de Rosas, apoderada general de los bienes de Facundo Quiroga, dado que éste tenía por debilidad el juego y los naipes.
Apenas tres años después de la segunda llegada de Rosas a la gobernación de Buenos Aires, doña Encarnación Ezcurra muere. Era el 20 de octubre de 1838. Su cadáver fue encerrado en un lujoso ataúd, y conducido en larga procesión en la noche del 21 hasta la iglesia de San Francisco donde fue depositado. A su funeral asistieron diplomáticos de Gran Bretaña, Brasil, de la isla de Cerdeña y el encargado de negocios de los Estados Unidos. También estaban presentes todos los integrantes del Estado Mayor del Ejército de la Confederación Argentina, en el que figuraban los generales Guido, Agustín de Pinedo, Soler, Vidal, Benito Mariano Rolón y Lamadrid. El pueblo concurrió en un número no menor a las 25.000 personas.
Rosas mismo ordenó para la “Heroína de la Federación” funerales de capitán general. La Gaceta Mercantil del 29 de octubre de 1838 publicó, por este mismo motivo, que los ministros extranjeros izaron a media asta sus banderas. Las demás provincias argentinas hicieron análogas manifestaciones de duelo.
La Sociedad Popular Restauradora dispuso “cargar luto durante lo traiga nuestro ilustre Restaurador y conforme al que Él usa, que consiste en corbata negra, faja con moño negro en el brazo izquierdo, tres dedos de cinta negra en el sombrero, quedando en el mismo visible la divisa punzó”. Esta disposición perduró por durante 2 años más. En octubre de 1840, Juan Manuel de Rosas resolvió poner fin al duelo federal por su mujer.
Autor: Gabriel O. Turone
Bibliografía
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Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
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