miércoles, 16 de septiembre de 2015

JOSÉ GREGORIO BAIGORRÍ

JOSÉ GREGORIO BAIGORRÍ



José Gregorio Baigorrí (n. Córdoba, marzo de 1778 – † íd., junio de 1858), sacerdote argentino, que se destacó como uno de los fundadores del primer federalismo cordobés y fue en varias oportunidades Rector de la Universidad Nacional de Córdoba.

Estudió en la Universidad de Córdoba, donde se doctoró en derecho canónico en 1802, y se ordenó sacerdote al año siguiente. Fue profesor en la Universidad prácticamente durante todo el resto de su vida.

En 1810, la Primera Junta lo nombró rector de la Universidad, pero renunció al cargo.

Desde muy temprano se destacó por sus ideas federales. Fue diputado a la Asamblea del Año XIII. Enemistado con Carlos María de Alvear, renunció en enero de 1815.

En 1820 apoyó el acceso al poder del gobernador José Javier Díaz; cuando éste fue desplazado por el general Juan Bautista Bustos, fue diputado provincial, apoyando tibiamente al gobernador. Junto con José Norberto de Allende redactó la constitución provincial cordobesa de 1821.

En 1822 redactó, a pedido de Bustos, un nuevo plan de estudios para la Universidad, con la idea de que sus estudios no estuvieran tan centrados en la teología; sin embargo, era una organización de ideas anteriores del Deán Funes. Ese plan de estudios rigió la Universidad hasta que fue nacionalizada por el presidente Nicolás Avellaneda, más de 50 años más tarde.

Cuando se realizaron las elecciones del sucesor de Bustos, en 1825, organizó con algunos otros antiguos aliados de Díaz la elección a favor del coronel José Julián Martínez; como estaba ausente uno de los diputados, y Bustos obtuvo sólo un voto más que Martínez, el cargo fue sorteado entre ellos, resultando “triunfante” Martínez. Bustos y sus aliados organizaron una revuelta que forzó a la reelección del general.
Baigorrí abandonó la legislatura y se dedicó de lleno a la docencia. Cuando en 1829 se produjo la invasión unitaria del general José María Paz, apoyó su acceso al poder y su gobierno, no por comunidad de ideas, sino por enemistad con Bustos. Fue funcionario en su gobierno, y lo representó en la firma del tratado que formó la Liga del Interior. En diciembre de 1830 fue nuevamente rector de la Universidad, reemplazando a José Roque Funes.

Tras la caída de Paz, renunció al recorado y no fue molestado durante los gobiernos de los hermanos Reynafé y Manuel López. Fue párroco de la Catedral y vicario de la diócesis de Córdoba por muchos años.

En 1857, el Papa Pío IX decidió ocupar el cargo de obispo de Córdoba, nombrando en su lugar a Baigorrí. Pero no llegó a asumir, debido a que falleció en su ciudad natal en junio de 1858, sin que la bula de su nombramiento hubiera sido oficialmente recibida por el gobierno de la Confederación Argentina.

Bibliografía
• Cutolo, Vicente, Nuevo diccionario biográfico argentino, 7 volúmenes, Ed. Elche, Bs. As., 1968-1985.
• Ferrero, Roberto A., La saga del artiguismo mediterráneo, Ed. Alción, Córdoba, 1996. ISBN 950-9402-60-1
• Bischoff, Efraín, Historia de Córdoba, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1989. ISBN 950-21-0106-5
• Di Stéfano, Roberto y Zanatta, Loris, Historia de la Iglesia Argentina, Ed. Grijalbo Mondadori, Bs. As., 2000. ISBN 987-9397-17-7
• Bischoff, Efraín, Por qué Córdoba fue invadida en 1829, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1975.


Fuente: Wikipedia

martes, 15 de septiembre de 2015

Victoriano Aguilar

Victoriano Aguilar





Nació en Buenos Aires en 1790.  Era todavía un niño, cuando se incorporó al servicio de las armas en clase de soldado, en el Regimiento de Patricios, el 1º de setiembre de 1806.  Un mes después (el 8 de octubre), pasó de cadete al 3er Escuadrón de Húsares, siendo su primera comisión la que desempeñó en noviembre del mismo año, con su escuadrón, para custodiar al general inglés Beresford, que se hallaba prisionero en Buenos Aires, y que fue confinado a Luján.  Poco después pasó a la Banda Oriental en la expedición que fue a socorrer la plaza de Montevideo, a las órdenes del general Liniers, empresa que quedó sin efecto, por haber caído aquella ciudad en poder de los británicos.
Participó en la expedición que mandó el coronel Francisco Javier de Elío, asistiendo al combate sostenido en el arroyo San Pedro, inmediato a Colonia, en 1807, entre las tropas a las órdenes de aquel jefe y las británicas al mando del coronel Pack, que fueron los vencedores en aquel encuentro.
A las órdenes inmediatas de Liniers se batió en los Corrales de Miserere (hoy Plaza 11 de Setiembre), el 2 de julio de 1807, acción en la que también fueron vencidas las tropas criollas.  Tres días después asistió a la gloriosa defensa de la ciudad, en la cual fueron definitivamente derrotadas las fuerzas invasoras y obligadas a capitular.  Por sus merecimientos en esta campaña.  Victoriano Aguilar fue ascendido a alférez, agregado a los Granaderos de Liniers con fecha 12 de diciembre de 1807.  El 23 de setiembre del año siguiente fue confirmado como subteniente en el mismo cuerpo.
Se halló entre los sostenedores de la autoridad legítima cuando tuvo lugar la asonada de Alzaga y los españoles de origen, el 1º de enero de 1809.  La Revolución de Mayo le contó entre sus adeptos, siendo ascendido por la Junta, a teniente del Regimiento Granaderos Fernando VII, en la 8ª Compañía del 1er Batallón, el 31 de octubre de 1810.  Hizo la primer campaña y sitio de Montevideo a las órdenes de Rondeau, en 1811, hasta el levantamiento del asedio de la plaza citada, en octubre de igual año.  Teniente 1º de la 1ª Compañía de Granaderos de Infantería, el 5 de febrero de 1812.
Participó en la campaña al Salto contra los portugueses y en el segundo asedio de Montevideo, bajo el superior comando de Manuel de Sarratea, representante del Gobierno y del general Rondeau, desde febrero de 1812 hasta setiembre de 1813, en que se retiró a Buenos Aires por orden superior, el Regimiento de Granaderos de Fernando VII, en el cual fue promovido a capitán de la Compañía de Cazadores del 1er Batallón, el 30 de diciembre de 1813.
Pasó nuevamente en abril de 1814 al ejército sitiador de Montevideo, bajo las órdenes del general Alvear, hallándose en la rendición de aquella plaza, el 23 de junio de 1814, por lo que recibió una medalla y la honorífica de “Benemérito de la Patria en Grado Heroico”.  También asistió durante un mes a la campaña en la Banda Oriental contra los anarquistas.
El 6 de mayo de 1817 fue ascendido a sargento mayor graduado, siendo comisionado en el mes de noviembre para organizar el batallón “Libertos Orientales”, que posteriormente fue llamado “Cazadores de la Unión”, el que pasó de la Banda Oriental a la provincia de Buenos Aires al mando del coronel Rufino Bauzá; cuerpo con el cual Aguilar hizo la campaña de Entre Ríos a las órdenes del general Marcos Balcarce, contra Francisco Ramírez, asistiendo el 25 de marzo de 1818 a la acción del Arroyo del Saucesito.  El 24 de mayo del año de referencia era capitán de los “Granaderos de Infantería”.  El 17 de setiembre de igual año recibía la efectividad de su grado en el batallón de referencia.  El 24 de noviembre del mismo fue comisionado para la conducción de 200 individuos de tropa destinados al Ejército de Observación que se hallaba en la villa del Rosario de Santa Fe, al mando del general Juan Ramón Balcarce.
El 20 de enero de 1819 se le destinó a la mayoría de un batallón llamado “Auxiliares Argentinos” que instruyó, el cual estaba comandado por el coronel graduado José Olaguer Feliú.  El 20 de febrero de igual año fue nombrado por el Gobierno, gobernador interino de la Fortaleza de Buenos Aires.  El 17 de agosto del mismo año fue comisionado por orden superior para servir en la mayoría de otro batallón “Auxiliares Argentinos”, el que estaba mandado por el coronel graduado José Javier Aparicio.
El 4 de enero de 1821 fue designado comandante interino de la Guardia del Salto.  El 13 de noviembre de 1823, comisionado por el Gobierno, marchó hasta el Arroyo de la China (hoy Concepción del Uruguay), con 5 buques, para conducir hasta la Ensenada de Barragán un escuadrón que el gobernador de Entre Ríos, Lucio Mansilla, enviaba al servicio de la provincia de Buenos Aires a las órdenes del comandante Andrés Morel.  El 26 del mismo mes y año marchó por segunda vez a la Bajada del Paraná con los mismos buques y armamento, para conducir al mismo destino anterior (Ensenada) un segundo escuadrón entrerriano, al que acompañaban las familias de sus componentes y que en aquel entonces estaba mandado por el comandante Anacleto Medina.
El 12 de agosto de 1840 se recibió del mando del Batallón Nº 3 de “Patricios”.  En febrero del año siguiente mandaba interinamente el Batallón de Marina, destacado entonces en el Fuerte por no tener suficiente capacidad el cuartel que le correspondía.  El 9 de setiembre de 1842 fue designado comandante de la Fortaleza y nombrado edecán de Juan Manuel de Rosas en setiembre de 1850, éste ordenó que se le ajustase por la Contaduría General con la gratificación de aquel puesto desde el 1º de enero de 1842, pero reteniendo la comandancia mencionada de la Fortaleza de Buenos Aires.
La batalla de Caseros le encontró en este cargo, y allí sufrió todas las ocurrencias consiguientes a la derrota del ejército del Restaurador de las Leyes, prestando el coronel Victoriano Aguilar servicios de todo género en medio del espanto de aquél día desgraciado.  El 4 de febrero de 1852, un grupo de más de 20 ciudadanos encabezados por Mariano Billinghurst y Antonio Somellera, se le  presentaron en su oficina del Fuerte y le exigieron que marchase inmediatamente a la Plaza de la Victoria y se pusiera a la cabeza del pueblo que consiguiera reunir, para contener el bárbaro saqueo a que se habían entregado las tropas provenientes de Caseros, y cuyo teatro principal fueron las calles Victoria y Rivadavia.
Así lo ejecutó el viejo veterano; tomó un ayudante, Facundo Marenco y al tambor de órdenes José Larrosa, enviando al primero a la torre del Cabildo para que tocase la campana; y al segundo, para que hiciese oír el toque de “generala” en las inmediaciones de la  plaza.  Con el auxilio de los señores que le acompañaban logró hacer repartir más de 1.000 fusiles con fornituras y municiones que tenía en el patio del Fuerte.  A medida que  iban organizándose grupos de 20 a 30 hombres, los despachaba en patrullas en todas direcciones, para contener el saqueo vandálico, lo que consiguió en un radio de 10 cuadras.  En medio de estos sucesos, se presentó en casa de Pedro Angelis el obispo Escalada, con Vicente López.  Aguilar pasó inmediatamente a dicha casa para ponerse a las órdenes de López, que había sido nombrado gobernador provisorio, al que dio cuenta de la tarea en que se hallaba empeñado, siendo aprobado en su procedimiento y autorizado para seguir conteniendo todo desorden hasta que llegasen fuerzas del ejército desde Palermo.
El 19 de abril del mismo año fue ascendido a teniente coronel.  El 11 de setiembre a la madrugada, se presentó al general José María Pirán, el cual le ordenó que se pusiese a la cabeza del batallón de su mando tan pronto como pudiese, en la Plaza de la Victoria.  En la noche del mismo día, con tropas del 1º, 2º y 3º de Guardias Nacionales, se acantonó en el Cabildo y permaneció en ese lugar hasta que regresó la división del general Pirán que había marchado en persecución del general Galán, que se retiraba con las fuerzas de Urquiza en dirección al Oeste.  El día 20 del mismo mes, recibió orden de retirarse con su fuerza al Cuartel del Colegio, en cuyo punto el coronel Mitre, que había sido aclamado jefe de las fuerzas por la Guardia Nacional, le ordenó retirar los individuos del 3er Batallón de su mando y acuartelarse con ellos, en lo que fue depósito general de policía, a espaldas de San Francisco, donde permaneció y organizó el citado batallón hasta que se retiró por orden de Mitre.
El 6 de diciembre del mismo año fue graduado coronel y, el día 8, por orden del general Pacheco, marchó a la plaza del Parque con su batallón para asegurar aquel punto.  Estableció 5 cantones, cuyo mando general tomó, incluida la guarnición del Parque, puesto en el que permaneció durante el sitio hasta el 11 de marzo de 1853 en que lo retiró el gobernador general Pinto, por sus enfermedades, sin haberlo solicitado.  El 1º de mayo del mismo año recibió la efectividad de coronel.
El coronel Aguilar falleció el 11 de octubre de 1855 a los 65 años de edad, viudo y retirado del servicio, siendo enterrado en la Recoleta, el 12 de octubre del mismo año.  Fue un digno soldado y un cumplido caballero.  Fue madre del coronel Aguilar, María Josefa Grande, y esposa Benita Foguet.
Fuente
Del Valle Pocoví, Sonia Erica – Colaboración (Foja de Servicios del coronel Victoriano Aguilar).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Portal www.revisionistas.com.ar
Yaben, Jacinto R. – Biografías Argentinas y Sudamericanas – Buenos Aires (1938).
Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar

JUAN EUSEBIO BALBOA

JUAN EUSEBIO BALBOA


Natural del Departamento de Belén, en la provincia de Catamarca.  Prestó servicios militares en la agitada época que le correspondió vivir desde su juventud y en junio de 1831 se le encuentra luchando junto con Figueroa, contra Albarracín; y cuando el 2 de enero de 1841 fue reelecto gobernador de aquella Provincia José Cubas, el ya coronel Balboa, que era el caudillo de Belén, se declaró en abierta rebelión contra aquel.
El 31 de marzo del mismo año la ciudad de Catamarca fue tomada por el coronel Mariano Maza al frente de 1.500 hombres, el cual salió después en persecución de los unitarios, a los que dispersó.  Regresó luego a aquella Capital, con el objeto de esperar al coronel Balboa, quien a marchas forzadas iba hacia aquella ciudad con una división de los departamentos del Oeste.  Llegado aquél, el 10 de abril fue puesto en posesión del mando gubernativo por el coronel Maza, el cual se retiró hacia Córdoba con todas las tropas que no eran catamarqueñas.
Al conocer Balboa la aproximación de Lamadrid sobre Catamarca resolvió salir a campaña para reunir esfuerzos, delegando el mando en el coronel Santos Nieva y Castilla, caudillo federal de Andalgalá.  El 19 de junio de 1841 el general Lamadrid entraba en Catamarca obligando a Nieva a huir de aquella ciudad.  Al día siguiente fue repuesto Cubas en el mando.
Posteriormente, vencido Lavalle en Famaillá, el general Oribe destacó desde Tucumán al batallón de infantería denominado “Libertad”, fuerte de 500 hombres, al mando del coronel Maza, para que se pusiera a las órdenes del coronel Balboa que con fuertes divisiones de caballería de los departamentos tenía medio sitiado al gobernador Cubas, dueño solamente de los de la Capital, Valle Viejo, Piedra Blanca y Ambato.  Reunidos Balboa y Maza a media tarde del 28 de octubre de 1841 en la Merced de Paclín, llevando el primero 300 jinetes procedentes de la Sierra, Capayán y Pomán, conducidos por sus comandantes Facundo y Benigno Segura (fusilados el 6 de mayo de 1845 por su correligionario Santos Nieva y Castilla), Serapio Herrera, Mauricio Guzmán y Santiago Renterías.  El coronel Balboa tomó el mando de todas aquellas fuerzas en su carácter de gobernador de Catamarca y marchó sobre la capital después de dar orden que una columna de caballería a las órdenes de los hermanos Segura traspusiera la sierrita de Gracián por la cuesta del Cura y pasara a cuchillo a la guardia unitaria establecida en Piedra Blanca, lo cual se realizó cumplidamente.
Una partida de Cubas sintió la aproximación de los federales a distancia de legua y media de la ciudad, a eso de las tres de la mañana del día 29.  El jefe de la plaza, coronel Pascual Bailón Espeche, se alistó para la defensa tomando las disposiciones convenientes, disponiendo de 400 jinetes y 213 infantes, contando con las grandes guardias establecidas en el Valle Viejo y Piedra Blanca.
Las fuerzas unitarias se replegaron al Cabildo, dejando en la Chacarita 209 hombres al mando del comandante Delgadino, los cuales fueron exterminados y dispersados en las primeras luces de la aurora.
Balboa en el paso de Las Beatas, al amanecer dispuso la columna de ataque que debía entrar por la calle República, flanqueada en las calles San Martín y Esquiú por gruesas divisiones de caballería mandadas respectivamente por los coroneles Santos Nieva y Castilla y por Facundo Segura, de regreso ya de su misión en Piedra Blanca.
Iniciaban el paso del río del Valle las columnas federales cuando fueron hostilizadas por las guerrillas unitarias que hacían fuego en retirada.  El combate se formalizó en la esquina República y Salta, a una cuadra del Cabildo, mientras las columnas flanqueadoras de caballería abrían sus fuegos desde las esquinas Rivadavia y San Martín, Rivadavia y Esquiú, Sarmiento y República.  A las seis y media de la mañana los fuegos del Cabildo fueron apagados, iniciándose inmediatamente la matanza de los unitarios civiles y militares que podían ser capturados
Después de la ejecución de Cubas, Balboa asumió interinamente el mando de la provincia hasta que fue ésta pacificada, siendo entonces elegido el coronel Santos Nieva y Castilla hasta el 13 de diciembre de 1842 en que terminaba el período de Cubas.  El coronel Balboa en el mes de julio de este último año contribuyó a la derrota de los unitarios que habían invadido desde Chile y Antofagasta, a las órdenes de los coroneles Peñaloza, Sardina y Florentino Santos de León.
El 1º de diciembre de 1845 se sublevó contra el gobernador Nieva y Castilla con fuerzas del Oeste, y unido al coronel Mauricio Guzmán con tropas de Ancaste, cayeron sobre Catamarca y se apoderaron de la ciudad sin resistencia.  Balboa convocó a elecciones y fue elegido gobernador Manuel Navarro.  La Legislatura concedió al coronel Balboa una medalla de oro con el lema: “La provincia al ilustre federal y defensor del orden” (7 de enero de 1846).
El ya general Balboa, al frente de 600 infantes y jinetes, salió de Catamarca en junio de 1852 para reponer en el gobierno de Tucumán al general Celedonio Gutiérrez, el que fue repuesto en el mando.  El 11 de junio de 1854 el mismo general Balboa ordenó al propio Gutiérrez desocupara la provincia por disposición del gobernador Sinforiano Lascano.  El general Balboa falleció en 1857, en Belén, habiendo servido a su provincia desde 1821.  Su padre, siendo comandante de Belén, murió defendiendo la causa federal en la época de Juan Manuel de Rosas.
Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
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Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1938).
Se permite la reproducción citando la fuente: www.revisionistas.com.ar


sábado, 12 de septiembre de 2015

ENRIQUE MOSCONI

ENRIQUE MOSCONI




Enrique Carlos Alberto Mosconi, nació en Buenos Aires el 21 de febrero de 1877.  Es el primer vástago varón de un hogar donde ya hay dos niñas.  Su padre era un milanés, de profesión ingeniero, que viene a la Argentina contratado para construir ferrocarriles.  Aquí contrae enlace con Juana María Canavery (antigua familia porteña) cuyos dos hermanos, uno sacerdote –Tomás Onésimo- recibe en los Campos de Curupaytí las charreteras de teniente coronel, y el otro –Angel- acompaña a Roca en la Campaña al Desierto, retirándose con idéntico grado.
Antes de cumplir los dos años, su padre se traslada a Italia con toda la familia.  Allá inicia sus estudios, pero como consecuencia del fallecimiento de su madre, un amigo del padre lo trae a Buenos Aires, donde prosigue sus estudios en el Colegio San José.  Luego de dos años de bachillerato ingresa al Colegio Militar de la Nación (26 de mayo de 1891), de donde egresa –a los diecisiete años- con el grado de subteniente, como número uno del arma de infantería y con diploma de honor.
Con el grado de teniente primero es destinado al Estado Mayor del Ejército, desempeñando comisiones topográficas en la zona cordillerana de Mendoza y de estudio y proyecto de líneas férreas de Neuquén a Pino Hachado y de Perico a Orán, entre otras.
Inicia cursos en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires, obteniendo en 1903 el título de ingeniero civil, siendo reconocido como ingeniero militar en el año 1907, cuando alcanza el grado de mayor.
Se lo destina para viajar a Europa y allí se incorpora por dos años al Batallón de “Pioneros de Westphalia”, participando en las famosas maniobras imperiales.
Realiza varias comisiones en Europa y obtiene el título de ingeniero militar en la Academia Técnica de Prusia.  Como integrante de la Comisión de Compra de Armamentos en Europa, tuvo una actuación tan destacada que fue felicitado por su brillante desempeño y por las economías realizadas en beneficio de la Nación.
De regreso al país, en 1911 es designado segundo jefe del Batallón de Ingenieros 1, en Campo de Mayo.
Mosconi fue también precursor de la aeronáutica militar.  En 1912 –ascendido a teniente coronel- ocupó la dirección técnica de la Escuela de Aviación Militar, obteniendo durante su desempeño el brevet Nº 1 de aviador militar.
Viaja nuevamente a Europa para la adquisición de material y en 1913 participa de los Grandes Ejercicios Tácticos en la región del Elba.
A su regreso es nombrado Subdirector General de Arsenales de Guerra y hacia 1916, Director del Arsenal Esteban de Luca, donde ascendió a coronel el 31 de diciembre de 1917.
Desde 1920 y hasta octubre de 1922 se desempeñó como Director del Servicio Aeronáutico del Ejército, en la Escuela de Aviación Militar, con asiento en Palomar.
Mosconi y el petróleo
La obra desarrollada por el general Enrique Mosconi en sus 63 años de vida fue tan amplia y diversa que resulta difícil exponerla en pocas palabras.  De todas ellas hay una que sobresale con nitidez, por lo que significó para el futuro del país: la exploración, explotación, industrialización y nacionalización de nuestro petróleo.  Los aspectos más significativos de esta gigantesca obra se inician a partir de su designación como Director General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales en 1922, cuando impulsó la exploración de las áreas potencialmente ricas, su extracción, industrialización, almacenamiento y distribución del usuario.  De recibir una empresa incipiente, en 8 años la transformó en la más importante de Latinoamérica.
Durante ese lapso rompió con la dependencia que imponían los “trust” internacionales, tales como la Standard Oil y la West Indian Oil Co., filial de la primera nombrada.  A esta actividad, Mosconi la denominó “independencia integral” y lo impulsó a expresar: “Los grandes trust son organizaciones insaciables, difíciles de dominar una vez que han tomado de las tierras y se les ha acordado facultades y derechos”.
Afirmó también el general Mosconi: “dos organizaciones, la fiscal y la privada, no pueden coexistir, pues representan intereses antagónicos, destinados a vivir en una lucha de la cual sólo por excepción saldrá triunfante la organización estatista.  Para asegurar para nuestro país la riqueza petrolera debe encararse a fondo la cuestión, siendo ello imposible de lograr mientras el Estado no monopolice íntegramente la explotación de sus yacimientos”.
De una empresa deficitaria en 1922 pasó a dar dividendos positivos para el país a partir de 1923.  A tal punto que de una producción anual de 350.000 metros cúbicos logró un rendimiento de un millón.
En diciembre de1925 inaugura la destilería de La Plata, la más importante de Sudamérica, que inmediatamente entró a producir nafta, kerosene, fuel-oil y, a menos de cinco meses de su habilitación, comenzó la elaboración de nafta de aviación.  En 1929 rebaja el precio de la nafta y en 1930, antes de su renuncia, unifica el precio de dicho combustible en todo el país.
Como práctica empresaria y comercial definió que la explotación petrolera del país abarcara desde el estudio geológico previo a la explotación, la extracción, la refinación del producto en distintos derivados y su almacenamiento hasta la entrega al público consumidor.
Consecuente con su obra petrolera, creó polos de desarrollo en diferentes zonas del país, particularmente en nuestra Patagonia y en el noroeste argentino.  Así fue como nacieron localidades que llevan su nombre a las cuales el propio Mosconi se encargó de darle el mayor bienestar posible, tales como escuelas (primarias y de artes y oficios), hospitales, cooperativas de vivienda, clubes deportivos, centros productores de alimentos de primera necesidad (panaderías, etc.), farmacias, servicios médicos y odontológicos, comedores; baños públicos, etc.  En síntesis, una concepción y una obra destinada al bienestar del personal afectado a la explotación petrolera.
Lamentablemente la obra realizada por Mosconi, de norte a sur y de este a oeste del país, en la actualidad ha quedado desnaturalizada.  Pueblos enteros fueron desapareciendo por la migración de sus habitantes y el avance de la selva los fue devorando.
Otras obras
Participó, en el marco de una comisión de estudio, en el trazado del Ferrocarril Central Norte, entre Ledesma y Orán y en el tendido de líneas de Perico a Ledesma.
Diseñó los cuarteles del actual Regimiento de Infantería Mecanizado 24 “Gral. Jerónimo Costa” (Río Gallegos) y otras instalaciones, como las que ocupa actualmente el Regimiento de Granaderos a Caballo.
Después de haber realizado estudios en Europa (Italia, Bélgica y Alemania) a partir del proyecto y adquisición posterior de una usina alimentada con “gas pobre”, se logró su instalación en Campo de Mayo, que funcionó hasta 1960.
En 1931 el presidente Agustín P. Justo lo designa Director de Esgrima y Tiro del Ejército, que no era otra cosa que un demérito encubierto, mediante el cual quedaba relegado a un papel meramente protocolar.
En 1933 sufre un ataque de hemiplejía que soportó a lo largo de siete años.  El 31 de diciembre de ese mismo año fue retirado del servicio activo del Ejército con el grado de general de división.  Ya retirado de su vida profesional y pública y mientras libraba una dura batalla por su vida, testimonió su obra al servicio del país en su libro “El Petróleo Argentino – 1922-1930”.
Condenado al ostracismo político, pobre e inválido Enrique Mosconi fallece el 4 de junio de 1940.
En su cuenta personal del banco de la Provincia de Buenos Aires, tenía un saldo de $ 9,90 y la casa, que compartía con sus dos hermanas en la calle Aráoz 2592, adquirida con un préstamo del Banco Hipotecario Nacional, se encontraba hipotecada por falta de pago de cuotas.
De todas las virtudes que adornaron la personalidad del general Mosconi hay una que no se puede dejar de ponderar, aún a costa de ser reiterativos: su gran honestidad, a punto tal de negarse a cobrar el sueldo que le correspondía por su gestión como Presidente de YPF.  Su salario como militar lo consideraba suficiente.
Cuando dejó su cargo, al despedirse expresó: “Me hago un deber expresar en esta oportunidad que esta casa ha sido de cristal y que ellos (sus cristales) jamás han sido empañados durante mi presidencia”.  También agregó: “Es bueno vitorear a la patria pero mejor es ayudarla a vivir, contribuyendo a su engrandecimiento, progreso y bienestar”.
Fue un varón ilustre, su vida rompe los moldes comunes para transformarse en un ejemplo.  No admite fáciles elogios sino que exige penetrar en los rasgos que hicieron de él un destacado militar, un creador vigoroso y un acendrado patriota.
Fuente
Corbière, Emilio J. – Enrique Mosconi y la defensa de YPF, (2008).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
Gassino, Tte. Grl. Francisco E. – General de División Enrique C. A. Mosconi – Revista Militar, Buenos Aires (2001).
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Senen González, Santiago y Bosoer, Fabián – El desarrollo de la industria petroquímica.
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PERITO FRANCISCO PASCASIO MORENO

PERITO FRANCISCO PASCASIO MORENO


Nació en Buenos Aires el 31 de mayo de 1852.  Su padre, Francisco Facundo había regresado a esta ciudad en 1852, después de permanecer siete años en Montevideo como exiliado.  Su madre fue Juana Thwaites, de ascendencia inglesa, fallecida prematuramente en 1867, a consecuencia de la epidemia de cólera que azotó Buenos Aires.
Francisco Pascasio era el mayor de cinco hermanos, dos mujeres y tres varones.  Nace y vive sus primeros años en una casa ubicada en Paseo Colón y Venezuela; en 1866 la familia se traslada a una residencia situada en una esquina de las calles Piedad (hoy Bartolomé Mitre) y Uruguay.  Aquí permanece durante varios años, y en ella tiene lugar la fundación de su primer museo, ubicado en el mirador de la misma.
Adolescente ya, a los catorce años, recorría los terrenos de Palermo y las barrancas del Río de la Plata recogiendo piezas para sus colecciones.
Entre 1863 y 1866 concurre, junto con sus dos hermanos, al Colegio San José, como interno.  Durante este período, según Moreno, “aumentó mucho mi propio bagaje de ensueños”.  Escuchaba con atención los relatos que desde el púlpito hacía el hermano celador, referente a los viajes y penurias de algún misionero en lejanos países salvajes, lo que sumado a sus lecturas de las extraordinarias aventuras de Livingstone y del intrépido navegante inglés John Franklin, dieron más vuelo a sus infantiles lucubraciones.
Otros acontecimientos que tuvieron lugar durante esta época le impresionaron mucho.  Así dice Moreno sobre la Guerra de la Triple Alianza: “fueron impresiones de la infancia que quedaron grabadas con buril profundo (…) no olvido los veteranos del 6º de Línea volviendo al descanso momentáneo al son de la música inmortal…”.
En 1866 se produce el cambio de colegio; su padre, con el propósito de que sus hijos adquirieran un conocimiento más vasto, los inscribe en el Colegio Catedral del Norte (1).  Su Director Monsieur Chanalet, gozaba de particular predicamento por la orientación y nivel que había sabido imprimir a la enseñanza.
En julio de 1867, un domingo su padre llevó a Francisco y sus dos hermanos a pasear cerca del río.  Al descubrir montículos de pedregullo dejados por el río Uruguay, quedaron asombrados, y de inmediato se dedicaron a seleccionar jaspes y piedras de variados colores, con los cuales llenaron sus bolsillos.  Allí mismo, Moreno y sus hermanos abordaron al padre obteniendo su consentimiento para llevarlos a su casa e instalarlos en el mirador de la misma, que así se convertiría en “su primer museo”.  La fecha de este hecho anecdótico fue considerada por Moreno como la de “iniciación de su museo”, según lo expresa en una carta dirigida al general Bartolomé Mitre en 1892.
En el año1867, se produce un hecho trascendente para el futuro del museo y la obra de Moreno: los tres hermanos se arman de coraje y deciden visitar al director del Museo Público de Buenos Aires, el paleontólogo alemán Germán Burmeister (1807-1892), arribado al país en los primeros años de la década del sesenta para hacerse cargo del al dirección del Museo.
Moreno y sus hermanos quedaron asombrados por el amable recibimiento y el interés demostrado por sus colecciones.  Posteriormente los acompañó en un recorrido por las salas del Museo.  Prometió visitarlos, y así lo hizo en forma casi inmediata.
Las colecciones van aumentando en forma acelerada y el museo deja de ser un juego de niños.  Surgen discrepancias entre los tres hermanos con respecto a su futuro.  Josué y Eduardo sentían gran atracción por la filatelia, razón por la cual querían enriquecer la colección de estampillas.  Pancho (ese era el apodo de Francisco Pascasio) en cambio, insistía en dedicar los esfuerzos hacia las ciencias naturales.  Como no pudieron llegar a un acuerdo, Josué decidió separarse y vender su parte en trescientos pesos, pagaderos en mensualidades.  Más tarde lo haría Eduardo, por lo que el 9 de agosto de 1868, a los dieciséis años, Pancho quedó como Director y único dueño del Museo al que llamó “Museo Moreno”.
La bondadosa atención que siempre le dispensó el Dr. Burmeister, se transforma con el tiempo en una sólida amistad, a pesar de la diferencia de edades.  Para estimular su vocación bautizó una especie fósil con el nombre de “Dasypus moreni”.
Al producirse la epidemia de fiebre amarilla en 1871, la familia Moreno establece su residencia en la casa de un pariente en Chascomús.  Desaparecido el peligro retorna a Buenos Aires con el precioso cargamento de piezas que Francisco recogió en la zona.
Posteriormente su padre adquiere una propiedad en Parque de los Patricios, una quinta formada por varias manzanas. (2)  Allí fue donde Moreno, al cumplir veinte años, recibe un magnífico regalo: una construcción para “su museo”, constituida por dos salas.
Movido por el afán de aumentar sus colecciones, comienza a efectuar exploraciones en lugares cercanos: riberas del Río de la Plata, laguna Vitel (partido de Chascomús) y en 1873, su primer viaje al Sur, hasta Carmen de Patagones.
Se despierta entonces su interés por la Patagonia, que se convertiría en el objetivo fundamental de su accionar futuro.  Advierte, además, cuando sólo tenía veinte años, la necesidad de conocer y estudiar a fondo su geografía para así adquirir conocimientos indispensables que permitieran determinar, científicamente, los límites entre nuestro país y Chile, evitando peligrosas situaciones conflictivas.
En abril de 1873 Moreno llega a Carmen de Patagones, donde es recibido con todos los honores por un amigo suyo, comerciante, que actúa como un verdadero cicerone.  Al cabo de un mes, consiguió reunir una colección de más de setenta cráneos, mil flechas y puntas de lanzas y otros sílex tallados, con los cuales regresó para clasificarlos y acomodarlos en su museo.
Para apreciar la magnitud de esta empresa, realizada poco antes de cumplir veintiún años, hay que situarse en la época.  El ferrocarril entonces llegaba hasta Las Flores, y la enorme distancia entre este lugar y Carmen de Patagones (aproximadamente 1.000 kilómetros) debía ser cubierta en galera y a caballo, sorteando enormes peligros, como el de la acechanza de los indios.  Solamente dos poblaciones existían en su trayecto: una, Bahía Blanca, que entonces tenía una reducidísima población, y Carmen de Patagones, fundada en 1779 por Antonio de Viedma, que era, con su fortín de avanzada, el vigía nacional de estas desoladas tierras.
Con este viaje termina una etapa de la vida de Moreno –la de su niñez y adolescencia- para comenzar la de sus exploraciones personales realizadas entre 1874 y 1880.
Moreno, como explorador, demostró poseer aptitudes sobresalientes: coraje y audacia, sostenidos por una gran resistencia física.  No en vano se ganó el respeto y admiración de los indios –a quien él también respetó y admiró en algunos aspectos- que lo calificaron como “Huinca” (cristiano), “Toro Moreno” o “Valiente Moreno”, máximos calificativos ponderativos usados por ellos.  Además, la heroicidad que exhibía al dar cuenta sin pestañar de los manjares indígenas, constituidos por carnes crudas de diverso origen y otros alimentos sazonados con sangre caliente de yegua, contribuyeron a conquistar la simpatía y amistad de los aborígenes.
Cuatro fueron las exploraciones realizadas durante ese período:
I. A Santa Cruz, hasta la desembocadura del río del mismo nombre. 
Duración: Cuatro meses; agosto a diciembre de 1874.
Objetivos: A raíz de los conflictos surgidos en el sur de nuestro país en la región limítrofe con Chile, el Gobierno resolvió constituir una Comisión Especial para que explorara las tierras inmediatas a la bahía de Santa Cruz y elaborara un informe sobre al situación existente.  Además de estos objetivos Moreno se propuso realizar excavaciones en búsqueda de materiales de estudio para aumentar las colecciones de su museo.
II. Primer viaje al lago Nahuel Huapi.
Duración: Aproximadamente seis meses; 25 de setiembre de 1875 al 11 de marzo de 1876.
Objetivos: Llegar al lago Nahuel Huapi, hacer su reconocimiento, y encontrar un paso en la cordillera que permitiera el acceso a la ciudad chilena de Valdivia
III. A Santa Cruz, remontando el río hasta sus nacientes (Lago Argentino).
Duración: Aproximadamente siete meses; 20 de octubre de 1876 al 8 de mayo de 1877.
Objetivos: Llegar a las nacientes del río Santa Cruz, “…problema aún no resuelto completamente, averiguar la verdadera situación de la Cordillera en la zona del Estrecho de Magallanes y confirmar los derechos argentinos en las tierras ubicadas al oriente de los Andes”.
IV. Segundo viaje al lago Nahuel Huapi.
Duración: Aproximadamente cinco meses; octubre de 1879 al 11 de marzo de 1880.
Objetivos: Exploración de los territorios australes bañados por el océano Atlántico.
En 1880 Moreno viaja a Europa donde permanece un año, circunstancia que aprovecha para visitar museos de primer nivel e interiorizarse de aspectos relacionados con la organización de los mismos.
Al volver a su país, continuó con sus exploraciones en las provincias argentinas con el objeto de incrementar las colecciones del Museo Antropológico y Arqueológico de la Provincia de Buenos Aires, del cual era su Director.  En particular recorrió regiones andinas en las provincias de Cuyo donde el trazado del límite determinado por el tratado firmado en 1881 podría dar lugar a dificultades.  Esta serie de viajes concluye en 1884.
Además, en su calidad de miembro de la Comisión Especial encargada de la construcción de edificios públicos para la nueva capital de la Provincia, tuvo ocasión de comenzar los primeros estudios relacionados con la ubicación del futuro museo.
Entre 1880 y 1910 se sucedieron cinco períodos presidenciales, de los cuales tres fueron completados por los vicepresidentes respectivos, a causa de renuncia o fallecimiento del titular.  Durante este lapso dos revoluciones civiles (1890 y 1893), una profunda crisis económica en 1890, y las cuestiones limítrofes con Chile que hicieron temer por un conflicto armado, fueron causas de disturbios que entorpecieron el desarrollo de actividades.
No obstante, la capacidad de acción y la constancia de Moreno permitieron que las metas fijadas se alcanzaran ordenadamente y en forma plena.  Y se fueron encadenando y ensamblando de tal manera que cada una sirvió de apoyo para continuar con la otra.
Así, el museo, nacido al impulso de su interés de coleccionista, va enriqueciendo su patrimonio con las exploraciones.  Estas, y su amor por la naturaleza, lo llevan al reconocimiento del territorio patagónico para lograr su integración al país.  Y, al mismo tiempo, los estudios geográficos y científicos que realiza han de constituir una base firme para la determinación de los límites naturales de la región cordillerana entre nuestro país y Chile.
En 1880 se federaliza la ciudad de Buenos Aires y el 19 de noviembre de 1882 se funda La Plata, capital de la Provincia.  Recién en abril de 1884, las autoridades de la Provincia pueden instalarse en la flamante capital, y en julio las colecciones del Museo Antropológico y Arqueológico (integradas por las piezas que Moreno donó y que correspondían a su colección particular) se trasladan a La Plata, y se ubican en diversos locales provisionales, principalmente en la planta alta del Banco Hipotecario que, en 1906, fue sede de las autoridades de la Universidad Nacional de La Plata.
El 17 de setiembre de 1884, por decreto del gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Carlos D’Amico, se funda el Museo de la Plata, al que se incorpora después el Museo Antropológico y Arqueológico de Buenos Aires, y Moreno es designado Director de la nueva institución.
El Departamento de Ingenieros contemplaba una ubicación céntrica del Museo, y fue Moreno quien sugirió se abandonara esta idea y se lo emplazara en el Paseo del Bosque.
En 1884, el arquitecto Henrik G. A. Aberg asumió la tarea de la construcción del edificio del Museo.  Aberg, nacido en Suecia, se había radicado en el país en 1869, cuando tenía veintiocho años de edad.  Para la realización de la obra se asoció con el ingeniero alemán Carl L. W. Heynemann.
La construcción del edificio comienza en octubre de 1884; en 1887 algunas secciones fueron habilitadas al público y el 19 de noviembre de 1888 se inaugura oficialmente.
Por falta de presupuesto el edificio construido no estuvo de acuerdo con el plano original firmado por Aberg y Heynemann, integrado por un conjunto de tres edificios, de los cuales se terminó uno solamente.  Los dos cuerpos restantes jamás se construyeron.
Moreno se desempeñó como Director del Museo de la Plata desde 1884 hasta 1906, fecha de su renuncia.  Durante siete años de esta etapa (1896-1903), simultáneamente ocupó el cargo de Perito Argentino.
Durante el período que le tocó actuar, se realizaron exploraciones por diferentes regiones del país, en las que participaron técnicos y especialistas bajo su dirección. La más importante de todas se llevó a cabo entre enero y junio de 1896.  El programa de la misma comprendía “el reconocimiento geográfico y geológico (…) de la zona inmediata a los Andes y de la parte oriental de éstos comprendida entre San Rafael (Mendoza) y el lago de Buenos Aires (territorio de Santa Cruz)”.
Se puso en marcha con más de veinte personas competentes del Museo a principios de 1896.  Los trabajos asignados a las distintas comisiones fueron cuidadosamente planificados y, además, transmitidos con precisas instrucciones a todos los integrantes de los grupos de exploración del Museo de la Plata.
Riccardi, en su libro (3), sintetiza así el contenido y la importancia de esta extraordinaria exploración:
“Moreno orientó las actividades de la institución hacia la defensa de los intereses argentinos, y con el eficaz asesoramiento del ingeniero Enrique Delachaux efectuó una obra que hoy día llena de asombro a cualquiera que haya recorrido la región cordillerana limítrofe entre Argentina y Chile.
“Baste señalar que la expedición realizada por Moreno entre enero y junio de 1896 sirvió para el reconocimiento de un área de 170.000 km2 entre San Rafael y lago Buenos Aires con vistas a elaborar un plano en escala 1:400.000.  En ella se recorrieron 7.155 kilómetros a caballo, se determinaron 3 longitudes, 328 latitudes y 201 azimutes; se hicieron 360 estaciones con teodolito y 180 con brújula prismática; se realizaron 1.072 estaciones barométricas y 271 estaciones trigonométricas de altura; se tomaron 960 clichés fotográficos y 6.250 muestras de rocas y fósiles; y se confeccionó el primer plano preliminar del lago Nahuel Huapi y del Valle 16 de Octubre.
“Producto de esta misma expedición fue la propuesta de Moreno para que se construyera una red de líneas ferroviarias que uniera el Atlántico con la cordillera, propuesta que serviría de fundamento al proyecto que años después presentaría al Congreso de la Nación el Dr. Ezequiel Ramos Mejía, y que Moreno defendería desde su banca de diputado”.
En 1896 Moreno decide aceptar el cargo de Perito Argentino a fin de colaborar en la solución de los problemas limítrofes con Chile.  Sus amplios conocimientos de la zona en litigio, su perseverancia y capacidad de acción le permitieron sobrellevar con éxito tan difícil gestión.  Además, a sus ya reconocidas cualidades agregó la de una insólita habilidad diplomática exhibida oportunamente en situaciones muy delicadas que amenazaban hacer fracasar los acuerdos perseguidos.
Sobre su acción, ningún juicio más categórico que el del Jefe de la Comisión Arbitral, coronel Thomas Holdich, que en carta dirigida a Moreno en agosto de 1902 dijo: “He afirmado repetidamente que todo lo que obtenga el gobierno argentino al oeste de la división de aguas continentales de deberá, exclusivamente, a usted”.
Algunos meses después de ocupar el cargo de perito, Moreno se trasladó a Santiago de Chile.  Cruzó la Cordillera, a principios de 1897, junto con su esposa y sus cuatro hijos, a lomo de mula, acompañado por su amigo y Secretario de la Comisión, Clemente Onelli.  Inmediatamente comenzó a desarrollar intensas gestiones, reuniones con diplomáticos y asesores del gobierno chileno, para intercambiar opiniones y allanar el camino para las futuras negociaciones.
A poco de llegar, su esposa, María Ana Varela, contrajo fiebre tifoidea; luego de casi cincuenta días de enfermedad, y cuando su recuperación parecía segura, murió víctima de una sorpresiva complicación el 1º de junio de 1897.  Era hija de Rufino Varela, funcionario y periodista, y de Josefa Wright.  Su abuelo fue el poeta y escritor Florencio Varela.  Moreno contrajo matrimonio el 14 de junio de 1885; ella tenía entonces diecisiete años y él treinta y tres. 
El matrimonio tuvo cuatro hijos: Francisco José (1886), Juana María (1888), Eduardo Vicente (1890) y Florencio (1891).
Después de acompañar el traslado en vapor de los restos de su esposa a Buenos Aires, en julio de 1897, regresa a Santiago de Chile.
Por gestión de Moreno ante el presidente chileno, Dr. Errázuriz, con quien mantenía excelentes relaciones, se produce la entrevista entre dicho presidente y el general Roca, que en pocos meses debía asumir la presidencia de la Argentina.  Dicha reunión tuvo lugar el 15 de febrero de 1899 en el Estrecho de Magallanes, a bordo del buque insignia O’Higgins, que simbolizó un gesto amistoso y un pacto tácito de buena voluntad entre las dos naciones.  Sus presidentes acordaron dar corte a la cuestión limítrofe, en especial a la demarcación de la Puna de Atacama, donde la divergencia era más profunda.
Como resultado inmediato de esta reunión cumbre, dieron comienzo en Londres las deliberaciones entre diplomáticos argentinos y chilenos, y miembros del Gobierno británico, en su calidad de árbitro del litigio limítrofe.  Moreno, que se había trasladado a Londres junto con sus cuatro hijos en enero de 1899, actuó, en las reuniones celebradas, como asesor geográfico del ministro argentino.
En el transcurso de este año establece contactos con la Sociedad Real de Geografía.  Es invitado a pronunciar una conferencia, que tiene lugar en mayo, cuyo texto fue leído, en inglés, por el Mayor Darwin, Secretario Honorario de la Sociedad e hijo de Charles Darwin.
En 1900 Moreno reside prácticamente en Londres, y allí sus hijos concurren a la escuela.  En 1901 regresa a Buenos Aires con tres de sus hijos; el mayor se queda en Londres donde estudia pintura.
Este mismo año llega a Buenos Aires el coronel sir Thomas Holdich, geógrafo de reconocido prestigio, designado Comisionado por el Gobierno británico para actuar en representación del Tribunal Arbitral en el reconocimiento de la zona en litigio.  Casi de inmediato da comienzo a sus tareas de exploración.  Durante tres meses, acompañando a los integrantes de las comisiones argentina y chilena, recorrió la extensa región andina comprendida entre el lago Lácar y el seno de Ultima Esperanza.  El coronel Holdich dejó constancia –públicamente y en documentos oficiales- que este emprendimiento se concretó con éxito gracias a la invalorable ayuda del Perito Moreno.
Terminadas las tareas preliminares de reconocimiento, el Comisionado británico regresó a Londres para elevar su informe al Tribunal Superior.  Moreno, que no quiso perder pisada a estos trabajos, le acompaña en este viaje.
El 20 de noviembre de 1902, el rey Eduardo VII firmó el laudo arbitral, y poco después los miembros de la Comisión británica, acompañados por Moreno y su secretario, Clemente Onelli, se embarcaron con destino a Buenos Aires, donde llegan el 27 de diciembre.
Poco después de este arribo, que dio lugar a una recepción apoteósica según los comentarios periodísticos, se organizaron las comisiones –cinco en total- que en enero de 1903 comenzaron las actividades en la alta cordillera.  Los distintos grupos contaron con el apoyo del incansable Moreno.
Con estos últimos trabajos se confeccionó el documento decisivo, que significó para la Argentina la incorporación de 42.000 km2 de tierras que el perito chileno había atribuido a su país.  Entre ellas se encontraban importantes zonas, tales como, la cuenca del lago Lácar y la Colonia 16 de Octubre.
Concluida la colocación de los hitos, Moreno regresó a Buenos Aires donde siguió recibiendo el agradecimiento de todo el país.  Volvió al Museo de La Plata, pero dejó de vivir allí, y se trasladó a la Quinta Moreno, en Parque de los Patricios, junto a sus tres hijos.  Sigue cumpliendo con sus funciones como Director del Museo hasta 1906, año en que renuncia cuando esta institución pasa a formar parte de la flamante Universidad Nacional de La Plata.
A fines de 1905 nace la primera Escuela Patria, así bautizada por Moreno, inspirada y dirigida por él, donde, además de impartir las primeras enseñanzas, se da de comer a niños indigentes.  Posteriormente, sobre la base de la fundada por Moreno se crean las Escuelas Patrias del Patronato de la Infancia.
En los primeros días de 1904 Moreno recibe una nota firmada por el Presidente y el Secretario de la segunda circunscripción electoral de la Capital Federal, parroquia de San Cristóbal.  En la misma se expresa que los vecinos de la localidad han resuelto sostener, el los próximos comicios, su candidatura para el cargo de Diputado, pues consideran que su incorporación al Cuerpo Legislativo será beneficiosa para los intereses generales nacionales y, en particular, para los de esta sección electoral.  Casi de inmediato, el 15 de febrero, Moreno envía su respuesta por carta donde agradece la confianza dispensada por sus vecinos y acepta la candidatura ofrecida.
Cuando Moreno recibe esta propuesta era Director del Museo de La Plata, cargo al que renunció en marzo de 1906.
Se incorpora a la Cámara de Diputados de la Nación en 1910, ocupando su banca desde el 5 de mayo de ese año hasta el 14 de marzo de 1913, durante el período presidencial de Roque Sáenz Peña, y presenta su renuncia en marzo de 1914, al ser propuesto para ocupar el cargo de Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación.  Consideró entonces que éticamente no podía desempeñar ambas funciones simultáneamente, y opta por la del Consejo Nacional de Educación.
Como Diputado, no obstante su corta actuación, dejó el sello inconfundible de su personalidad: la de un hombre de acción vigorosa, animado por un idealismo puro que sustentó desde su juventud.
El 3 de julio de 1903 se sancionó la Ley Nº 4192, cuyo artículo 1º establece: “Acordar al señor Francisco P. Moreno (…) como recompensa extraordinaria por sus servicios y en mérito a que durante veintidós años ellos han sido de carácter gratuito, la propiedad de veinticinco leguas de campos fiscales, en el territorio del Neuquén…”.
En noviembre del mismo año, Moreno hace una donación al Gobierno de la Nación, de tres leguas cuadradas ubicadas al oeste del lago Nahuel Huapi, con el fin de que sean conservadas como parque natural.
Por decreto del Presidente de la República del 1º de febrero de 1904, se aceptó el ofrecimiento, “reservándose la zona determinada como Parque Nacional, (…) sin que en ella pueda hacerse concesión alguna a particulares”.
Esta donación fue el origen del primer parque nacional de la Argentina, constituyéndose nuestro país, después de los Estados Unidos de América y de Canadá, en el tercero del mundo que adoptó similar decisión en defensa de sus reservas naturales.
Otro acontecimiento extraordinario, de repercusión mundial, en el cual Moreno tuvo una decisiva participación, fue el salvamento realizado en 1903 por un buque argentino a los tripulantes de dos expediciones, una sueca y otra noruega, que quedaron aprisionadas en los hielos de la Antártida.
Moreno fue también un entusiasta partidario de que la Argentina se hiciera presente en la Antártida, y en ese aspecto le correspondió una participación activa en la instalación de la primera estafeta postal y oficina meteorológica, en enero de 1904, en las Islas Orcadas del Sur.
Fue integrante de la Comisión Nacional del Centenario, que en 1906 resolvió abrir un concurso para la ejecución de un monumento en homenaje a la Revolución de Mayo, que nunca llegó a concretarse.  Años más tarde, en 1912, Moreno fue designado por el Gobernador de Mendoza miembro de una Comisión encargada de proponer el lugar más apropiado para levantar un monumento a San Martín.  En principio se pensó en un lugar céntrico, pero él no estuvo de acuerdo y sostuvo que lo más adecuado era erigirlo en un sitio menos accesible donde, quienes lo visitaran, llevaran como única finalidad la de contemplarlo.  Y sugiere que su emplazamiento se efectúe en el llamado Cerro de Pilar, nombre que propone sea cambiado por el de Cerro de la Gloria.  Sus propuestas, aceptadas por la Comisión, fueron elevadas a las autoridades superiores.
En una reunión que tiene lugar en su casa de la calle Caseros 2841 que se realiza el 4 de julio de 1912, se resuelve la fundación de la Asociación de Boys Scouts Argentinos, designándose como Presidente al Dr. Francisco Pascasio Moreno.  Continuó presidiendo el Comité Ejecutivo hasta 1916.  En 1917 el presidente de la República, Dr. Hipólito Yrigoyen consideró a esta institución como un Bien Nacional.
En 1913, cuando Moreno era Vicepresidente del Consejo Nacional de Educación, nuestro país recibió la visita del ex presidente de los Estados Unidos de América, Teodoro Roosevelt.  Este, a su llegada expresó el deseo de encontrarse con Moreno.  Nuestro gobierno decidió, con el acuerdo del Perito, designarlo acompañante oficial.
El encuentro tuvo lugar en el paso Pérez Rosales, uno de los lugares más bellos de la zona andina de los lagos.  En esta región, al encontrarse Moreno con viejos amigos, manifiesta a éstos el deseo de que los indios vecinos acudieran en masa a orillas del lago Nahuel Huapi para saludar al ilustre visitante norteamericano.
Habían transcurrido ya más de treinta años desde que llegó por primera vez al lago Nahuel Huapi, por lo que pocos debían ser los indios que quedaban de aquella época.  Sin embargo, su nombre continuaba siendo familiar en las tribus, ya que durante su función como Perito Argentino en más de una ocasión recorrió estas regiones.
Los indios finalmente concurrieron en masa a la cita; sus voces –al grito de “¡Tapago!”, nombre con el que se lo apodaba a Moreno- resonaron en el ámbito del lago.  Cuentan las crónicas de la época que Teodoro Roosevelt quedó atónito ante tan insólita manifestación y, contagiado por el entusiasmo sumó su vos al coro de los indios.
En el transcurso de su existencia, sus recursos propios fueron disminuyendo sistemáticamente.  Tanto sus viajes de exploración, como la formación y desarrollo del Museo de La Plata, contaron, cuando se presentaban situaciones económicas difíciles de superar, con su desinteresado –y anónimo- apoyo.
El último de ellos terminó con la liquidación total de sus bienes.  Tuvo lugar cuando, para proseguir su obra de asistencia a niños pobres de barrios vecinos, resuelve levantar en su quinta una construcción destinada a brindar comida e instrucción primaria a más de doscientos niños por día.
No vacila en financiar tan ambicioso proyecto con la venta de las diecisiete leguas cuadradas que le restaban de las que le fueron donadas por el Gobierno de la Nación, y de las cuales ya había cedido una parte para el parque nacional.
A mediados de 1912, como consecuencia de la tramitación de la sucesión de su padre, comenzó la subdivisión de la quinta de Parque de los Patricios.  Así se produce la pérdida de su casa solariega.  Imperioso era trasladarse, y las mudanzas se fueron repitiendo una tras otra.  La primera, en Caseros 2841; más tarde, en 1914, en la casa de su hija, Juana María Moreno de Gowland, y la última, en una vivienda por demás modesta, ubicada en Charcas al 3400.  También temporariamente, en búsqueda de aires más sanos, estuvo en un campo de San Luis, donde vivía uno de sus hijos.
A fines de 1914 su salud experimentó una recaída.  Pero no obstante sus padecimientos, sigue con atención los acontecimientos de la época.
El 20 de noviembre de 1919 en la escuela de Barracas, que dirige la señora Sara Abraham, se celebra el fin del año lectivo.  Desde luego, Moreno, protector de la escuela, figura entre los invitados.  En las fotografías tomadas en esa ocasión puede advertirse cansancio y tristeza en su mirada.  La señora Abraham conversa animadamente con Moreno, invitándolo a participar, el domingo, de una excursión con alumnos de la escuela por el Delta, que se realizará en su conocido vapor “Vigilante”, el mismo que en 1879 le fuera asignado por el Gobierno para una exploración por los territorios del Sur.  Moreno, complacido, acepta su invitación: “el domingo –dice-, aquí estaré presente”.  Pero no pudo cumplir, la muerte lo sorprendió un día antes, el 22 de noviembre de 1919.  El deceso fue provocado por una angina de pecho.
La noticia de su fallecimiento se expandió rápidamente en la ciudad, y numerosos amigos, entre ellos muchos científicos, acudieron a la casa mortuoria para rendirle postrer homenaje de respeto y admiración a tan ilustre ciudadano, aunque por parte de las autoridades oficiales hubo un vacío inconcebible.  El Poder Ejecutivo no dictó decreto alguno con motivo del fallecimiento, ni hubo honores de carácter oficial.
El día del sepelio en el cementerio de la Recoleta, una numerosa concurrencia de público aguardaba la llegada del cortejo fúnebre.  Entre la misma había representantes de entidades científicas, amigos y colegas del Museo de La Plata, destacándose la gran cantidad de niños y damas de los círculos dependientes de los Consejos Escolares, de los cuales había sido principal animador y benefactor de su obra.
El 22 de agosto de 1934, el presidente de la Nación, general Agustín P. Justo envía a la Cámara de Diputados un proyecto de ley para erigir un mausoleo a la memoria de Francisco P. Moreno en el Parque Nacional Nahuel Huapi.  El proyecto fue aprobado por unanimidad, pero permaneció olvidado por muchos años.  Finalmente la obra fue concluida en diciembre de 1943 y el 14 de enero de 1944 se decreta el traslado de los restos desde el cementerio de la Recoleta hasta San Carlos de Bariloche, donde serán alojados en el mausoleo de la isla Centinela, inaugurándose en tal oportunidad la estatua erigida a su memoria.
En Bariloche sus restos son trasladados en una cureña hasta la Municipalidad, donde estaba instalada la capilla ardiente.  A su paso, tropas del ejército le rinden honores.  El 22 de enero soldados llevan el ataúd, cubierto con la bandera argentina y los ponchos de Shaihueque, Pincén y Catriel, hasta el barco Modesta Victoria, que lo transporta al el mausoleo de la isla Centinela.
Referencias
(1) Actual escuela “José Manuel Estrada”, Reconquista 461, Buenos Aires
(2) La quinta estaba delimitada por las actuales calles Brasil-Catamarca-Caseros-y Deán Funes.  El frente del edificio destinado al museo, de clásico estilo helénico, era similar al que fuera adoptado por Moreno para el Museo de La Plata.  Constaba de un salón de 10 m por 15m, destinado a las colecciones, y una habitación de 5 m por 10 m para la instalación de un laboratorio y la biblioteca.  Moreno siguió viviendo en la quinta hasta 1912, año en que la propiedad se subdivide por la sucesión de su padre.  Hoy en la manzana de la quinta familiar se levanta el edificio del Instituto Félix Fernando Bernasconi.
(3) Riccardi, A. C. – Las ideas y la obra de Francisco P. Moreno – La Plata (1989).
Fuente
Fasano, Héctor L. – Perito Francisco Pascasio Moreno, Un Héroe Civil – La Plata (2003)
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